16 noviembre, 2018

¿Puede competir el Museo del Prado con los demás grandes de Europa?

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El año de los atentados del Bataclan y de Charlie Hebdo, el Museo del Louvre perdió un 25% de público. Los turistas le cogieron miedo a París y los parisinos, a las grandes aglomeraciones. «Si pienso en el agujero que nos haría a nosotros algo así, me quedo sin dormir toda la noche», dijo poco después Miguel Falomir, director del Prado, en una entrevista en EL MUNDO. Escuchar aquella frase causaba desasosiego: ¿no habíamos quedado en que El Prado, tan profesionalizado y tan excelente, era una máquina infalible?
Sí, en resumen sí, pero nunca se sabe qué calamidad nos espera al salir a la calle. ¿Cuáles son las fragilidades del Museo del Prado en 2018? Si le preguntaran a Falomir, seguro que diría que el dinero es su principal preocupación, como la de todo el mundo. Algunos datos: el museo cuenta, en 2018, con 49,7 millones de euros de presupuesto, un 7,58 % más que en 2017. De ese dinero, 15,4 millones llegaron de las administraciones del Estado (básicamente, del Ministerio de Cultura) y el resto del dinero se lo ganó el museo, vendiendo entradas, camisetas, cursos, cediendo cuadros y, sobre todo, logrando patrocinios.

15,4 millones no suena a mucho dinero, ¿verdad? «El Prado tiene una ley propia que le obliga a autofinanciarse, no al 100% pero sí en un porcentaje alto», explica la museóloga y profesora de la Universidad Complutense Isabel García. «Lo que le falta es una ley de mecenazgo digna».

Para aclararnos: el Museo del Prado lo tiene muy bien para captar patrocinios comparado con cualquier otra institución cultural española. Pero lo tiene mal comparado con los museos de otros países que están en su nivel y con los que en realidad compite. «Piense en los patronatos, por ejemplo. En el patronato del Prado hay representantes de las administraciones y muchos técnicos, profesionales que conocen el oficio. Y está bien que estén, no digo lo contrario. En cambio, en cualquier gran museo de Estados Unidos el patronato es un club de señores millonarios cuya misión es conseguir que otros señores millonarios pongan más dinero».

En Estados Unidos hay incluso museos que cotizan en bolsa. Son casos un poco extravagantes, pero indican cómo funciona un sistema más flexible. «Cualquier cuadro que entra en la colección del Prado se considera patrimonio de interés, inalienable. No se puede vender. En cambio, los museos americanos sí pueden vender un goya no muy importante para tener fondos y comprar uno goya mejor», explica Isabel García.

A cambio, el Prado tiene a papá Estado que lo cubre en los momentos puntuales. Por ejemplo, en el mercado. En un momento hiperinflacionista en el que hay jeques que pagan 400 millones por un cézanne, ¿ocurrirá pronto que al Prado se le escapen los cuadros de su especialidad que salgan al mercado porque los precios se hayan disparatado? «No es probable. El Prado tiene una ventaja que es la Ley de Tanteo y retracto. El Prado tiene preferencia para cualquier cuadro que salga al mercado en España. Y, de todas formas, lo que se ha desmadrado ha sido el mercado del arte contemporáneo, no el histórico. De momento, hacer una colección de arte religioso es casi barato», explica García.

El otro reto del Prado es no morir de éxito. Llenar sus salas sin que la masificación sea desagradable como pasa, por ejemplo, en los Museos Vaticanos. En los últimos 20 años, el museo ha pasado de 900.000 visitantes anuales a dos millones. Falomir ha dicho alguna vez que su techo admite 400.000 visitantes más al año. El Louvre anda por los ocho millones de visitantes pese a los atentados y la National Gallery, por los seis millones. Todos trabajan en la manera de mover a sus muchedumbres sin que nadie vuelva a casa sin migrañas.

Por Luis Alemany para EL MUNDO