23 abril, 2014

Sant Fost descubre su retablo gótico

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En Sant Fost de Campsentelles, una pequeña localidad barcelonesa del Vallés Oriental, no sabían de su existencia. Al retablo gótico procedente de la ermita de Sant Cebrià de Cabanyes se le había perdido la pista hace 130 años, el mismo tiempo que hacía que había sido descolgado de una de sus paredes y había entrado en el mercado del arte, donde había acabado en manos de un coleccionista privado. Su historia es la misma de miles de obras de arte, sobre todo románicas y góticas, pero también de otras épocas que podemos ver en casi todos los museos, de las que es imposible conocer su lugar de procedencia.

A no ser “que se aparezca la Virgen”, como asegura que le ocurrió a Jaume Barrachina, uno de los mayores especialistas en arte medieval en Cataluña, además de director del Museo de Perelada. Durante un trabajo de investigación, Barrachina encontró un manuscrito realizado por el industrial textil y coleccionista Matias Muntadas, propietario del retablo durante décadas, en la que realizaba una relación de su magnífica colección.”En el texto, Muntadas dejó escrito la procedencia de unas cuarenta piezas, una de ellas el retablo de Sant Fost, que el Museo Nacional de Arte de Cataluña tenía perfectamente identificado como dedicado a Sant Cebrià, registrado y catalogado en uno de sus almacenes, pero del que no conocía su origen, como ocurre con muchas otras obras”, explica Barrachina. Y está en el MNAC porque la colección de Muntadas fue adquirida por el Ayuntamiento de Barcelona a sus herederos en 1957, pasando la mayoría de las obras a los Museos de Arte (luego MNAC) y, también, al Museo de Artes Decorativas.

Barrachina presentó su descubrimiento en una jornada de 2012 en Sitges sobre anticuarios, expertos y coleccionistas. “Los descendientes conservaban estos papeles fundamentales en los que nadie había reparado y que no se utilizaron en la realización del catálogo de la colección de 1931”, explica Barrachina desde la localidad turolense de

Calanda, donde procede precisamente otra bella virgen gótica que conserva el MNAC, que tampoco se sabía su procedencia hasta ahora. En las notas de Muntadas se puede leer: “Altar completo de Sant Cipriano. Fondos dorados y en relieve, lo mismo que las coronas y adornos de los vestidos. Compuesto de seis cuadros, más cinco del bajo altar. guarda polvos en relieve y dorado también antiguo casi todo. Procedente de Sant Fausto de Capcentelles”. En una de las fotografías conservadas de la vivienda de este coleccionista, en la calle Llúria 110, se puede ver el retablo instalado junto a bargueños y arcas medievales.

Para Barrachina la procedencia apuntada por Muntadas hay que considerarla cierta porque “formó su colección entre 1885 y 1910, en un momento en el que todavía salían piezas de origen, que todavía no habían entrado en el mercado del arte”. La última noticia del retablo en su ermita es precisamente de 1884.

Tras publicar la ponencia, Barrachina envió una separata al párroco de Sant Cebrià. “Y este lo pasó a la asociación local Centre d’Estudis Amics de Cabanyes que quedaron absolutamente consternados porque no tenían ni idea de su existencia”. Hace unos días, según explican desde el MNAC, miembros de la entidad visitaron el retablo y han encargado un estudio para publicarlo en el próximo número de su revista.

Según Barrachina la obra, pintada por un taller barcelonés de mitad del siglo XV, está en perfecto estado y tan solo habría que hacerle una limpieza superficial.

Por José Ángel Montañés en El País.