28 junio, 2010

Santiago de Compostela: La Catedral en el regazo de Roma. 2ª Parte

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María Loira

Lápidas funerarias romanas
Tenemos constancia de estas piezas, hoy perdidas, a través de transcripciones de las inscripciones de estas lápidas que dejan viajeros y peregrinos desde el siglo XV al XVII. Son cinco:

  • A ACILIA MODESTA (dedicada por su hijo SENECIO MODESTO)
  • A MARCO MODESTO (dedicada por su hija ACILIA MODESTA)
  • A NUMERIA VITALIA
  • A PROCULA CAMALI
  • A CAIO PELUSIO

Fueron encontradas en distintos lugares de la antigua Compostela, en las cercanías de la Catedral; las fuentes hablan de una plaza que bien pudiera ser la de la Quintana, que se mantuvo como cementerio hasta el XIX en una de sus partes, y entre los años 1596 y 1620 se hicieron obras probablemente relacionadas con el área cementerial que pudieron dejar al descubierto algunas de estas lápidas (GUERRA, 1982).

Al menos dos de ellas parecen ser de miembros de una misma familia; la de Procula Camali indica en la inscripción su procedencia del territorio de los Grovios. Todos son datos de interés para intentar alcanzar una visión de los momentos previos a Compostela.

Es evidente que las lápidas funerarias son parte de un área pagana previa a la cristianización del lugar, o acaso coetáneas de algunas de las cristianas, aunque los primeros concilios advierten que ha de haber separación de los enterramientos paganos.

Ara de San Payo
Una pieza de mármol rectangular de 88´7 x 68´3 cm y 7 de grosor que probablemente haya pertenecido a la misma área cementerial que las lápidas anteriormente mencionadas, y que se conserva en la Iglesia del Monasterio de San Payo de Antealtares, el edificio que enmarca la Plaza de la Quintana en su lado E.

La pieza ocupó siempre un lugar de privilegio, desde fecha temprana sirvió de altar. En 1572, Ambrosio de Morales, del que ya hemos advertido, hace raer la inscripción latina, que recogía una dedicatoria a los Dioses Manes. Afortunadamente se le ocurre hacer una copia y dejar escrito aquello que iba a destruir, y que él mismo define como letras muy claras y como si acabaran de ser esculpidas. La placa estaba muy bien conservada y tenía molduras de motivos vegetales. Posteriormente, en el año 1601 se la añadirá una inscripción cristiana.

Para algunos autores esta pieza marmórea tendría formado parte del edículo, ya que tamaño y forma podrían corresponder con el del titulus que solía ponerse en la puerta de los mausoleos (GUERRA, 1982) y más tarde pasaría a funcionar como altar.

El lugar del edículo estuvo custodiado por los monjes de Antealtares desde el momento de su descubrimiento, de modo que cuando Gelmírez manda sustituir el viejo altar por uno más rico, los monjes se lo habrían llevado a su monasterio, donde continuó su uso como altar.

Millán González-Pardo, tras un estudio lingüístico del texto transcrito data la pieza en el I dC. Si la datación fuese correcta, estaría señalando un largo camino romano previo a la cristianización de Compostela.

Ara encontrada en los cimientos
Durante la excavación que Chamoso Lamas realizó en 1955 se encontró un ara romana con epígrafe formando parte de los cimientos de la segunda de las pilastras, contando desde la Puerta de Platerías, en la hilera derecha, casi frente a la Puerta Real.

Un bloque de granito grisáceo claro y bastante fino de 85cm de altura y unos 30 de ancho, con una dedicatoria a Júpiter Óptimo Máximo y el nombre del dedicante Flaccinio grabada en la parte visible, que aparecía tumbada. (BOUZA BREY, 1956). Una prueba más de que en el lugar hubo un culto pagano.

