23 marzo, 2011

Mujer sosteniendo un jarrón de Fernand Léger

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Laura Pais Belín

Autor: Fernand Léger.
Cronología: 1927
Localización: Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York.
Hasta el 15 de Mayo 2011 en el Museo Guggenheim de Bilbao, en la Exposición Caos y clasicismo: arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936.
Técnica: óleo sobre lienzo.

img_Joya_LegerEn los inicios del siglo XX las artes figurativas experimentaban una profunda transformación, una época en la que se quiere romper por completo con la idea de que el arte sólo puede ser la fiel reproducción de la realidad. Esta nueva propuesta pedía a gritos un cambio, abandonar la imitación de la naturaleza para centrarse en el lenguaje de las formas.

De esta forma toda una generación de artistas se dedicarán a traducir en sus obras las concepciones intelectuales y sociales de un momento histórico, por lo tanto serán los cambios científicos, políticos y sociales los que exijan al arte esa nueva forma de afrontar la realidad.

Esta búsqueda de innovación desembocó en el nacimiento de las llamadas vanguardias históricas, toda una serie de movimientos artísticos que se desarrollan desde principios de siglo hasta la Segunda Guerra Mundial, y que desde su nacimiento promovieron nuevas orientaciones en las artes plásticas. El lugar donde nacen, en aquel momento no podía ser otro que París la capital de la luz y del mundo artístico, desde allí, se extenderán a toda Europa y finalmente hacia América.

Con las vanguardias desaparecieron los grandes estilos que se habían desarrollado a lo largo de toda la historia del arte, son movimientos que se suceden rápidamente en el tiempo o que incluso son simultáneos entre ellos, defienden diferentes fundamentos estéticos pero todos proponen innovaciones radicales y si hay algo que les une es la libertad de expresión. Durante esta época se producirá la mayor revolución estética de la historia, en la que no podemos olvidar que la popularización de la fotografía y el cine ayudaron a alterar y variar por completo los intereses de la pintura.

Se vivirá en el mundo del arte una etapa de continuo y convulso cambio, en el que el objeto artístico y su representación fueron sometidos a toda una serie de modificaciones. Será geometrizado por el Cubismo, soñado por el Surrealismo, reducido a color por el Fauvismo, distorsionado por el Expresionismo, vibrado enérgicamente por el futurismo hasta ser eliminado definitivamente por el arte abstracto.

Ésta fue la interesante y agitada crónica de las vanguardias, y reflejo de esta época y de esta intensa  búsqueda de innovación surgieron grandes personalidades artísticas como la genialidad incomparable de la figura de Fernand Léger.

Nacido en Argentan, Normandía en 1881 en el seno de una familia campesina, desde niño tendría una fuerte inquietud plástica. Muy jovencito se iría a París donde trabajaría como dibujante de arquitectura y retocador fotográfico, al tiempo que estudiaba en  la Academia Julian, y disfrutaba de su tiempo libre visitando asiduamente el Museo del Louvre, donde se empapaba de la pintura de los clásicos. Aunque al igual que muchos de los pintores de su generación debería su formación a la esencia del Impresionismo.

Léger desempeñó un papel esencial en el desarrollo de las vanguardias de comienzos de siglo. Atraído por la irrupción del Cubismo en el panorama artístico, no seguiría los caminos innovadores de Picasso y Braque, sino que a ellos sumó las influencias de la tradición. Partiendo de la vanguardia cubista configuró un lenguaje diferente y personal que transformó su época pero que también dejó una fuerte impronta en generaciones posteriores.

Realmente su andadura artística comenzó en 1900 cuando el maestro francés llegaba a la capital francesa fascinado por el poder de la ciudad. Cautivado por el espectáculo de la vida moderna, tiene la oportunidad de entrar en contacto con el medio cultural de la capital. Y muy pronto comienza a relacionarse con todos los artistas que llegaban de toda Europa para sumarse al espíritu de revolución que allí se vivía.

Curioso y atento a lo que  ocurría a su alrededor se acercó a todas las novedades pictóricas, fue testigo de cómo el Impresionismo vivía sus últimos días y como el pintor Cézanne descubría nuevos caminos y vías rupturistas en la pintura. Mostrando todos sus descubrimientos en una exposición  retrospectiva en 1907, en la que Léger se quedará profundamente sorprendido ante una nueva fórmula pictórica de mostrar la realidad.

