10 enero, 2011

Saturno devorando a sus hijos de Pedro Pablo Rubens

Rubens_Cabecera

Laura Pais Belín

Autor: Pedro Pablo Rubens.
Cronología: 1636 – 1637
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Localización: Museo del Prado.

Rubens_principalEn el siglo XVII se desarrollaba en toda Europa el estilo Barroco, y en cada zona lo hacía de manera diferente, teniendo en cuenta sus circunstancias geográficas e históricas. Serán los antiguos Países Bajos una de las zonas en las que la situación política y social del momento influya más claramente y de manera determinante en el desarrollo de su arte y más concretamente en el devenir de la pintura.

Flandes recientemente independizada de Holanda era católica, aristocrática y monárquica. Bajo dominio español impulsará una pintura que gozará tanto del mecenazgo de la Iglesia y la realeza como de la alta burguesía.

Una clientela amplia y poderosa que propiciaría con sus encargos la proliferación de grandes talleres dirigidos por grandes nombres y un gran número de maestros menores para afrontar la gran demanda. Un bullicioso mundo artístico, que defendía unos ideales propios y que traería consigo el apogeo de diferentes géneros.

Se multiplican las escenas religiosas en grandes cuadros de altar protagonizadas por la vida de  los santos o la representación de los sacramentos. Se seguirá cultivando con originalidad y frescura el retrato. Y se le dará gran relevancia a los temas mitológicos ya que estas escenas servían para la decoración de los palacios reales y de la alta nobleza, en grandes dimensiones las composiciones se caracterizaban por la sensualidad, voluptuosidad y colorido.

El gran representante de la pintura barroca en Flandes y unos de las figuras culminantes de su siglo en toda Europa será Pedro Pablo Rubens. Un artista que abordaría con inigualable maestría todos los géneros destacados de la época, dentro de un estilo Barroco muy definido y particular.

Partiendo de un gran respeto hacia el clasicismo romano, sobre todo de la figura de Rafael y Miguel Ángel, y de un personal interés por el naturalismo holandés, fue moldeando con esmero a lo largo de toda su vida una pintura con un distinguido acento propio, que sería punto de referencia de muchos de los artistas del momento. Toda su trayectoria estará fuertemente marcada por su etapa de juventud en Italia, por una gran influencia decisiva que será la pintura veneciana y la estatuaria antigua, junto con el conocimiento de la pintura de Caravaggio.

Todo ello hará que a su vuelta, en su estudio de Amberes, el aprendizaje italiano cristalice en un estilo diferente y apasionado que será el sello de una época en la historia de la pintura europea. Empapado del arte de pasado, se distinguió por su capacidad para comprender y al mismo tiempo transformar la herencia clásica. Logrando un arte pictórico que se caracterizaría por mostrar en cada una de sus lienzos extraordinarias composiciones barrocas de destacada visión naturalista e implacable intensidad lumínica que se acompañaba en todo momento de una destreza excepcional para el color.

Rubens se distingue por su gran dinamismo, increíble vitalidad y su certera exuberancia. Su paleta de colores es cálida, influida por los venecianos, especialmente por Tiziano. Sus composiciones normalmente creadas a partir de esquemas de diagonales consiguen dar la sensación de un gran movimiento que a veces incluso parece que las figuras se van a salir del marco del lienzo. Y sus cuerpos voluptuosos, carnosos y gruesos consiguen un ritmo frenético, pocas veces logrado por otros artistas.

Sobresalía en el Norte de Europa por la facilidad en el manejo de los pinceles y el color, las figuras y los ropajes. Con aparente facilidad aprendió a componer las figuras a grandes escalas y a emplear la luz  y los colores para incrementar el efecto del conjunto.

La fama alcanzada por su pintura rebasó por completo la frontera de los Países Bajos y muy pronto le comenzaron a llegar  diferentes encargos de toda Europa. Y estos encargos también se acompañaron de grandes distinciones y honores especiales.

Durante toda su vida después de sus años de aprendizaje nunca volvería a Italia pero su arte estaría siempre marcado por el arte grecolatino y el Renacimiento italiano. En Amberes se dedicó a trabajar para la reconstrucción de su país, despedazado por la guerra, y a convertirse en el protagonista de la vida intelectual y artística.