Otros materiales hallados en el edículo
Nos referimos a los materiales encontrados en las excavaciones de 1878 y 1879, que López Ferreiro deja documentados:

  • varios ladrillos en forma de cuña. Si se trata de de ladrillos cuneati nos remiten a los arquillos de los hipocaustos en relación con el sistema de calefacción, bien en seco o bien para edificio termal.
  • trozos de objetos de pasta vítrea azulada. Entre ellos aparece lo que López Ferreiro considera el badajo de una campanilla, un objeto frecuente en sepulturas paganas y cristianas.
  • piezas entendidas como parte de un altar
  • un tablero de mármol blanco, una especie de capitel también de mármol y un fragmento de columna de unos 20 cm de diámetro.
  • un trozo de estuco

que remite a decoraciones de cierto nivel en la construcción que reviste.

Recordemos que estamos sólo señalando aquellos materiales pertenecientes al contexto romano.

En las excavaciones de 1950, cuando Chamoso Lamas vuelve a intervenir en el edículo, encuentra en el nivel B, (imagen inferior) tegulae, imbrices, ladrillos de gran tamaño, cerámica romana, trozos de revestimiento de jaspe y de mármol rosa, negro, jaspeado y blanco, también teselas a las que aludíamos al hablar del mosaico. En un nivel inferior, nivel C, (imagen inferior) placas de revestimiento de mármol negro muy pulimentadas.

Esto parece estar indicando diferentes fases del edificio y en todas ellas elementos suntuarios

Otras estructuras romanas
Ya hicimos referencia al hablar de las excavaciones en la Catedral a las estructuras aparecidas bajo el brazo sur; éstas podrían tener continuidad hacia el O, en diagonal hacia la entrada principal que se abre a la Plaza del Obradoiro; muestran, además, una clara relación con las exhumadas en la Plaza de la Quintana, ya que presentan idéntica orientación y similar factura.

Parece evidente que en el lugar hubo una edificación romana anterior a los enterramientos.

El brazo sur fue objeto de excavación por López Ferreiro a finales del XIX y en los 50 por Chamoso Lamas, el cual considera que son parte de un hipocausto, hipótesis con la que están de acuerdo autores como Guerra Campos (GUERRA, 1982) pero no así otros como Pérez Losada, quien en su estudio sobre hipocaustos constatados en Galicia considera que los argumentos para entender en esa localización un área de hipocausis no son los suficientemente sólidos. (PÉREZ LOSADA, 1994)

En todo caso, lo que aquí nos interesa es señalar que estamos ante una edificación de importancia con muros dobles, bien sea para calefactar o como sistema antihumedad, y con fragmentos de pórfido y mosaico pavimental encontrados en los derrumbes. Todo ello lleva a Chamoso a pensar en la existencia de una villa bajoimperial, hipótesis a la que volveremos más adelante.

Necrópolis
La mayor parte del subsuelo de la Catedral, así como la Plaza de la Quintana , fue en el transcurso de los siglos un área cementerial. En muchos lugares nuevas inhumaciones se depositaron sobre otras anteriores.

Naturalmente, nos ceñiremos a los enterramientos del periodo romano, alrededor de los cuales quedan muchas cuestiones por esclarecer: por ejemplo, a qué época exacta corresponden y cuál es la cadencia temporal que ofrecen; otro aspecto de interés es saber a qué tipo de asentamiento están vinculadas.

Se constató un murete que pasa junto a las estructuras romanas del brazo sur del crucero y que, en oblicuo, podría alargarse hacia la entrada del Obradoiro. Aparentemente dividía el primitivo cementerio romano en dos partes (GUERRA, 1982). De hecho, las tumbas germánicas posteriores ocuparán sólo la zona N de la hipotética división

Tenemos la impresión de estar ante una necrópolis cristiano-romana:

todas las sepulturas están orientadas al E, los pies hacia oriente, la mirada hacia el lugar de referencia
todas son de inhumación: no hay vestigios de urnas cinerarias. No olvidemos que la inhumación va sustituyendo a la cremación a partir del siglo IIIdC; en Galicia, con cierto retraso temporal en relación con el resto de la Península, no sucede hasta la segunda mitad del IIIdC.
no hay restos de ajuar en ninguna de las 182 tumbas revisadas, que estaban intactas.

