15 diciembre, 2014

Un goya y un giaquinto, el precio de la paz entre Tita y Borja Thyssen

thyssen

Reunión de urgencia en casa de tita. Ocurrió este viernes, cuando tuvo lugar un encuentro que alteró de manera considerable la agenda de la baronesa, quien tenía previsto un viaje fuera de España. Cinco fueron los hombres citados a dicho encuentro, cinco profesionales que se encargan actualmente de los asuntos económicos y legales que han enfrentado a Tita con su hijo Borja en los últimos años. Ellos son Emilio Rotondo y Juan Carlos Gil, abogados de la baronesa Thyssen, el administrador Bauer, un letrado contratado por Borja y Jordi Bech, la persona que desde hace unos meses no falta en ningún encuentro en el que se trate temas relativos a las finanzas de la baronesa Thyssen y de su vástago. A él le han bautizado como “el mediador”.

Desde hace dos meses su presencia es constante en el día a día de Tita y su primogénito. Bech llegó a la vida de los Thyssen por recomendación directa del prestigioso despacho Baker&McKenzie como la persona perfecta para solucionar los desencuentros de madre e hijo sobre las cuentas familiares. Licenciado en Empresariales, es socio responsable del Departamento Fiscal de Crowe Horwath, experto en materias fiscales con gran experiencia en el análisis económico y responsable de la reestructuración y planificación fiscal de grupos empresariales a nivel internacional.

La ansiada cesión

Según fuentes a las que ha tenido acceso LOC, Bech ha sido contratado para calmar las aguas que últimamente venían revueltas entre madre e hijo. Precisamente él fue la persona que presidió, el pasado 19 de noviembre, una importante reunión en la que Tita Cervera firmó en la sala del patronato del Museo y en presencia de su director un documento con el que se cerraba una vieja batalla que llegó a enfrentar en los tribunales a madre e hijo. Un escrito por el que Tita habría cedido a su hijo Borja Thyssen dos cuadros: “Una mujer y dos niños junto a una fuente”, de Goya, y “El bautismo de Cristo”, atribuido a Corrado Giaquinto. Obras de arte con un valor cercano a los siete millones de euros.

En octubre de 2009 y en plena guerra con su madre, Borja acudió junto a su abogado y un notario a las instalaciones del Museo Thyssen exigiendo a los allí presentes que “descolgaran sus cuadros”. Los responsables del museo, que entonces no daban crédito a la situación que estaban presenciando, se negaron en redondo a las peticiones de Borja e informaron inmediatamente a la baronesa. Ante la negativa de su madre a darle los que él consideraba “sus cuadros”, Borja optó por presentar a principios de 2010 una querella por apropiación indebida contra su madre.

La reacción de Borja no pilló de sorpresa a una Tita que afirmaba que “siempre le he dicho que ese cuadro sería para él, pero eso no significa que se lo haya regalado”. En marzo de 2012 la Audiencia Provincial de Madrid explicó a Borja vía judicial que un hijo no podía querellarse contra una madre por un motivo puramente “económico” ya que la ley impide “las querellas por apropiación indebida entre padres e hijos”.

Tita saboreó entonces su victoria y declaró que dichos cuadros “los recibirá en herencia, pero no antes. Borja no ha ostentado ni ahora ni antes la titularidad de las obras, ya que nunca se ha llegado a formalizar un contrato de donación o cesión alguna a su favor, ni tales cuadros han estado nunca en su poder”. Unas palabras que, como desvela LOC, habrían quedado en el olvido el pasado 19 de noviembre, cuando Carmen Cervera estampó su firma en el documento por el que habría cedido ambas obras de arte a su hijo mayor. Se cierra así una batalla en la que la baronesa cede a las exigencias de un hijo al que no le cuadran las cuentas del enorme patrimonio familiar.

El 35% de su fortuna

Desde que un tribunal de las Bermudas le otorgara en 2013 el derecho a conocer el estado real de su patrimonio, Borja no ha dejado de hacer números. La sentencia revelaba que Borja Thyssen “tiene potencialmente un 35% de una fortuna estimada en más de 700 millones de euros”. En dicha resolución, los tribunales del paraíso fiscal concluían que “como heredero, tiene derecho a conocer hasta el mínimo detalle de todos sus bienes”, una información que al ser confidencial no se puede revelar.

