23 mayo, 2013

Miguel Ángel regresa a Úbeda

San Juanito

Todo el mundo en la localidad jiennense de Úbedaha oído hablar de ella, pero casi nadie la ha visto. La escultura del siglo XV de San Juanito o San Juan Bautista Niño, atribuida a Miguel Ángel, acabó hecha añicos en agosto de 1936, durante una acción iconoclasta que arrasó varias obras de arte del altar mayor de la Capilla del Salvador (convertida en garaje). Entre ellas, esta escultura de mármol y un retablo de madera creado por Alonso Berruguete del que solo se conserva la figura de Cristo. Más de 77 años después, la célebre representación del santo está a punto de volver a la vida, tras un complejo sistema de restauración llevado a cabo en Italia. Tras su resurrección, regresará a la ciudad renacentista de Úbeda (Patrimonio de la Humanidad desde 2003 junto a la cercana Baeza). El lugar donde todo el mundo la dio por perdida para siempre.

La Fundación Casa Ducal de Medinaceli, propietaria de la Capilla del Salvador, envió a comienzos de 1995 los fragmentos conservados —en Úbeda se asegura que la cabeza la tiene un vecino en su casa— al Opificio delle Pietre Dure de Florencia, uno de los institutos de conservación de patrimonio más importantes del mundo. La misión se antojaba casi imposible: recomponer la figura a partir de los 17 fragmentos que apenas representan el 40% del total. Después de 18 años, y tras posponerse, una y otra vez, los trabajos por complejos, la restauración está a punto de concluir. Con ayuda de la última tecnología de escáneres láser 3D, la empresa Unocad de Vicenza ha desarrollado un método para reconstruir la volumetría de la escultura, a pesar de tener solo vistas parciales, a partir de los fragmentos y las escasas imágenes conservadas de antes de la destrucción, como una recuperada recientemente en la que se puede ver su parte posterior.

La finalización de los trabajos, que han contado con la aportación económica de un fondo que el gobierno italiano destina para intervenir en obras en el extranjero dañadas por guerras o desastres naturales, coincidirá con la celebración el 24 y 25 de junio de unas jornadas internacionales en Florencia —festividad de San Juan, patrón de la ciudad—. Entonces se explicarán los trabajos, la azarosa historia de la escultura y las últimas noticias relativas a la atribución del San Juanito.

La escultura de 130 centímetros de altura, representa a San Juan a la edad de 10 años vestido con una zalea de cordero que le pasa por el hombro izquierdo ceñida por un cinturón. Llegó a España de la mano de Francisco de los Cobos, secretario y favorito del emperador Carlos I. La recibió como regalo de la República de Venecia durante su primer viaje a Italia, entre 1529 y 1533, cuando acompañó al emperador durante su viaje triunfal para ser coronado en Bolonia.

En Úbeda, ocupó un lugar destacado en el altar mayor de la Capilla del Salvador. De los Cobos, natural de la ciudad, lo mandó construir a Diego de Siloé en 1536. Ejecutado por Andrés de Vandelvira, el conjunto acabó creando escuela en el Renacimiento español.

Todo el mundo en la localidad jiennense de Úbedaha oído hablar de ella, pero casi nadie la ha visto. La escultura del siglo XV de San Juanito o San Juan Bautista Niño, atribuida a Miguel Ángel, acabó hecha añicos en agosto de 1936, durante una acción iconoclasta que arrasó varias obras de arte del altar mayor de la Capilla del Salvador (convertida en garaje). Entre ellas, esta escultura de mármol y un retablo de madera creado por Alonso Berruguete del que solo se conserva la figura de Cristo. Más de 77 años después, la célebre representación del santo está a punto de volver a la vida, tras un complejo sistema de restauración llevado a cabo en Italia. Tras su resurrección, regresará a la ciudad renacentista de Úbeda (Patrimonio de la Humanidad desde 2003 junto a la cercana Baeza). El lugar donde todo el mundo la dio por perdida para siempre.

La Fundación Casa Ducal de Medinaceli, propietaria de la Capilla del Salvador, envió a comienzos de 1995 los fragmentos conservados —en Úbeda se asegura que la cabeza la tiene un vecino en su casa— al Opificio delle Pietre Dure de Florencia, uno de los institutos de conservación de patrimonio más importantes del mundo. La misión se antojaba casi imposible: recomponer la figura a partir de los 17 fragmentos que apenas representan el 40% del total. Después de 18 años, y tras posponerse, una y otra vez, los trabajos por complejos, la restauración está a punto de concluir. Con ayuda de la última tecnología de escáneres láser 3D, la empresa Unocad de Vicenza ha desarrollado un método para reconstruir la volumetría de la escultura, a pesar de tener solo vistas parciales, a partir de los fragmentos y las escasas imágenes conservadas de antes de la destrucción, como una recuperada recientemente en la que se puede ver su parte posterior.

La finalización de los trabajos, que han contado con la aportación económica de un fondo que el gobierno italiano destina para intervenir en obras en el extranjero dañadas por guerras o desastres naturales, coincidirá con la celebración el 24 y 25 de junio de unas jornadas internacionales en Florencia —festividad de San Juan, patrón de la ciudad—. Entonces se explicarán los trabajos, la azarosa historia de la escultura y las últimas noticias relativas a la atribución del San Juanito.

La escultura de 130 centímetros de altura, representa a San Juan a la edad de 10 años vestido con una zalea de cordero que le pasa por el hombro izquierdo ceñida por un cinturón. Llegó a España de la mano de Francisco de los Cobos, secretario y favorito del emperador Carlos I. La recibió como regalo de la República de Venecia durante su primer viaje a Italia, entre 1529 y 1533, cuando acompañó al emperador durante su viaje triunfal para ser coronado en Bolonia.

En Úbeda, ocupó un lugar destacado en el altar mayor de la Capilla del Salvador. De los Cobos, natural de la ciudad, lo mandó construir a Diego de Siloé en 1536. Ejecutado por Andrés de Vandelvira, el conjunto acabó creando escuela en el Renacimiento español.

La paternidad

El historiador y arqueólogo Manuel Gómez-Moreno basó su atribución de la pieza a Miguel Ángel en el análisis de la escultura y en comparación con otras obras de juventud del artista del Renacimiento. Sus conclusiones quedaron recogidas en Obras de Miguel Ángel en España, publicado en Archivo español de arte y arqueología (1930).

Cabeza. Definió un “rostro inexpresivo”: “labios finos, entreabiertos, ojos pequeños, con párpados abultados, dibujada la niña y con un punto en medio; nariz recta, barbilla débil, resultando muy redonda la cabeza, pelo rizado, corto, cuello con arrugas”.

La pieza de la base y los dedos. “Baste consignar como iguales la roca sobre la que posa esta imagen y las del Baco, La Piedad del Vaticano y el David, obras escalonadas entre 1497 y 1503; las facciones del rostro van bien con las del Ángel y el San Procolo del sepulcro de Santo Domingo, en Bolonia, de 1494; la técnica de los dedos, con rayas marcando sus coyunturas; la del pelo y las lanas; los oscuros obtenidos por filas de hoyitos hechos a trépano; el equilibrio de masas; todo en fin, comprueba lo arriba dicho”

Por José Ángel Montañés en El País.