En la última etapa de su vida se sobrepondría a la muerte de su mujer en el año 1626, viajaría por última vez al extranjero por motivos políticos. Y a su regreso en 1630 a Amberes se volvería a casar con Helena Fourment una belleza de 16 años que conocía desde niña. Dispuesto a disfrutar de la vida familiar y de pintar para él mismo compró el señorío de Steen que le aportaría un retiro tranquilo y saludable. Aunque seguiría manteniendo su gran taller.

Uno de sus últimos grandes trabajos antes de su muerte, sería la decoración de la Torre de la Parada, el cual fue el mayor encargo que el pintor recibiría del monarca español Felipe IV. Para ello desde 1636  Rubens trabajaba con todo su taller en Amberes mandando desde allí hasta Madrid, más de setenta obras para poder decorar la casa de recreo que el rey poseía en los montes del Pardo. La mayoría de las escenas eran mitológicas, centradas en composiciones que narraban las pasiones de los dioses. Como base para su elaboración se tomarían textos clásicos, entre ellos la Metamorfosis de Oviedo.

Era un proyecto muy grande, y para todos los lienzos el maestro flamenco primero hacía pequeños bocetos sobre tabla, pero en ellos mostraba todos los detalles, las actitudes de los personajes y la total esencia  de las composiciones. Esos bocetos eran el puno de partida y la base de los lienzos definitivos.

La obra “Saturno devorando a sus hijos” es el episodio más dramático pintado por Rubens para la Torre de la Parada. En el lienzo se muestra un momento crucial en la historia de Saturno. Saturno el principal entre todos los Titanes, temiendo que sus propios hijos le destronasen tomó la decisión de devorarlos él mismo cuando estos naciesen. El único hijo que consigue permanecer con vida será Zeus que será salvado por su propia madre Rea y conseguirá derrotar a su padre, cumpliéndose el vaticinio que él temía.

El pintor nos lleva al primer término del lienzo el momento más dramático, cuando Saturno esta desgarrando el pecho de uno de sus hijos. Imagen impactante, en la que la figura del Dios es representada de forma certera ya que su monumentalidad se recorta sobre la oscuridad del fondo, destacando no sólo por ello sino por el movimiento que consigue la figura dentro de una composición llena de gran dinamismo. Así podemos apreciar ese rasgo tan personal de Rubens de crear figuras de grandes proporcionas, carnosas y gruesas tan llenas de vida que parecen que van a lograr salir del marco de la escena.

Con el increíble manejo de la luz  aumenta el dramatismo de la escena, consiguiendo que parezca una escena teatral, que era una característica muy propia del estilo Barroco.

Utiliza una minuciosa pincelada con la que se consigue las carnaciones de las figuras y una gran expresividad en los rostros de los protagonistas, y de este modo con esa vitalidad lograda vuelve a introducir de lleno a los espectadores en el cuadro. 

Sin olvidar ciertos elementos del lienzo interesantes para su lectura como la guadaña sobre la que se apoya Saturno que se identifica con Cronos el dios del tiempo que siega la vida y las estrellas que se recortan sobre el fondo casi neutro que recuerdan al planeta que da nombre a Saturno.

No es de extrañar que un maestro que podía concebir tal colosales encargos con tal seguridad en el manejo del pincel y una mirada especial para lograr composiciones perfectas llenas de dinamismo y emotividad, que muy pronto recibiese muchos más encargos de los que el podría afrontar. Aunque esto no sería problema para él, ya que tenía una capacidad increíble para organizarse y fama de tener una carácter afable y un encanto personal, lo que hizo que muchos pintores estuviesen orgullosos  de trabajar en su taller y al mismo tiempo llegar a aprender del gran maestro.  Muchas veces el hacía un boceto, sus discípulos lo trasladaban al lienzo y después él los retocaba y le daba el toque final. Como puede ser el caso de parte de estos últimos encargos para Felipe IV.

Él siempre buscaba con su pincel dar vida a cualquier cosa que pintase, infundiendo energía a todo lo que representaba en sus composiciones ya fuesen cuadros de altar, temas mitológicos o retratos, y quizá este es el gran secreto de su peculiar pericia artística, de su encanto  y su singular sensibilidad para el arte.

Le sorprendió la muerte en 1640 a punto de cumplir 63 años, en la etapa más tranquila de su vida, pese a padecer fuertes ataques de gota seguiría pintando hasta ese momento. Se dice que con su muerte el Barroco perdía a su gran representante y tal vez el artista que mejor supo interpretar en su arte todos los ideales de la época que le tocó vivir.