20 enero, 2014

Museo de América, visto para sentencia

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A veces la simplicidad es sencillamente incomprensible. ¿Es posible seguir defendiendo el acceso libre a la cultura reduciendo un museo a la mitad de sus posibilidades? El Museo de América perderá 18 vigilantes de sala y cerrará la mitad del día. Volverá a desarrollar su propuesta museográfica únicamente por las mañanas y a tener al público escolar como único visitante. Hace dos semanas, la directora del centro, Concepción García Sáiz, recibió una llamada de Enrique Varela, subsecretario de museos estatales, para comunicarle las decisiones del Ministerio de Cultura.

No ha vuelto a saber nada más de la nueva situación, no sabe si se ejecutará dentro de unas semanas, dos meses, el año que viene. Tal y como ha podido saber este periódico por fuentes de la institución, tampoco sabe cuál es el presupuesto asignado para la temporada que ya ha empezado. Es probable que se lo den a finales de febrero. ¿Puede un museo programar sus actividades de un año sin conocer cuánto van a recortarle?

En los últimos cuatro años el Museo de América ha perdido un 70 % de la asignación con la que tiene que vivir. A cambio, la institución ha devuelto el recorte con un crecimiento en visitas del 50,2 %. Una escalada espectacular, insólita entre el resto, pero insufiente para el Ministerio, que cree que “se ha podido comprobar que la ampliación de horario a la tarde no ha tenido los resultados esperados en cuanto a demanda ciudadana”. Así se lo explicó a este periódico.

Quizás se referían a que el Director General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Jesús Prieto, no ha pasado nunca por el centro desde que asumió el cargo de máximo responsable de los museos estatales hace ya dos años. Además, alegaba la Secretaría de Estado de Cultura que por las tardes sólo pasaban 51 personas, a lo que le contestan las fuentes del Museo de América que, de ser así, eso supone al año casi 12.000 personas, que como para perderlos.

No hay dinero ni para pagar el gasóleo de la calefacción. Los dos vigilantes apostados en el acceso a la sala donde se encuentra la recreación de un gabinete de historia natural del siglo XVIII hoy no se han puesto el abrigo para trabajar. No se muestran contentos con su situación laboral, pero avisan que irá a peor, porque con cada nuevo jubilado una extinción.

El Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas no contrata a nadie. Prefieren reciclar chóferes, lástima que ellos prefieran seguir como están. Hay que conformarse con la ausencia o con un trabajador temporal, contratado por empresas privadas. “El futuro no es del Estado”, dice uno de ellos, durante su turno a las puertas de uno de los pasajes más espectaculares de la colección permanente de la institución.

En las vitrinas que acumulan los tesoros y las rarezas coleccionadas de estos aposentos de excéntricos y curiosos, se guardan las primeras noticias de las Indias: pájaros disecados traídos de allá, armas, collares, cerámica… materiales orgánicos y muy delicados. Hace algo más de un año se jubiló una de las restauradoras del equipo y sólo cuentan con la restauradora de pintura para hacer todas las labores de conservación, más dos ayudantes.

Obviamente, en un museo etnográfico como éste, con más de 20.000 piezas en sus fondos (se muestran algo más de un 10%), la parte de pintura no es la mayoritaria. Hay plumas, cerámica, dientes de bichos en armas… Necesita más cuidados que una escultura azteca de piedra. Ante la desolación reaccionan con la virtud: si no se puede restaurar, se hará “conservación preventiva”, que quiere decir que entre las tres personas se dedican a mantener sanas y a salvo de la suciedad esos miles de objetos.

Contra las plagas, contra la humedad, contra el frío. Para defenderse de esto último deberían tener gasóleo para la calefacción. Entonces, queda la españolada universal: cruzar los dedos y rezar para que no pase nada. Poco ayuda el edificio, un monstruo gigante de casi 30.000 metros cuadrados levantado en los años cuarenta a base de pobreza. Es lo que había, ladrillo. ¿Y lo que hay? La mitad del dinero para pagar las horas de mantenimiento de lo que había hace un par de años. El paso del tiempo no da treguas.

Sólo tiene una restauradora de pintura y dos ayudantes para hacer frente a la conservación de las más de 20.000 piezas de materiales orgánicos, propios de un museo etnográficoLa pobreza es la mayor de las soledades, pero no tiene por qué ser la mayor de las fealdades. El patio interior baña de luz el interior, aunque en las salas se haya preferido una oscuridad íntima y escénica. Hay salas grandes, todas están en alquiler, pero el museo no saca nada por ellas. Las enseña, las ofrece, atiende a los clientes interesados en estos espacios para sus presentaciones de productos y todo va al Tesoro, a la caja única. Al cacillo del museo no le cae ni un duro.

