7 mayo, 2014

Museo Sorolla

sorolla-1

Presentación: EXPOSICIÓN DE SOROLLA

En el último tercio del siglo XIX en Francia nacía el Impresionismo una nueva forma de entender y sentir la pintura, que muy pronto haría tambalear las normas y gustos que dirigían el mundo del arte. Mientras España se encontraba sumergida dentro de un arte academicista, que no ayudaba a que entrasen nuevas renovaciones artísticas. Será en este momento cuando empiecen a destacar en el panorama nacional un conjunto de pintores que se distinguían por una manera peculiar de pintar. De esta forma se formó la llamada Escuela Valenciana, que con el tiempo contribuyó a la renovación de las artes pictóricas españolas de la época.

Y en este contexto de búsqueda de nuevos horizontes surgirá la figura excepcional de Joaquín Sorolla, que no sólo se convirtió en la perfecta culminación de la fértil y completa escuela pictórica. Sino que con su particular manera de pintar, sobrepasó los límites locales para convertirse en un referente pictórico a nivel internacional.

Hombre tenaz, coherente y metódico, fue capaz de crear una pintura llena de personalidad propia. Abandonó la dictadura artistica de la época, para poco a poco ir configurando su propio estilo. Persiguió a lo largo de toda su trayectoria un tipo de pintura realista pero dejándose llevar por algunos de los principios técnicos impresionistas como la factura espontánea, la fidelidad a la pintura al aire libre y una temática anecdótica, sencilla pero sin pretensiónn didáctica.

Artista prolífico destacará por su larga y regular carrera, sus inicios serán academicistas, pero este arte no le aseguraba un lugar destacado dentro de las corrientes estéticas de la época, aunque esto no sería ningún impedimento para el maestro que con su talento e ingenio supo buscar su sitio. Iniciado en el realismo de clara influencia Velazqueña e influido por pintores como Francisco Domingo o Emilio Sala, tardará unos años en descubrir su verdadera personalidad, un camino encontrado en la observación de la realidad, en el que la luz se convierte en la principal protagonista. Creando un estilo luminoso, espontáneo y colorista.

Uno de los mayores atractivos de toda su obra reside en la magistral utilización del color blanco que con la superposición de tonos, normalmente a través de veladuras, infunde a su pintura una iluminación deslumbrante. Su utilización magistral sería uno de los grandes logros de su pintura, porque el empleo de este color le permitía la captación de la luz natural.

Esa luz se convierte en la protagonista de la obra, gracias al virtuosismo de un artista que como nadie era capaz de crear al aire libre, con esa mirada atenta al natural sin otro objetivo que su registro fiel.

Sin olvidar que a esa mezcla perfecta de luz y virtuosismo compositivo le acompaña una acertada factura espontánea, nerviosa, empastada. Una pincelada larga que construye el cuadro con grandes manchas de color rebosantes de materia, mientras que también es capaz de recrearse en la captación del movimiento de las figuras o los grandes planos de color sintetizados con una audacia casi decorativa. Y con perseverancia y estos componentes fue definiendo un espacio propio en el panorama artístico.

Sorolla se convirtió en el claro ejemplo de hombre que se ha hecho a sí mismo, había nacido en 1863 en el seno de una familia modesta, se quedará huérfano con tan sólo dos años, siendo acogido por sus tíos, su infancia no sería fácil. Pero eso no fue un impedimento para que el maestro abandonase su empeño de hacerse un hueco en el mundo de la pintura. Desde niño mostraría gran interés por el dibujo, y aunque nunca se sintió atraído por los estudios siempre destacó por su virtuosismo artístico. Estudiaría en la Academia de Bellas Artes de Valencia, donde logró ser pensionado en Roma, allí se empapa del arte italiano pero también aprovecha para escaparse a París y ver como la pintura estaba cambiando.

A su vuelta a España dejará atrás los cuadros de historia para dedicarse a escenas costumbristas y de género con cierto matiz social. En estas obras se recrea en la variedad expresiva de los rostros, acentuando la carga emotiva y anecdótica de las escenas, mientras que los recursos técnicos nos acercan a la influencia del naturalismo barroco. Al mismo tiempo que se empieza a ver una pincelada más suelta y una clara observación de la luz, que pronto marcará toda su trayectoria.

El éxito no se hace esperar, y a principios del siglo XX el estilo del valenciano empieza a consolidarse. Continúa en un costumbrismo marinero, en el que la luz y el mar serán el centro de su obra, pero en el que ya vemos un cambio técnico de gran relevancia, la utilización de la pincelada larga, empastada que le permite construir el lienzo a través grandes manchas de color y materia.

Su primera exposición individual se inauguró en París el 11 de Junio de 1906, en las salas de La Galería George Petit, una de las galerías de mayor prestigio de la época. En la que alcanzó grandes éxitos tanto en lo que se refiere a las ventas como a la crítica. Entre las críticas recibidas destacaremos la del político y escritor Henri Rochefort: “Ha nacido un magnífico pintor. Desgraciadamente no ha sido en Francia (…) No conozco pincel que contenga tanto sol (…) Nunca antes los ocres y verdes húmedos de las rocas se habían perfilado sobre el cielo con tal intensidad. Esto no es Impresionismo, pero es increíblemente impresionante”.

