5 agosto, 2015

Tesoros en los mercadillos

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Los mercados de antigüedades pueden ser una fuente en la que encontrar grandes tesoros si se tiene el ojo adecuado y los conocimientos suficientes. El mejor ejemplo se dio este sábado en el Mercat dels Encants de Barcelona, donde el coleccionista privado y “bibliófilo”, Enric Palmitjavila se hizo con lote de efectos pertenecientes a Ràfols-Casamada (1923-2009) y la pintora Maria Girona (1923-2015) después de que a través de las redes sociales un profesor diese la voz de que en el mercado barcelonés había parte del legado de ambos artistas.

El comprador aseguró que todavía no sabe qué hay en el lote porque lo compró a peso y está pendiente de examinarlo y catalogarlo de manera adecuada. Sin embargo, dejó claro que está abierto a una “estrecha colaboración” con el Departament de Cultura para velar por la conservación del legado de ambos artistas, pues su intención no es revender ni lucrarse con las obras adrquiridas.

En este sentido, el conseller de Cultura, Ferran Mascarell, expresó su “perplejidad” por el hecho en un comunicado emitido por la Departament de Cultura. “A veces se producen hechos difíciles de explicar. Aún no hemos podido conocer los motivos por los cuales se han encontrado en Els Encants documentos de Ràfols-Casamada y Maria Girona, y más aún cuando me consta que desde el MNAC se han mantenido contactos periódicamente con los herederos” explicaba el conseller en el documento. El propio Mascarell aseguró que a partir de este lunes se trabajará para valorar el material y ver “qué puede ser susceptible de ser recuperado para las colecciones públicas del país”.

Grandes joyas entre baratijas

La historia del legado de Ràfols-Casamada es la última de una larga lista de antigüedades encontradas en mercados y vendidas a precios muy por debajo de su valor real. El pasado año un chatarrero estadounidense encontró lo que resultó ser un huevo de pascua de Fabergé. Pensando que no tenía valor, el chatarrero estaba dispuesto a fundir la pieza hasta que un amable comprador, sabiendo lo que tenía entre manos, le pagó 8.000 dólares por el huevo. El vendedor quedó encantado con la oferta, sin saber que la pieza de la que se desprendía está valorada en 33 millones de dólares.

En 2012 ocurrió lo mismo con un cuadro de Renoir que fue comprado por una mujer que pagó siete dólares en un mercado de Washington junto a otras baratijas. La compradora decidió cambiar el marco de la pintura y entonces descubrió que llevaba la firma del impresionista francés. Sin saber con seguridad si estaba ante una auténtica obra de arte, la mujer decidió llevarlo a tasar. Y no se equivocó, pues la obra resultó ser una pieza comprada por un coleccionista estadounidense en 1926 y que estaba valorado en, al menos, 100.000 dólares.

Por La Vanguardia.