4 junio, 2014

Culturas asiáticas. Fondo del Museo de Montserrat

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Título: Culturas asiáticas. Fondo del Museo de Montserrat
Lugar: Centro de Arte de Escaldes-Engordany de Andorra
Fecha: Hasta el 20 de Septiembre de 2014

El Museo de Montserrat (MDM) presenta en el Centro de Arte de Escaldes-Engordany de Andorra, hasta el 20 de septiembre, una colección de arte asiático formada por dieciséis grabados japoneses de gran calidad –colección que está considerada como una de las más valiosas de nuestro país-, además de piezas de calidad notable provenientes de India, China, Nepal, Vietnam y Tailandia, que permiten realizar un recorrido por la diversidad cultural y religiosa de este continente en el que las manifestaciones artísticas logran una calidad plástica sorprendente y una expresividad que llega al alma.

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En la muestra, titulada Culturas asiáticas. Fondo del Museo de Montserrat, destacan los dieciséis grabados japoneses de los siglos XVIII y XIX, algunos de ellos obras de los clásicos de este género, que llegaron a Montserrat en 1962 por donación de Just Cabot (1898 -1961), librero catalán establecido en París. Son grabados del estilo Ukiyo-e -que significa “pintura del mundo flotante”-, una escuela que se caracteriza por representar escenas de la vida cotidiana, mujeres conocidas por su belleza o popularidad, los actores de teatro kabuki y también paisajes típicos y populares. Ocho de estas estampas son obra de Ando Hiroshige (1797-1858), el artista más cualificado del grabado japonés.

Acompañando a este núcleo de arte japonés, la exposición hace un viaje por las culturas india, china, nepalí, vietnamita y tailandesa. Todas las obras provienen de diversas donaciones efectuadas al Museo de Montserrat en los últimos treinta años y, cronológicamente, abarcan del siglo IV aC al XX.image3

El arte indio, en la mayor parte de sus manifestaciones artísticas, es esencialmente religioso. Esta religiosidad se hace presente en la muestra a través de las representaciones de dos de las tres divinidades de la Trimurti hindú, Vishnú y Shiva. Vishnú, el conservador, se presenta hierático, como señor de la quietud, en un relieve que recuerda a aquellos que cubren los grandes templos hinduistas. Shiva, por el contrario, es el destructor y el re-creador, y aparece con sinuosa movilidad, con forma andrógina, haciendo las contorsiones propias de aquel que es “el Señor de la danza”, una danza cósmica, de movimiento constante y creadora de vida.

En la India, las representaciones artísticas son también una muestra de la asimilación de las diferentes culturas, debido a las múltiples invasiones que ha vivido el país a lo largo de su milenaria historia. Este hecho se puede comprobar en la pintura “Cazador de jabalí”. Aunque está datada de finales del siglo XVIII o de los primeros decenios del XIX, esta obra conecta con la presencia del Islam, sobre todo en la parte norte de la India, cuando el arte indio se tiñe de influencias árabes, especialmente persas, que resaltan en la iconografía del momento. El Islam indio acepta la utilización de la figuración, a diferencia del Islam árabe.

El budismo continental está representado por un conjunto de piezas procedentes del Tíbet, entre las que destacan la talla de un budista en oración y tres virtuosas pinturas sobre seda. Además encontramos, procedente de Tailandia, la figura dorada del Buda sedente, todo cubierto de hoja de oro auténtico. Este sigue el canon más fijo y clásico del Buda, de formas calmadas y en posición de meditación.

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La cultura china toma como fuente principal de su inspiración a la naturaleza. Cuando un artista chino pinta un paisaje, expresa su estado de ánimo con la voluntad de reflejar su interioridad. A menudo, estos típicos paisajes sirven de fondo a escenas de historias y fábulas chinas, como se puede apreciar en las cinco placas de cerámica producidas durante la dinastía Qing. Precisamente la cerámica es, junto con la pintura, la producción artística más floreciente en China y se encuentra muy bien representada en esta exposición. Hay piezas tan excepcionales como una urna funeraria de tipo celadon, muy apreciada por los coleccionistas por su escasez, producida durante la dinastía Song (960-1279), una de las más brillantes a nivel artístico en China.

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El Extremo Oriente y sus culturas, empapadas por el espíritu del hinduismo, el budismo y el taoísmo, ejercen un poderoso atractivo en nuestro mundo occidental, tan marcado por la técnica y el pragmatismo inmediato, precisamente por la dimensión espiritual que estas culturas acentúan. El hombre occidental contemporáneo, especialmente si ha perdido sus raíces tradicionales y propias, busca un plus espiritual en el mercado de las diversas propuestas. Estas culturas asiáticas, con su estética delicada y sugerente, que induce a la serenidad y a la concentración, ofrecen unos valores positivos que, sobre todo en momentos de grandes replanteamientos culturales -como son los actuales-, pueden ser útiles y beneficiosos.