4 marzo, 2019

Los restos de dos momias faraónicas, recuperados de unos altavoces en el aeropuerto de El Cairo

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Se trata de dos pies, dos piernas, la parte inferior de una mano izquierda, un brazo y parte del torso.

En los aeropuertos egipcios, como en sus abarrotadas calles, todo puede suceder. Hace tres años el secuestro de un avión y su desvío a Chipre sirvió para descubrir que uno de los pasajeros transportaba un pollo congelado. Esta misma semana, en una cinta de recogida de maletas del aeropuerto de El Cairo, una caja de cartón se deshizo dejando a la vista pública la compra en la pescadería de un viajero. Horas antes, los funcionarios habían interceptado un tesoro entre equipajes: los restos de dos momias faraónicas.

Las osamentas se hallaban camufladas en dos altavoces que debían salir del país en un avión con destino a Bruselas. Según el Ministerio de Antigüedades egipcio, un escaneado de rayos X detectó unos objetos inusuales para estar almacenados en el interior de los dispositivos. Al inspeccionar el contenido, la unidad arqueológica del aeropuerto -encargada de luchar contra el contrabando de piezas- y un comité creado ‘ad hoc’ se toparon con restos de dos cadáveres momificados de época faraónica.

Unos fragmentos de patrimonio despiezados para facilitar su transporte y compuestos por dos pies, dos piernas, la parte inferior de una mano izquierda, un brazo y parte del torso. Los fotogramas enviados a EL MUNDO por las autoridades muestran a nueve personas del equipo posando junto al botín, que ha sido requisado en virtud de la ley local de protección del patrimonio de 1983 y enviado a los laboratorios del museo egipcio de Tahrir para su estudio y restauración.

Es quizás uno de los intentos de contrabando de antigüedades más peculiares que se han visto en el aeropuerto de la capital egipcia, pero no el único. Las autoridades suelen informar periódicamente de la incautación de monedas, vasijas, estatuas y ejemplares antiguos alojados en los equipajes de quienes viajan al extranjero.

La tierra de los faraones, con un patrimonio casi inabarcable repartidos por miles de yacimientos, batalla desde hace años para evitar el expolio. “Cada año logramos recuperar entre 2.000 y 3.000 objetos antes de que salgan de Egipto. El departamento de repatriación ha conseguido, además, que una gran cantidad de piezas regresen a casa desde todos los rincones del planeta”, señaló hace dos años en una entrevista a EL MUNDO el ministro de Antigüedades Jaled al Anani.

En 2002 el ministerio creó un departamento especializado en la recuperación de joyas arqueológicas. Desde entonces ha declarado la guerra a casas de subastas, museos y galerías. El último episodio sucedió a principios de este año cuando El Cairo denunció la exhibición pública de un fragmento del extraviado revestimiento de la Gran Pirámide de Giza en las salas del Museo Nacional de Escocia.

La institución, envuelta repentinamente en la polémica, insiste en que posee los documentos de propiedad que confirman que llegó a Reino Unido en 1872. En los foros internacionales, entretanto, Egipto sigue reclamando la modificación de la convención de la Unesco de 1970 que prohíbe el comercio ilícito de bienes culturales

Por Francisco Carrión para EL MUNDO