Era el principio de una carrera imparable, y plagada de éxitos. Y es que Sorolla había creado una forma de pintar particular, donde la modernidad y la tradición se completaban, donde los encuadres eran audaces y el poder recaía en la luz que dirigía decididamente al color.

Su pintura siempre se caracterizó por el protagonismo de la figura, niños, mujeres y pescadores moviéndose en un espacio exterior luminoso lleno de vida que nos acerca al impresionismo, pero que se aleja de él porque son escenas en las que nunca abandona la carga emotiva de la pintura de género, aunque el carácter narrativo sea mínimo. Y es en esa mezcla donde radica su encanto.

Logra darle unidad al conjunto gracias a la intensidad y concentración de su inconfundible registro de la luz, quizás por esta predilección llegó a afirmar que no le gustaba pintar retratos si no eran al aire libre. Pero ello no le impidió ser uno de los retratistas más cotizado de su tiempo, retratos que destacaron por su humanidad y distinción de alguno de sus modelos. Pero sobre todo por tener un sentido de lo inmediato muy acusado y de los que se llega a decir que parecen ser captados con un objetivo fotográfico en el mismo espacio del espectador.

La fama internacional le lleva a uno de sus grandes proyectos, en 1912 Sorolla se compromete a decorar la Biblioteca de la Hispanic Sociaty of America, donde plasmará todos los rincones de la geografía hispana con su estilo espontáneo y luminoso. Dejó en este último encargo la gran prueba de su estilo personal, una forma de crear que le consagró como uno de los coloristas más famosos de su época.

Pocos años después de finalizar este gran proyecto Sorolla fallecía, convertido en uno de los artistas más cotizados de su tiempo, el creador único, de un universo optimista bañado por la luz.

Toda su obra es muestra de una vida entregada al arte, una obra que hoy en día sigue despertando en el espectador la misma admiración e interés hacia una artista que, conquistó toda una época porque nunca abandonó su deseo de adelantarse y superarse a sí mismo. Con un arte que fue mucho más allá que el intento de pintar la realidad. Porque como muy bien afirmó el escritor Blasco Ibáñez al ver una de sus obras: “Aquello no es un cuadro, es la realidad…Aquello no es pintar: es robar a la Naturaleza la luz y los colores”.

INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE

Dirección

General Martínez Campos, 37
28010 – Madrid

Teléfono: (00 34) 91 3101584
Fax: (00 34) 91 3085925
Correo electrónico: museo.sorolla@mecd.es

Horario

De martes a sábado: de 9:30 a 20:00 h. ininterrumpido

Domingo y festivos: de 10:00 a 15:00 h.

Cerrado: todos los lunes del año, 1 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre, y dos festivos locales.

Recomendamos al público que si quieren disfrutar con más comodidad de la visita la hagan por la tarde ya que durante la mañana hay más afluencia de grupos y escolares.

Condiciones de entrada

Precio de la entrada: 3 €
Tarjeta de acceso anual: 25 €
Precio reducido: 1,50 €
-Grupos constituidos por 5 ó más miembros y previa solicitud con 15 días de antelación.
-Voluntario cultural o educativo, constituidos por 20 o más miembros, previa solicitud.

Entrada gratuita:
– Sábados de 14:00 a 20:00
– Todos los domingos.
– 18 de abril. Día del Patrimonio Mundial.
– 18 de mayo. Día Internacional de los Museos.
– 12 de octubre. Fiesta Nacional de España.
– 6 de diciembre. Día de la Constitución Española.
– Menores de 18 años.
– Mayores de 65 años.
– Pensionistas.
– Personas con discapacidad y la persona que lo acompañe,
siempre y cuando ésta sea imprescindible para que aquél pueda realizar su visita.
– Titulares de carné joven o documento equivalente de cualquiera de los Estados miembros de la Unión Europea.
– Estudiantes Universitarios.
– Personas en situación legal de desempleo.
– Miembros de familias numerosas.
– Personal docente.
– Guías oficiales de turismo.
– Personal adscrito a instituciones museísticas.
– Extranjeros en situación legal de residencia (previa presentación del documento acreditativo correspondiente).
– Miembros de las siguientes asociaciones: ANABAD, APME, AEM, FEAM.
– Miembros del ICOM.
– Miembros del Patronato.
– Miembros de la Asociación de Amigos del Museo.
– Donantes de bienes culturales en el museo.
– Voluntarios culturales del museo.

Visita en grupo:
– Se recomienda concertar la visita en grupo con un mínimo de 15 días de antelación.
– Atendiendo a la seguridad de las colecciones, cada grupo estará compuesto por un número máximo de 20 personas acompañadas de un responsable.
– Para concertar visitas de grupo: 913101584
museo.sorolla@mecd.es