Atendiendo a los deseos de su hijo y acatando la sentencia judicial, Tita presentó las cuentas a su heredero. Sin embargo, según nos informan, a Borja “no le terminan de cuadrar”. Por ello habría anunciado a su madre su intención de llevar a cabo una auditoría interna.

Según fuentes consultadas, Borja cree que se le siguen ocultando datos sobre la contabilidad, sobre las inversiones, y ha manifestado que quiere saber cuántas personas que actualmente rodean a su madre están viviendo de un patrimonio que le corresponde por ley a él y a sus hijos. Una información por la que lleva luchando desde hace cuatro años.

Un periodo en el que su madre llegó a denunciarle por revelación de secretos tras dar un exclusiva en “¡Hola!” (2010) y que se sumaba a la denuncia que ya había interpuesto cuando meses antes las cámaras de la mansión familiar grabaron cómo Borja y su mujer Blanca Cuesta entraban de madrugada en las oficinas de Tita y sacaban documentación relativa a la herencia del barón. La guerra de demandas continuó con la que Borja Thyssen interpuso en los tribunales de las Bermudas, lugar donde se gestó el Pacto de Basilea, el documento por el que el barón repartía toda su fortuna entre sus herederos.

Entre sus dudas, cuestiones referidas a la venta de la obra de arte “La esclusa de John Constable”, que la madre vendió por un valor cercano a los 28 millones de euros

La resolución judicial de las Bermudas por la que Borja tenía derecho a conocer los pormenores del patrimonio familiar ha sido acatada sin rechistar por la baronesa. Curiosamente, esta actitud aperturista coincide en el tiempo con el encuentro casual que LOC relató en exclusiva y que Tita apunta como el que “propició la reconciliación con Borja”.

Desde ese día, madre e hijo han mantenido varias reuniones y encuentros pero siempre acompañados por abogados, asesores, administradores y mediadores que analizan hasta el último detalle cómo ha gestionado Tita Cervera la fortuna familiar. Entre sus dudas, cuestiones referidas a la venta de la obra de arte “La esclusa de John Constable”, que la madre vendió por un valor cercano a los 28 millones de euros. Borja, consciente de que tiene derechos sobre esa obra que Tita vendió en busca de liquidez, habría reclamado la parte de la venta que le corresponde. Un dinero que bien podría haber sido sustituido por la cesión de unos cuadros, el Goya y el Giaquinto, que estarían valorados en algo más de siete millones de euros. Una posibilidad que ninguna de las partes está dispuesta a confirmar.

Villa favorita

Pero en la reunión de ayer no sólo se habló de las cuentas pendientes entre madre e hijo. Buena parte de la mañana se dedicó a la venta de Villa Favorita. Y es que, tras hacerse pública la posible venta de la majestuosa mansión de Lugano, la Alcaldía de esta localidad habría enviado una carta a la actual propietaria, Tita Cervera, para recordarle que una parte de la finca no puede ser vendida. En 2008 se aprobó por mayoría en un pleno del consistorio la expropiación de una parte de los terrenos de Villa Favorita. Una expropiación que afecta directamente a la fachada que da al lago y donde se aprobó convertir los espectaculares jardines de la mansión en un paseo de uso público. Un detalle que rebajaría bastante el precio de venta que pretende obtener la baronesa.

Informaciones que llegan también con el desmentido de la propia Tita y de sus abogados, que niegan que Villa Favorita esté en venta. “Desde hace un año se ha retirado del mercado. No está ya a la venta por lo que no puede ser vendida”. Lo cierto es que si se ha vendido o no la mansión de Lugano es cuestión de tiempo que salga a la luz.

Quizás Villa Favorita sea de nuevo el paraje idílico elegido para fotografiar, vía exclusiva, el bautizo de la primera nieta de la baronesa. Un reportaje en el que, de producirse, no veremos, a buen seguro, ni a Carmen ni a Sabina, las dos pequeñas Thyssen a las que todavía no se ha fotografiado con Borja, ni con Blanca ni con sus hijos. Una estampa que, dicen los que les conocen bien, nunca llegaremos a ver.

Por Isabel Rábago en El Mundo.