11 marzo, 2013

Un siglo a la vanguardia del arte

Por muy feria contemporánea que sea, nadie hizo amago de rechazar el champán. Sirvió para inaugurar el Armory Show, feria de arte moderno y contemporáneo celebrada desde hace 15 años en las naves del embarcadero del río Hudson. Una cita para la comunidad artística que corre en paralelo con la muestra organizada por la Asociación de Marchantes de América (ADAA) en el Upper East Side; con el desembarco de 55 galerías reunidas en la feria Scope en el antiguo edificio de correos en las inmediaciones de Penn Station; y con la propuesta de Volta NY en el Soho y su exposición de más de 95 galerías, concentradas cada una en un solo artista.

Charlas, proyecciones, jornadas de puertas abiertas en estudios y paseos guiados completan la abigarrada agenda para los próximos días en Nueva York, que el alcalde Michael Bloomberg calificó como “muy divertida y buena para la economía” durante el acto de presentación. Los cálculos oficiales cifran en cerca de 60.000 el número de visitantes que estas actividades atraerán a la ciudad y en 38 millones de euros las ganancias que reportarán.

El reconocimiento del mercado del arte como un notable motor económico va acompañado en la presente edición del Armory del homenaje a la llegada de las vanguardias artísticas a esta ciudad en 1913 —y que tan buenos resultados han dado desde entonces— con la mítica y controvertida exposición, de la que esta feria tomó prestado el nombre. Descrita como inmoral, demencial y anárquica por los críticos más conservadores, aquella primera y única exposición montada por la Asociación de Pintores y Escultores Americanos (AAPS) celebrada en un Armory (antigua armería ubicada en la avenida Lexington) reunió más de 1.200 obras de arte de cerca de 300 artistas tanto europeos como americanos. Tardaron un año en organizarla, pero un siglo después aún sigue en la conversación, hoy casi como una marca registrada.

En aquella exposición se mostraron por primera vez en Estados Unidos el trabajo de vanguardistas como Brancusi, Kandinsky, Picasso, Duchamp y Matisse, entre otros, que atrajeron a medio millón de visitantes a la sede de Nueva York, antes de su itinerancia a Chicago y Boston. Aunque el Metropolitan compró entonces el primer cuadro de Cézanne que entró en su colección, el revuelo que las obras provocaron, especialmente el cuadro cubista de Duchamp Desnudo descendiendo una escalera, no dejaron a nadie indiferente. Incluso el presidente Theodore Roosevelt cargó contra los “extremistas europeos” y su postura “lunática”.

El fenómeno de multiplicación de ferias de arte por todo el mundo y, más concretamente en Nueva York, el desembarco y fenomenal éxito de Frieze en Randall’s Island el año pasado plantean un importante reto al Armory. “Cuando esta feria arrancó los galeristas íbamos a una o dos muestras al año. Hoy como mínimo acudes a cinco”, señala el galerista neoyorquino Edward Tyler Nahem, que ha optado por no participar en esta cita con un estand. “Las ferias se han convertido en la última década en un pilar fundamental para el arte, como en un gran almacén, en ellas encuentras de todo. La gente pasea mucho menos por las galerías, adonde solo van los que ya son clientes. El riesgo está en la pérdida de calidad del trabajo de artistas representados por varias galerías, que a su vez participan en una decena de ferias. ¿Quién produce con calidad a ese ritmo?”.

El Armory y su nuevo director Noah Horowitz —encargado hasta ahora de la primera feria de arte online VIP— han reunido a 214 galerías procedentes de 30 países, que han mostrado como adelanto desde hace un par de semanas las piezas expuestas en la web Artsy. Entre las convocadas a la cita del Armory están dos galerías españolas, Visor de Valencia (con trabajos de la artista turca Nil Ya Ter, del británico Hamish Fulton y de la croata Sanja Ivekovic) y Oriol Galeria D’Art de Barcelona. El país central en la feria es Estados Unidos y las referencias a Warhol, el vanguardista neoyorquino por antonomasia, son constantes en los estands, incluída la inclusión de texto en cuadros y obras, tendencia que parece haber desplazado a la fotografía que hasta hace un par de años dominaba las salas. Pero en esto también estuvo antes, cómo no, Warhol, como lo prueban en el Armory la litografía Greengages a la Warhol, una de las recetas transcritas por su madre, Julia Warhola, e ilustradas por Andy, el artista que supo dominar al mercado.

Por Andrea Aguilar de El País.