18 septiembre, 2018

“La yacht-woman” o “La mujer del yate”, de Cecilio Plá y Gallardo

la mujer del yate una joya

“La yacht-woman” o “La mujer del yate”
Autor: Cecilio Plá y Gallardo
Cronología: Publicado en la revista Blanco y Negro el 14 de Noviembre de 1903. Localización: Colección ABC
Técnica: Gouache sobre papel coloreado.

En el último tercio del siglo XIX nacía en Francia una nueva forma de entender y sentir la pintura, era el inicio del movimiento impresionista. Mientras España se encontraba sumergida dentro de un arte academicista, que no ayudaba a que entrasen nuevas renovaciones artísticas. Será en este momento cuando empiecen a destacar en el panorama nacional un conjunto de pintores que se distinguían por una manera peculiar de pintar. Formaron la llamada Escuela Valenciana y muy pronto lograron el cambio, la renovación y la modernidad, aportando a la pintura toda una serie de audacias técnicas y un estilo diferente. De esta manera rápidamente sobresalieron dentro del panorama plástico y traspasando nuestras fronteras llegarían a posicionarse dentro del arte internacional.

A todos estos maestros les unía un elemento en común; tener una trayectoria profesional similar. Formados en las Reales Academias, conseguían ser pensionados en Roma o París, en donde ampliaban sus estudios y contactaban con las corrientes artísticas europeas, provocando en ellos un cambio decisivo en su manera de pintar. Utilizarán el gran lienzo para presentarse a los concursos de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, pero eran en los pequeños formatos donde conseguían los mejores logros de inmediatez lumínica e increíble vivacidad a partir de una factura de manchas de color y gran habilidad técnica.
Fue en estos pequeños formatos llenos de vida y de luz que narraban la vida cotidiana, donde destacaría la figura de Cecilio Plá y Gallardo, influyente en su época, gozaría de gran popularidad, pero de una forma totalmente diferente a la de Sorolla, que sin lugar a dudas se convirtió en todo un mito y gran referente.

Plá viviría una época compleja, tuvo que afrontar el momento en el que se abandonaban las normas de la pintura académica, para comenzar a mostrar los primeros planteamientos modernos. Y porque al mismo tiempo su obra, como la de muchos artistas no podría escapar a la embriagadora presencia de Sorolla.

Aun así su pintura encontró su sitio, el luminismo, característica que definió a los pintores valencianos definió parte de su obra, pero de manera distinta ya que al mismo tiempo era un artista de marcada personalidad que se dejaba llevar por todo tipo de influencias, haciéndose ecos de múltiples movimientos y amoldándolos a su estilo. Fue capaz de combinar diferentes tendencias, desde el academicismo y costumbrismo de los primeros años, o el luminismo tan característico de la escuela a la que pertenecía, hasta llegar finalmente a ejecutar obras con un audaz estilo impresionista.

Considerado como el máximo exponente del modernismo en la pintura valenciana, toda su trayectoria se caracterizará tanto por una técnica perfecta con un total dominio del dibujo, muy cercano a la sensibilidad de la estética modernista como por la gracia y elegancia decorativa en todas sus composiciones.

Su concepción de la pintura, su sentido del color y su característica luz, no sólo se deben a que perteneciese a la escuela valenciana, ya que su formación va más allá. Aunque sus inicios están vinculados al academicismo, el estilo imperante en la España de fin de siglo, se trasladó muy joven a Madrid, y la conexión con la estética valenciana la mantendría a través de su maestro y amigo Emilio Sala, afamado pintor de orientación bastante cosmopolita, del que recibió una excelente formación.
No podemos obviar que debido a sus numerosos viajes y estancias por Europa, Plá tuvo la oportunidad de conocer de primera mano algunas de las tendencias pictóricas más en boga en su momento. Todo ello le permitió evolucionar hacia un estilo impresionista. Lo que le llevaría que hacia 1900, y sobre todo, desde 1910-1915, su obra se fuese impregnando progresivamente de la luz valenciana, con un consiguiente cambio técnico y temático. Sus escenas comienzan a tener unas tonalidades más claras que antes, así como una ejecución más abocetada, orientándose hacia una pintura luminista y amable.

