19 julio, 2010

S/T de Cristina Iglesias

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Laura Pais Belín

Localización: Fundación Caixa Galicia.
Autora: Cristina Iglesias.
Cronología: 2001
Técnica: Escultura en madera, polvo de bronce y resina de poliéster.

imagen_Joya_06Claro referente a la hora de hablar de la escultura española de la segunda mitad del siglo XX, Cristina Iglesias se ha convertido en una de las figuras artísticas de mayor proyección y renombre.

Artista de prestigio desde los inicios de su carrera, recibirá formación en Londres en la Chelsea School of Art. Después de la experiencia académica volverá a España, donde muy pronto gracias a su talento y junto con su formación europea se introduce en el mercado artístico, y en el que en pocos años alcanza un progresivo reconocimiento internacional.

Su trayectoria artística esta íntimamente relacionada al panorama escultórico contemporáneo. Sus obras se caracterizan por ser esculturas de marcada vocación arquitectónica, que normalmente se configuran a partir de una combinación perfecta de la tradición ibérica, las vanguardias internacionales y el arte conceptual de los años setenta.

En sus creaciones desde sus comienzos habrá un claro referente, la preocupación constante por el tratamiento de los materiales, será su  elección el fiel reflejo por explorar sus valores táctiles, texturas y plasticidad, que fusiona en un preciso y seductor juego casi pictórico.

Una persistente inquietud por el poder expresivo de los materiales y su relación con el espacio y el propio espectador será la que con el tiempo se convertirá en el eje central de su carrera. Así poco a poco sus esculturas fueron dejando atrás las dimensiones reducidas para conquistar y transformar el espacio, y dialogar directamente con el público. Buscando de forma clara el poder modificar la percepción espacial del individuo, obligándole a mantener una relación directa con las propias obras.

Sus esculturas consiguen albergar un especial componente escenográfico que genera en el espectador una increíble sensación de puesta en escena. Como podemos observar en esta instalación creada en el año 2001, una obra que se integra perfectamente en el marco expositivo, modificando su espacio y dialogando directamente con su arquitectura. Nos encontramos ante una arquitectura dentro de una arquitectura. Un espacio laberíntico que nos obliga a recorrerlo, convirtiéndose en un lugar enigmático y atractivo que espera ser descubierto mediante la propia experiencia. Quizá este es uno de los elementos más increíbles ya que al mantener un diálogo directo con el público, modificando su percepción espacial y obligándole a mantener una relación física con la propia pieza, el espectador se convierte en parte de la propia obra.

Pero nada se abandona al azar en las obras de Cristina Iglesias ya que para crear este perfecto componente escenográfico, el tratamiento matérico, los diferentes paneles, la luz e incluso el olor de los materiales al introducirse en la instalación están perfectamente relacionados.

Porque sus obras apelan a los sentidos, para involucrarnos en la pieza estimula nuestra vista y el tacto, creando partes totalmente diferenciadas dentro de la misma instalación. Combinando los paneles de celosías, retomadas del mundo musulmán en la Península y otra serie de paneles formados por elementos de la Naturaleza. Todo ello unido a un juego de texturas conseguido por una mezcla increíble de materiales.

Técnicamente los materiales se tratan y moldean de forma distinta para  crear los diferentes paneles y ambientes. Por un lado los paneles de celosías trabajados pieza a pieza, están creados con el material de la madera y recubiertos de polvo de bronce para que el propio espectador se pregunte si es madera o metal y así introducirnos una vez más en la obra, y no sólo por eso si no porque las celosías esconden un mensaje en forma de texto, un texto enigmático, ya que podemos ver las letras pero al intentar descifrar el mensaje se nos muestra como un jeroglífico cuya solución esta sólo en la mente de la artista. También en esta parte de la obra debemos destacar el manejo de la luz, ya que estas superficies perforadas permiten juegos de luces que se proyectan en el espacio y que secuestran la mirada del espectador.

Mientras que en la parte vegetal  nos traslada a un universo de sensaciones totalmente diferentes ya que remiten al mundo opaco de la pared y en el que se representa una vegetación de vocación fantástica, en la cual se trabajan los valores táctiles de la pieza, jugando con la plasticidad de los materiales. Consiguiendo una zona ricamente texturada gracias al empleo de resina de poliéster, material que la artista moldea con aparente facilidad.

Creando un jardín inventado en el que repitiendo el mismo motivo vegetal configura una maraña llena de fantasía.

Un conjunto escultórico impecable en el que Cristina Iglesias se recrea en el juego con el espacio, las texturas, la imaginación y en el que la luz es tratada como si fuese un material más en la obra. Todo ello para buscar y lograr una complicidad insuperable con el espectador, al que es capaz de trasladar a un entorno mágico y lleno de sensaciones.

Para concluir utilizaré las propias palabras de la artista para describir la esencia de esta pieza: “Quiero hacer una pieza que sea una habitación perdida en la ciudad. Una pieza pública dentro de un edificio. Una habitación en la calle. Un lugar que uno pueda encontrar al caminar sin rumbo (…). Me pregunto como hacer en un espacio pequeño que un caminante pueda llegar a sentirse perdido. La entrada será estrecha, el techo perecerá bajo debido a la luz. Una pieza construida de paredes traslúcidas, mallas que se articulan en el espacio obligándonos a un recorrido. Pantallas tejidas con un texto que describe un jardín inventado”.