26 julio, 2010

Momias

La aplicación de la última tecnología médica está ampliando los horizontes de la arqueología.

Los análisis de ADN y el uso de escáneres, radiografías y TAC revelan hoy nuevos datos de las vidas y muertes de reyes, faraones, plebeyos y animales de siglos atrás.

La arqueología es una de las herramientas para estudiar las revoluciones y cómo estas dejaron los campos de batalla, pero hoy la vive en sus propios dogmas. La creciente unión con diversas disciplinas, especialmente las médicas, está permitiendo a esta rama de la historia desempolvarse de los tópicos que la salpican y situarse casi sorprendentemente en plena contemporaneidad.

No se trata únicamente de que haya presentado algunos resultados brillantes en los últimos tiempos, sino que ha comenzado a atraer a su causa a fuerzas diversas y de manera imaginativa: ¿habría sido mejor ignorar que Tutankamón padecía una necrosis ósea vascular y tan graves daños en algunos metatarsos que debía caminar con bastones? ¿No habría sido mejor conservar la áurea imagen legendaria que Howard Carter extrajo del polvo del valle de los Reyes en 1922, un joven bañado en oro y pompa? Sin duda la imagen del faraón ha perdido romanticismo, pero es más real. Más científica.

Eso le está pasando al arqueólogo: sin abandonar el subsuelo, transita hacia el laboratorio. Las fuentes del arqueólogo han sido tradicionalmente las escritas y el trabajo de campo, pero a ellos se van sumando cada vez más patólogos, forenses, antropólogos, biólogos, genetistas, polinólogos, matemáticos, bacteriólogos, micólogos, informáticos, químicos… La unión de fuerzas no es nueva, pero sí que está ganando peso en los últimos meses, con algunos episodios que le han dado mediática notoriedad. “No es que la ciencia acabe de aparecer, sino que se la acaba de invitar”, sitúa el egiptólogo José Miguel Parra, autor del apasionante Momias (Editorial Crítica).

Si en febrero se presentaba en El Cairo –y simultáneamente se publicaba en el Journal of American Medical Association– un estudio sobre el ADN del famoso faraón, en marzo se presentaba en Barcelona un estudio anatómico de la Dama de Kemet y desde julio de 2009 se está desarrollando el estudio más ambicioso en Europa –por lo multidisciplinar del planteamiento– sobre los reyes medievales catalanes. Lo coordina el Museu d’Història de Catalunya y consiste en el análisis más exhaustivo nunca planteado del rey Pere II El Gran (o Pedro III de Aragón), enterrado en el monasterio de Santes Creus y única tumba real del continente nunca profanada. A partir de ella se espera obtener no sólo su ADN, sino el de su padre Jaume I (inhumado en el monasterio de Poblet), separar los restos de su hijo Jaume II y su esposa, Blanca d’Anjou, y determinar si los restos de la Seu Vella de Lleida pertenecen al hijo de este, Alfons III, y a partir de ahí quién es quién en los amasijos de huesos dispersos por diversos monumentos…

“No nos ponemos ningún límite”, plantea Assumpció Malgosa, antropóloga y directora del Grup de Recerca en Osteobiografia (GROB), de la Universitat Autònoma de Barcelona, que colabora en este proyecto y dirige diversas investigaciones con restos humanos antiguos. Entre ellos, los de la Cova d’Es Pas, en Menorca, donde en 2006 apare-cieron 66 individuos de la Edad del Bronce. 66 cadáveres de hace unos 3.000 años, enterrados en una cueva en un acantilado sobre el mar, momificados por causas naturales, por la salinidad del lugar: ha quedado cabello, músculos, tejidos. Con los medios actuales, una mina. “Un terreno en el que empezamos a avanzar es el de la histología de los tejidos”, apunta Ignasi Galtés, antropólogo forense del Institut de Medicina Legal de Catalunya y también miembro del GROB. “Con el ADN en algunos casos puedes identificar enfermedades como la tuberculosis, ycon el análisis molecular se detecta el oncogén del cáncer de colon, por ejemplo”. Información de obtención inimaginable hace pocos años. “El avance es dar a los datos un diagnóstico no médico”, añade Malgosa. Con la apertura de fosas de la Guerra Civil que en los últimos años se ha venido realizando en España, arqueólogos, forenses y antropólogos se están acostumbrando a acudir juntos a la excavación.

Esa imposición de horizonte abierto es una de las claves de la nueva arqueología. No hay límites. Y un detalle capital: hay fondos. Muchos de los proyectos que fusionan medicina y arqueología tienen una razonable financiación, uno de los males endémicos de la disciplina: ¿qué gobierno se arriesga a invertir en excavar sin saber qué se va a encontrar? ¿A que los descubrimientos, por relevantes que sean para la Historia local, nacional o europea, se limiten a aparecer publicados en una revista especializada?

La Dama de Kemet pertenece al Museu Egipci desde 1998 y fue sometida en el hospital Quirón a un TAC (tomografía axial computarizada) helicoidal con el que se supo -sin abrirla- qué había dentro de aquel volumen embalsamado: una mujer de unos quince años, sana (sólo se detectó una caries, y un desgaste dental provocado por la arena que contenía la harina egipcia) y que probablemente murió al dar a luz. “Empleamos, muy mejoradas, las técnicas que se empezaron a aplicar en Boston hace quince años”, explica el coordinador del proyecto y traumatólogo de Quirón Fèlix Escalas. La datación por Carbono 14, descubierta en 1949 por el premio Nobel Williard Libby, es otro de los hitos de la arqueología.

