19 diciembre, 2017

Protecturi les desea feliz Navidad

20171216_190056_LLS

“Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien”

Antonio Machado

Volver a las fuentes debería ser un ejercicio, no sólo de humildad sino de generosidad, para proyectar en el futuro los aprendizajes del presente. Qué mejores fechas para tal empresa que los últimos días de diciembre, de luz menguante y largas horas para la reflexión.

Nada ni nadie escapa a los efectos de la complejidad de los escenarios sociales actuales. Ya sea a escala mundial, nacional o local, esa complejidad nos aborda cotidianamente con una densidad de información y una velocidad de procesamiento inauditas. Nunca como en este momento histórico, de perpetua conexión, los seres humanos hemos sido conscientes de que más allá de la ingente profusión de datos, lo que se debe imponer es el criterio del conocimiento.

¿Cómo enfrentarnos a ello como profesionales?

Muchas veces hemos hablado de la necesidad, como responsables de la seguridad del patrimonio cultural, de abordar el paradigma emergente con una perspectiva que nos haga competentes en los retos de los escenarios híbridos. La frontera entre lo analógico y lo digital se disuelve, transformado las responsabilidades y tareas clásicas en un corpus que nos incita a trabajar el universo tangible de las obras y con el análisis multidisciplinar de lenguajes más próximos a la cibernética. Ese espacio de “frontera” dinámico y lábil no puede ser un asentamiento de prejuicios que nos impida hacer diagnósticos adecuados de las necesidades de nuestros equipamientos.

En los principios fundamentales registrados en los estatutos de Protecturi, se recoge qué, como profesionales y colectivo, debemos mostrar:

“La firme y decidida voluntad de estar en la vanguardia de los análisis, reflexiones, la formulación de propuestas/medidas y alternativas que tengan por objeto remover los obstáculos, de todo tipo, que impidan o limiten el acceso al conocimiento del pasado a través de las obras de arte, restos arqueológicos y los fondos bibliográficos, en cualquier ámbito o zona geográfica.”

Este principio puede parecer un desafío inalcanzable si no somos capaces de escalarlo a la realidad de nuestro entorno. Haciéndome eco de las palabras del gran poeta Antonio Machado, toda aportación que se haga en aras del bien, en este caso común, puede ser piedra angular en la protección del patrimonio cultural. No hay experiencia menor, sólo hay que saber verla como un factor de conocimiento colectivo. Quizás no tengamos los recursos tecnológicos de última generación, sin embargo, tenemos la oportunidad de activar nuestros conocimientos como valor añadido para nuestro colectivo y organizaciones afines.

Por delante, tenemos retos que tienen una dimensión cotidiana, y al tiempo estructural. A modo de anotaciones para nuestra agenda profesional, yo destacaría las siguientes para el próximo año:

1. Seguir trabajando en aras de una cultura de la seguridad que integre a todos los agentes involucrados, directa o indirectamente, en la seguridad del patrimonio cultural común.
2. Persistir en la línea de vertebrar y canalizar, de forma sistemática y sistémica, los problemas y alertas derivados de los contextos sociales y de los actos delictivos.
3. Alertar sobre los riesgos, las amenazas y las vulnerabilidades de nuestros equipamientos y del sector.
4. Continuar con nuestra labor de concienciación sobre el impacto de dichos riesgos, para canalizar iniciativas, sugerencias y propuestas ante las correspondientes administraciones, instituciones, organizaciones o sus representantes.
5. Impulsar la cooperación activa de los profesionales de la seguridad del patrimonio cultural con los representantes y responsables de las administraciones, instituciones, universidades, organizaciones vinculadas al estudio, la difusión y la protección del patrimonio cultural.

Como miembros de Protecturi, el 2018 nos presentará un cambio de escenario. El ciclo que empezó en Ávila toca a su fin con el inicio del proceso de elecciones para cambiar el presidente y a los miembros de la junta. Se abre otra etapa en la que nuevas miradas, nuevos enfoques nos guiarán en los escenarios de futuro.
Desde aquí mi agradecimiento a quienes durante este tiempo han confiado y acompañado nuestro caminar.
Como es tiempo de formulación de deseos, esperemos que durante este año se haga efectiva la aprobación del reglamento de la seguridad privada. Sin duda, una pieza clave para el desarrollo de nuestra labor.
Y un último deseo personal. Que los móviles suenen los menos posible para que podáis compartir con vuestras familias estos días entrañables.

Feliz Navidad y un protecturiano 2018.