10 abril, 2013

Póquer de ases imbatible en la Historia del Arte Universal

Una joven, ante «El gran masturbador», de Dalí, en el Pompidou. / AFP

Si de algo podemos presumir y sacar pecho los españoles sin miedo a caer en el chovinismo es de tener una nómina apabullante de pintores. No están aquí todos los que son: tan solo cuatro de ellos, un póquer de ases ganador, los galácticos del arte. Decía el crítico de arte Robert Hughes que «cuando uno habla de arte español enseguida le vienen a la mente cuatro nombres: Velázquez, Goya, Picasso y Dalí». Nadie los conoce por sus nombres; sus apellidos bastan y sobran para ser admirados en todo el planeta. Millones de personas hacen colas a diario en los grandes museos para reverenciarlos, cual dioses modernos y, de paso, adquirir en sus tiendas un souvenir a modo de reliquia sagrada.

Velázquez: el maestro

Velázquez cuenta, incluso, con su propia capilla en el Prado, la Sala XII, cuyo «altar mayor» está presidido por «Las Meninas», una de esas obras de arte que hace tiempo dejaron de serlo para convertirse en mito. El maestro nació en Sevilla en 1599, pero fue en Madrid, en la Corte de Felipe IV –amén de dos viajes a Italia, donde descubrió la pintura de Tintoretto, Veronés y Tiziano, que se le metió hasta el tuétano–, donde derrochó todo su talento. Retrató a reyes, plebeyos y bufones con la misma maestría. «¡Troppo vero!», exclamó el Papa Inocencio X al ver su alma incrustada en su retrato, el mejor de la Historia de la Pintura.

Nadie como Velázquez ha pintado con tanto amor el cuerpo femenino. Su «Venus del Espejo» es, según Sorolla (y medio mundo), el trozo de carne más hermoso. Su virtuosismo parece de otro planeta, como demostró en «Las Meninas», un prodigio. A partir de entonces, la Historia del Arte ya no sería la misma. Explicaba Alfonso E. Pérez Sánchez que, «dotado de una retina portentosa, Velázquez posee una mano infalible que detiene la realidad suspensa en un instante de vida fulgurante». Así ocurre en «Las hilanderas», «La rendición de Breda», su sobrecogedor «Cristo crucificado»… Sabemos muy poco de su vida. Sí que quiso ascender socialmente. Y lo logró. Fue nombrado caballero de Santiago. En los últimos años el mercado se ha inundado de obras atribuidas a él. Murió en Madrid en 1660.

Goya: el enérgico

Ochenta y seis años después (en 1746), en un pueblo aragonés (Fuendetodos), nació Francisco de Goya y Lucientes. Siempre enérgico e impulsivo, poseía una imaginación desenfrenada. Pintor muy prolífico, Goya fue, para muchos, el último de los maestros antiguos. Para otros, el primer artista moderno. Quizás todos tengan razón. Fue lo uno y lo otro. Pintor de Corte con Carlos IV –el retrato de la familia de éste es su respuesta a «Las Meninas»–, tuvo a Godoy como su mejor cliente. Corrieron ríos de tinta sobre su relación con la duquesa de Alba, a la que pintó en dos magistrales retratos. Pero, en contra de la leyenda popular, no es la modelo de sus dos Majas (vestida y desnuda).

Robert Hughes sitúa a Goya como el primer reportero gráfico de guerra moderno. Basta con ver dos de sus obras maestras:«La carga de los mamelucos» y «Los fusilamientos del 3 de mayo», cuyas «heridas de guerra» fueron sanadas en el Prado. Gran aficionado a los toros, fue uno de los mejores grabadores de la Historia. Son un prodigio de genialidad sus «Caprichos», «Desastres de la Guerra», «Tauromaquia» y «Disparates». También, sus autorretratos, así como sus enigmáticas pinturas negras, que realizó en la Quinta del Sordo. Murió a los 82 años en el exilio en Burdeos en 1828.

Picasso: el caníbal

Siglo y medio después también falleció, exiliado en Francia (en su casa de Notre-Dame-de-Vie, Mougins), Pablo Picasso. Fue el 8 de julio de 1973. Hace hoy 40 años. Tenía 91. Tiempo más que suficiente para que este malagueño pusiera patas arriba el mundo del arte. Su intensa vida ha despertado tanto interés como su deslumbrante obra. De hecho, una y otra se funden continuamente. Musas y modelos, convertidas en amantes, esposas y madres de sus hijos: Fernande Olivier, Eva Gouel, Olga Khoklova, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar, Françoise Gilot, Jacqueline Roque…

Según su nieta Marina, «fue un caníbal, necesitaba carne y sangre humanas para pintar». Fue un genio, una fuerza de la naturaleza que se llevó todo y a todos por delante para poder crear. Su trabajo se tornó azul y rosa, logró que la pintura moderna naciera gracias a cinco prostitutas –señoritas de Aviñón, para más señas–, llenó sus lienzos de acróbatas y saltimbanquis, inventó el cubismo, reinventó la cerámica y mil cosas más. Las musas siempre le pillaron trabajando.

Al igual que Goya, fue un gran taurino (amigo de Luis Miguel Dominguín). Y como él sintió la necesidad de pintar los horrores de la guerra. Lo hizo en blanco y negro. Nació el «Guernica», todo un símbolo. Los coleccionistas suspiran por tener una obra suya, fulmina todos los récords en subastas, cuenta con museo propio en París, Antibes, Barcelona, Málaga… Y hasta su barbero y amigo, Eugenio Arias, le dedicó uno en Buitrago del Lozoya. Su escultura «La dama oferente» vela su tumba en el castillo de Vauvenargues.

Dalí: el genio loco

«Cuando tenía 6 años quería ser cocinero y a los 7 Napoleón. Desde entonces mi ambición ha ido aumentando sin parar». Quien habla es Salvador Dalí. Nació en Figueras en 1904. Se tomó tan al pie de la letra el surrealismo que acabó siendo expulsado del grupo por ser excesivamente surrealista. ¿Loco o genio? Su trabajo es una genial locura: sus relojes se derriten, sus teléfonos se metamorfosean en langostas, sus sofás tienen forma de labios… Las moscas campan a sus anchas en sus cuadros. Breton jugó con su nombre y apellido y le rebautizó «Avida dollars».

Genio de la publicidad, consagró su personalidad a crear una imagen de marca: excéntrico hasta el extremo, lucía larguísimos bigotes. Fue amigo de Lorca y Buñuel. Solo tuvo una musa a la que adorar, Gala, que arrebató a Paul Éluard. «Ella fue mi Gradiva, la curandera de mis miedos, la conquistadora de mis delirios». Su vida transcurrió entre Figueras –lleva su nombre un teatro-museo–, Cadaqués y Portlligat, además de Púbol, donde compró un castillo para Gala. El Rey le nombró marqués. Murió en 1989. Una gran antológica en el Reina Sofía a partir del próximo día 24 resucitará al genio loco.

Por Natividad Pulido en ABC