El estudio que hicieron a la Dama este año Quirón y el Egipci tiene dos gracias: que no era el primero y que esta vez se reconstruyó su cara. Desde 2004, cuando se le hizo el primer estudio médico, la precisión técnica radiológica creció de 1 a 64. Y esta vez se enviaron los resultados del TAC a la empresa norteamericana – nacida durante la guerra de Vietnam-que pone rostro a unos huesos: apareció exactamente la que venía pintada en el sarcófago, lo que viene a decir que cada sarcófago estaba personalizado y plantea el debate sobre el realismo en el arte funerario egipcio.

El propio GROB acaba de incorporar a su equipo a un especialista en reconstrucción facial -se hará la de Pere II-: “Es muy museográfico, pero es que somos conscientes de que hay una demanda social. Y creo que debemos un retorno a la sociedad”, argumenta Malgosa.

El análisis genético de Tutankamón tenía detrás a Discovery Channel y al Council Supreme of Antiquities de Egipto, dirigido por el arqueólogo de formación estadounidense Zahi Hawass, que incorporó al proyecto a genetistas de diversas universidades europeas. “Alrededor de todos estos anuncios se ha montado una parafernalia enorme, es todo espectáculo”, critica, irritado, el iniciador de la paleopatología en España -y autoridad mundial en la materia-Domènec Campillo, que accede a regañadientes a ser entrevistado. “El gran problema de Egipto es que está hipervalorado. No ahora, desde Napoleón”, sentencia. Campillo se dedica desde finales de los 60 al estudio de huesos antiguos. “Las pruebas de ADN -contradice- no son taxativas. Es mucho más importante la radiología. El escáner sí que ha modificado la medicina, y por tanto la arqueología”. Campillo considera que aunque las momias “fascinan a la gente” no son en sí mismas una gran fuente de datos porque muchas fueron profanadas. Campillo carga contra “otra falsedad: todo lo que está en inglés es bueno. ¡No!”.

La investigación sobre la monarquía medieval catalana, por su lado, se ha beneficiado de una efeméride como el 850 aniversario de la consagración de Santes Creus, y el departamento de Cultura de la Generalitat quiso que el cumpleaños dejara más que unas velas humeantes. Decidió invertir en ese análisis global de la realeza de hace ocho siglos.

“El mayor mérito de esta investigación es que tiene una orientación arqueológica, porque eso nos ha permitido sumar muchas disciplinas donde ninguna predomina por encima de las demás. El criterio es 100% arqueológico e histórico. Sería muy diferente si tuviera una orientación exclusivamente médica”, establece Marina Miquel, la arqueóloga que coordina el trabajo. “Inicialmente pensamos: ¿qué podremos llegar a saber? Y a partir de ahí hemos ido a buscar a los mejores de cada rama”, añade Carme Subiranas, arqueóloga y medievalista del proyecto.

“Y cuando no sabíamos cómo actuar nos hemos inventado el sistema”. A la momia de Blanca d”Anjou, por ejemplo, le hicieron un mapeado polinómico de texturas, 96 fotografías que, en sucesión, dan el relieve del cuerpo inerte, porque se la ilumina en cada una desde un punto distinto. Una esfera en una esquina de la imagen indica desde dónde salió el flash. Lo que nadie diría es que la esfera es… una bola de billar. “No sabes lo que nos costó encontrar una bola sin número”, resopla Joan García, el hombre de los inventos en el equipo.

La tumba de Pere II fue abierta en marzo, pero hubo nueve meses de gestación previa. Cuatro documentalistas excavaron en todos los archivos donde pudiera aparecer alguna mención a la monarquía catalana para saber qué se podía esperar de la bañera de piedra egipcia y época romana donde descansa el rey desde 1302. Por ello, se analizó qué gases podían emerger del sepulcro; además de evitar riesgos, podían ofrecer muchos datos sobre la tafonomía de Pere II, cómo el cadáver se convirtió en esqueleto. Por un orificio se introdujo una sonda que analizó la atmósfera interior, antes de elevar la losa de piedra. El rey fue radiografiado dentro del sarcófago. Luego fue extraído, colocándolo sobre un molde de su propio cuerpo y, una vez fuera, se le hizo otra radiografía, para comprobar si el movimiento le había afectado; de allí, como un usuario más de la sanidad pública, fue al hospital Joan XXIII de Tarragona, donde se le practicó un TAC, que reconstruye volumétricamente los cuerpos y detecta los rasgos físicos y posibles patologías o anomalías óseas. Después viajó al Centre de Restauració de Béns Mobles, en Sant Cugat, donde tenía preparada una cámara a temperatura constante, y donde se han hecho minuciosos análisis. Los resultados estarán en septiembre.

Joan Santacana, arqueólogo y profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universitat de Barcelona, intercala un debate ético: ¿debe el arqueólogo actuar sobre un yacimiento que sabe que dará mayor rendimiento con la tecnología que habrá en el futuro? Para este profesor, la arqueología no debe buscar piezas, sino ideas. “La excavación es una idea del XIX. Es muy romántica, pero la verdadera excavación es la del crecimiento cultural”. Para Santacana, por otro lado, la gran cantidad de información que hoy genera la arqueología obliga a un tratamiento computacional de los datos obtenidos, como el que se utiliza en la logística de mercancías. “La historia ha dejado de estar sólo en los relatos o textos escritos y ha pasado a necesitar todas las herramientas de la ciencia. Siempre se ha hecho análisis, pero ahora es sistemático por primera vez, con campos geográficos y temporales enormes, sin una guerra fría que nos impida acceder a nada, con el inglés globalizado, con analíticas mucho más precisas que a menudo nos obligan a cambiar hipótesis…”. Santacana pone el ejemplo de análisis que se hacen a miles de huesos de oveja, buscando en qué momento de la historia se domestican. “¿Cómo compararíamos resultados sin aplicaciones matemáticas avanzadas? Esta clase de investigación nos marca la entrada en una nueva era”.

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