Algunas de estas pinturas figuran entre lo mejor de su producción, unos retratos cercanos a veces a la pintura de género, al querer hacer unas obras que afirmasen con claridad la realidad de su tiempo.

Al mismo tiempo la figura femenina ocupa un lugar destacado en su trayectoria, no sólo entre sus retratos, sino también en el resto de su obra; precisamente, la prensa de la época lo calificaba como el «pintor de las mujeres». Sin embrago la mirada de Plá se proyecta sobre una temática muy variada, desde los cuadros religiosos y de género, hasta paisajes marinos y escenas de playa, y sus personales retratos. Pero es en la anécdota, en la narración cotidiana donde encuentra su mejor inspiración. Acentuando siempre lo espontáneo, podríamos decir que creó obras a medio camino entre el retrato y la pintura de género. En ellas se puede apreciar su capacidad para transmitir una atmósfera de sosiego, una sensación de quietud, creando maravillosas escenas equilibradas y amables, de fácil conexión con el espectador.

Si por algo suele destacar es por su anecdotismo depurado, consiguiendo que la anécdota propiamente argumental quede reducida en el gesto, como podemos observar en la composición “La mujer del yate”. En ella la dulce sonrisa de la joven – tan propia de todas las mujeres de Pla – nos atrapa, así como su manera de coger la cámara; y es con esos pequeños detalles y gestos como el artista de forma muy natural nos introduce en la escena, como si fuese el propio espectador quien se encuentra enfrente a la mujer y fuese él quien la está retratando.

Obtiene con aparente facilidad esa captación de lo inmediato, a través de una técnica ligera y suelta. Es esa maestría técnica con la utilización de una factura vibrante, rápida, y a la vez segura, a base de líneas virtuosas, las que logran atrapar la fugacidad de la situación.

En esta pequeña creación, Plá demuestra sus dotes para la observación de la vida cotidiana, plasma el instante del momento vivido a modo de impresiones presididas por la intensa luz del sol, con un toque abocetado, combinado con elementos de preciso detalle. Y todo ello acompañado por una gama de color restringida pero perfectamente armonizada.

De esta forma su acabado es mucho más fluido y ligero en la composición de la escena, una técnica más suelta y libre, donde el fondo está mucho más desdibujado y los trazos son rápidos y menos definidos, y aun así alcanza atrapar la luz y llenar la composición de vida. Mientras que en el rostro dulce y sonriente de la joven la pincelada es más apretada, minuciosa, mostrando una vez más todo su saber plástico. Y es ahí donde los escasos toques de color como el azul o el negro se disponen con la misma precisión con que arrastra delicadamente el trazo del lápiz.

Es en este tipo de obras donde podríamos afirmar que se aproxima al modernismo, por ese gusto por remarcar lo más cosmopolita de su tiempo a través de la moda y por reflejar una mujer más burguesa que tradicional. Pero unido siempre a otro factor, ese gusto por la instantaneidad en los gestos, como si fuera el reflejo de un momento de vida, con esa sonrisa tan fotográfica, que le aporta un aire tan de su tiempo.

Sin olvidarnos que con todo ello el maestro configuró su visión más personal, la de un mundo apacible, cercano y armónico, sin grandes contrastes ni provocaciones. Intentado mostrar un placer de vivir que se identificaba con lo sencillo y cotidiano.
Vivió y pintó en dos siglos diferentes, influido por un lado por la luz mediterránea y por otro, por lo cotidiano de la época, el ambiente y su gente, esa nueva burguesía de principios de siglo. Convirtiéndose sin querer a través de su mirada y su captación del sincero instante, en un maravilloso cronista de su época.