Si usted mismo quisiera donar mañana uno de sus millones de euros al Museo de América o al del Traje o al Cerralbo o al del Romanticismo o al Sorolla o al Antropológico, no podría. Todo se iría al “fondo común”. Estos centros estatales ni tan siquiera pueden gestionar el dinero de las entradas vendidas. Cada 15 días llevan la recaudación al banco y hacen un ingreso al Tesoro Público. Es el futuro, como decía aquel vigilante, lo que tarda en llegar.

Es en esas salas maravillosas, altísimas, con unas bóvedas de crujías preciosas, donde no se pueden montar exposiciones temporales, porque no hay dinero. El museo recibe ofertas para formar parte de itinerancias de muestras que ruedan por todo el mundo desde Latinoamérica, pero la respuesta siempre es la misma desde el Ministerio de Cultura: “No”. Si surge la oportunidad, como con la que ahora se puede ver del fotógrafo Manuel Álvarez Bravo en la que los herederos se encargan de todo, el museo pone la sala y el personal y el Ministerio el diseño y producción de la cartelería…

La cafetería lleva dos años cerrada. Cuando se cumplió el anterior contrato no se renovó y todavía siguen a la espera de que salga a concurso la licitación. Desde el Ministerio, inexplicablemente, vuelven a dar largas. Es bueno que sepan, si es que no han ido nunca a visitarlo y un día deciden hacerlo y a la salida quieren tomar un refrigerio, que lo más cercano al Museo de América es, por un lado, ese faro inmenso que remata Moncloa y que lleva cerrado desde que lo abrieron, y, por otro, el Hospital Fundación Jiménez Díaz y el Hospital Clínico San Carlos. La cafetería es la pieza clave de un museo, después de la tienda de suvenires y los aseos. Por este orden.

Los estudios que el propio Ministerio de Cultura ha realizado sobre el museo determinan que el mayor problema que tiene es su mala ubicación en la ciudad. Los visitantes se quejan en ellos de la falta de señalización exterior. No saben encontrar el museo, no saben cómo llegar. Hay hasta dos barreras de aparcamientos de otras instituciones que hay que atravesar para llegar a la puerta principal. Hoy, si no se tuerce el plan, habrá dos operarios clavando en el suelo tres tótems de tres metros de altura con el logotipo a la espera de que actúen como miguitas (gigantes) de pan.

En estos informes, que al parecer el propio Ministerio ha debido ignorar al tomar la decisión de acabar con el museo por la tarde, se aclara que es el que tiene “mayor resonancia internacional”, el que más duración por visita registra de todos los museos estatales (retiene a sus visitantes una media de 1h 45’, es que es grande). Las visitas también piden ampliar el horario más. Tendrán que conformarse con encontrarlo abierto por las mañanas.

El objetivo mayor en la crisis de los vigilantes de los museos estatales es el Museo Arqueológico Nacional, como ha confirmado la Secretaría de Estado de Cultura a El Confidencial. Hecho que había quedado confirmado con la retirada de 34 vigilantes de cuatro museos (Museo del Traje, Cerralbo, Artes Decorativas y América) para recolocarlos en tres (Museo Sorolla, Romanticismo y Antropología). Castigar unos para premiar otros, ese es el plan del Ministerio.

La simplicidad vuelve a chocar con la sencillez y el sentido común, cuando uno lee en el cacareado Plan Estratégico General 2012-2015por su creador, José María Lassalle, Secretario de Estado de Cultura. Entre las primeras referencias aparece el siguiente objetivo: “Impulsar la cultura como elemento esencial de proyección exterior de la marca España”. ¿Imaginan qué parte del mundo se establece como prioridad? Efectivamente, América. Bueno, Iberoamérica. Y la estrategia es “fomentar la proyección internacional y el conocimiento de las fuentes de la historia compartida de España con Iberoamérica, Europa y otros países del Mediterráneo”.

No se vayan todavía, aún hay más ironía: “Fomentar la comunicación cultural entre los países del ámbito iberoamericano”. Más estrategias que quedan en el ridículo después de la retirada del apoyo del Ministerio al Museo de América: “Consolidar los lazos con el espacio cultural iberoamericano de las artes escénicas y musicales a través de los programas Iber”. No se pierdan ésta: “Fomentar la proyección internacional y el conocimiento de las fuentes de la historia compartida de España con Iberoamérica, Europa y otros países del Mediterráneo”.

A veces este país es difícil de comprender, pero mucho más de explicar. Una vez más, los pasos de la política hacen imposible la consolidación de un proyecto cultural, cuyos tiempos y ritmos no mueren a los cuatro años. El Museo de América necesitaba más tiempo. El primer éxito habría sido su definición y promoción, aunque sólo sea para dejar de confundirlo con la Casa de América.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.