21 julio, 2015

¿Por qué hay que rescatar a la Real Fábrica de Tapices?

Paradoja sería la palabra que mejor define la situación por la que atraviesa la Real Fábrica de Tapices. La centenaria institución, fundada en 1721 por Felipe V, vive un futuro incierto en el que está en juego su continuidad. De hecho, muchos de sus trabajadores hablan precisamente de “peligro de extinción”. La bipolaridad que viven pasa, por un lado, por el concurso de acreedores que ha solicitado esta semana su patronato ante unas deudas de más de 5 millones de euros y el impago de cuatro nóminas y dos pagas extraordinarias a sus 50 empleados y, por otro, un volumen de encargos tal que han tenido que rechazar pedidos por la falta de personal y de materiales.

“El concurso es una situación de riesgo porque puede conducir al cierre de la fábrica, pero confiamos en que las Administraciones [la fundación que la gestiona está formada por el Ministerio de Cultura, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de la capital] pongan de su parte para evitarlo. Es verdad que se ha llegado a un punto de deuda y una situación de quiebra real que parece que ha hecho inevitable llegar al concurso de acreedores. La situación paradójica es que pasa en un momento en el que estamos superados por encargos”, explica Antonio Sama, conservador de la institución.

Si piensan en la Real Fábrica de Tapices probablemente les venga a la cabeza los cartones de Goya (por los que, por cierto, cobró 8.000 reales) y poco más. Pero la importancia de esta institución radica en que es única en el mundo, a excepción de las francesas de los Gobelinos y Aubusson, que sigue conservado la manufactura artesanal de alfombras, tapices y reposteros, además de la importante labor de conservación del patrimonio textil español desde hace más de tres siglos y la perpetuidad de un oficio prácticamente desaparecido.

Por El Confidencial.