De Cézanne aprende en esta época a construir el tema estructurándolo a partir de las figuras geométricas, al principio esto será el inicio de una vía de cambio pero con ello lo que buscaba era modificar radicalmente la pintura afirmando su posición moderna y encontrando su propio camino. En su personal Cubismo no repara en utilizar el color en el lienzo, brillante, plano y principalmente primario. Su color es diferente ya que el color que los cubistas han suprimido de sus obras aparece en Léger con gran exhuberancia mostrando un gran gusto por el contraste pero respetando la plenitud de la composición.

Optimista y defensor de ideas nuevas, admiraba el papel de la máquina en la vida cotidiana y por esta pasión acercaba la modernidad a su pintura a través de la representación de todos los objetos que generaba la civilización industrial.

Su espíritu independiente y su genialidad le llevan a interesarse por el cine, la fotografía, los ballets, la escenografía, la música, la arquitectura. Para él todo ello intenta definir el marco de la vida moderna y por eso se deja llevar  por todas las influencias que le llegan del ámbito de la cultura.

Pero también por la luz, el movimiento y sobre todo el color de la ciudad, insiste en el papel tan importante del color en el espacio que se muestra en las calles, en los transportes, en la publicidad. Mira las formas y los colores de la ciudad, las observa, se inspira de ellas y las lleva a sus cuadros, pero nunca las copia sino que las reinterpreta en su  personal esencia.

Su experiencia en la Primera Guerra Mundial es fundamental, esta etapa le dio enseñanzas muy valiosas, tanto en el ámbito humano como por su admiración por las cualidades plásticas de la máquina que se había convertido en la protagonista indiscutible de su obra. Pero en 1920 la figura humana regresa a sus composiciones. Inicia una nueva etapa donde el cuerpo humano adquiere gran relevancia, ganando en monumentalidad y juego plástico.

Traduce en sus obras la energía de la vida contemporánea, fue toda su vida un artesano apasionado por el mito del éxito industrial. Siempre interesado por la mecánica interna del cuadro, primero elige como objeto de su obra a la máquina como símbolo del progreso pero después elegirá a la figura humana como esa soberana creadora de ese progreso, pero mostrándola en su obra de forma despersonificada.     

Como es el caso de la obra “Mujer sosteniendo un jarrón,” creada en 1927, sobresale por ser un lienzo sencillo pero cargado de fuerza. Donde la figura se construye por contrastes de formas y colores, destacando la firmeza de su trazo. Una composición que se caracteriza por su simplicidad, una figura frontal, hierática creada a partir del contorno negro que delimita los diferentes fragmentos de color plano de la obra.

El contorno lo emplea para delimitar a un mismo tiempo los objetos y las diferentes partes del cuerpo, pero su fuerza se encuentra en el audaz manejo de colores puros, logrando una composición de fuertes contrastes que aportan a la imagen un mayor ritmo y dinamismo. De esta manera los planos se disponen de forma equilibrada y la estructura se organiza por zonas bien definidas de color puro, uniforme y claramente delimitado.

Interesante es su forma de abordar el espacio mostrando en sus lienzos un ambiente  especial, un lugar irreal que pertenece al mundo de su imaginación. Un universo creado por ritmos y juegos plásticos, en el que la figura se muestra erguida, estable, pero que al mismo tiempo está suspendida en un espacio ingenuo y monumental que en su extrañeza retiene al espectador mientras contempla la obra.

Dato llamativo es que el arte moderno de vanguardia no es su único referente, ya que es un gran conocedor y amante de la tradición, y siempre defensor del papel pedagógico de  la pintura. Adoraba a los maestros clásicos franceses del siglo XIX como Ingres, David o Delacroix. Y a ello unía su admiración por el arte medieval, una pintura narrativa creada a partir de colores planos, vivos, trazo regular, contorno simple y representación frontal.

Todos estos ingredientes pictóricos son reinterpretados en un marco contemporáneo, ya que Léger es capaz de traspasar todos estos elementos de forma transgresora a sus composiciones.

Es curioso como a partir de su fidelidad y conocimiento al arte del pasado añade su admiración por la modernidad, configurando de esta manera un arte propio, con el que fue capaz de crear una iconografía original pero con un vocabulario bien preciso.

Artista polifacético se dejó llevar por diferentes disciplinas a lo largo de su carrera pero siempre persiguiendo un objetivo, crear una obra de arte total. Defensor de ideas nuevas construye sus pinturas por contrastes de formas y colores que muestran su clara fascinación por la energía de la vida moderna. Pero si hay algo que nos atrapa en Fernand Léger es que todo su mundo pictórico desprende un optimismo sencillo, una vocación de claridad que refleja su propósito de realizar una pintura popular y cercana en un periodo artístico de continuo y trepidante cambio.