Aunque estas tres características no son exclusivas de enterramientos cristianos, sirven, sin duda, para avalar la hipótesis al darse las tres al unísono.

ENCAJANDO PIEZAS.
Todo da a entender que estamos ante un yacimiento arqueológico romano de una dimensión temporal y espacial de cierta consideración. Un espacio que sufrió, con toda probabilidad, cambios sustanciales ya en el mismo periodo romano.

Hemos visto datos que apoyan la presencia de materiales del I dC, ciertamente un momento temprano para que no surjan dudas sobre la fiabilidad de las conclusiones. Lo que es claro, a la vista de las aras, es que Compostela vivió un momento romano pagano, y, probablemente fue un lugar de importancia si consideramos los mármoles, jaspes, mosaicos, estucos… que aparecen en las excavaciones. Materiales que se repiten en diferentes niveles lo que indicaría un núcleo de solidez económica a lo largo del tiempo.

Aún conscientes de que la investigación actual se inclina a pensar que en Compostela estaría la mansio Asseconia del Itinerario de Antonino, es decir, un establecimiento viario probablemente asociado a un pequeño núcleo secundario, que atendería a las necesidades de las personas que transitaban por la vía romana; y sin ser éste lugar ni momento para adentrarnos en disquisiciones, queremos retomar la vieja idea de Chamoso Lamas que ve en el área la localización de una villa romana, o lo que es lo mismo, un establecimiento agrario con una parte dedicada a vivienda del propietario, la denominada pars urbana, la cual presenta elementos suntuarios, llegando en el siglo IV a ser verdaderos espacios de lujo.

Su situación topográfica en aterrazamientos es muy común a este tipo de hábitats. Y aquellos materiales de gran riqueza aparecidos en las excavaciones sólo están en casas de importancia, propias de ciudades principales o de villas de grandes propietarios.

El edículo podía ser parte de un edificio tumbal o martirial, de factura ex novo o bien resultado de una transformación, algo frecuente en las villas tardías.

En cuanto a la necrópolis, es muy común verla configurada en la fase final de una villa hispana, y muy especialmente en el noroeste (FERNÁNDEZ CASTRO, 1981). Múltiples razones pueden llevar a utilizar la villa romana ya en desuso como lugar de enterramiento: la existencia de un cementerio previo para uso de sus habitantes; en el periodo paleocristiano es frecuente el enterramiento alrededor de edificios cultuales o martiriales, que con frecuencia se levantaron en estos lugares; la abundancia de material latericio del que hacer uso para las tumbas podría ser otra causa; también el ser un lugar señero para enterrar a los muertos de una comunidad, a la vez que un lugar tranquilo y deshabitado.

Tampoco podemos olvidar que la conversión al cristianismo del dominus de la villa puede dar cabida a un grupo cristiano y transformar el asentamiento.

En todo o en parte ésta pudo haber sido la historia de Compostela, si su desarrollo fue el de una villa romana. En el IX, el contexto era también similar a lo que estaba ocurriendo en otros lugares: se había conformado un espacio monacal o eremítico. Un lugar parecido a otros muchos donde hombres y mujeres, que pretendían seguir una vida según la regla, se habían retirado.

Estas gentes, solas o en colectividad, buscaban donde establecerse en un entorno que respondiese a unas características determinadas, y con frecuencia lo encontraban allí donde siglos atrás habían estado las villas: abundancia de piedra y otros materiales de construcción, buenas tierras de labor cercanas, agua abundante, ruinas de edificios suntuarios sobre los que tantas veces se edificarán iglesias románicas, haciendo para ello uso de las habitaciones absidiadas de los triclinia o de los oeci de las construcciones romanas.

Y en uno de estos lugares es donde el eremita Pelayo descubre lo que él considera la tumba de Santiago. El cómo, el cuándo y el por qué es otro de los interrogantes que esconde la Historia, pero esa es otra historia…

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