7 mayo, 2015

Miguel Ángel, en el hospital español de Milán

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Es la última obra maestra de Miguel Ángel, la que más emociona. La «Piedad Rondanini», esculpida en un bloque de mármol de 1,95 metros de altura, 70 centímetros de ancho y 73 de profundidad, fue encontrada en el estudio romano de Miguel Ángel, quien estuvo trabajando en ella hasta las vísperas de su muerte, el 18 febrero 1564, a los 89 años. Es una obra inacabada, el testamento espiritual del artista, que él deseaba colocar en su sepultura. A partir de hoy se puede admirar en su nueva sede en el Castillo Sforzesco, uno de los principales símbolos de Milán y de su historia, convertido en 1535 en sede de las tropas militares españolas, siendo esta guarnición una de las más grandes de Europa, entre 1.000 y 3.000 soldados.

El espacio que acoge la escultura está cargado de simbolismo. La antigua enfermería de los soldados españoles, lugar de pena y de sufrimiento, se ha considerado el más idóneo y sugestivo para colocar el Cristo inerte entre los brazos de María. El grupo escultórico se encuentra bajo bóvedas llenas de inscripciones latinas con referencias a la esperanza de los cristianos: «Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios Padre omnipotente», frase que debió consolar a los soldados enfermos o moribundos a causa de la epidemia de peste. En este contexto, la «Piedad» de Miguel Ángel, que siempre emociona, sobrecoge aún más. El escultor británico Henry Moore, al contemplar la escultura, se mostró conmovido: «Nunca un artista ha esculpido una obra que produzca tanta emoción. Hay dramatismo y una extraordinaria ternura en la Virgen», dijo con admiración sobre el gran protagonista del Renacimiento italiano.

Una vida azarosa

Esta escultura, cuya composición vertical fue muy innovadora y demostró la capacidad de invención del artista, ha atravesado un camino rocambolesco hasta ser colocada en su sede definitiva. Tras la muerte de Miguel Ángel, desapareció de la circulación. En 1807 vuelve a la luz, en el palacio romano de los marqueses Rondanini, de los que toma el nombre. El castillo y la «Piedad» pasaron por varias propiedades hasta que en 1946 los herederos Vimercati Sanseverino, una de las familias históricas italianas, vendieron el castillo al Banco Nacional de Agricultura e intentaron colocar en el mercado la «Piedad». En 1949 la National Gallery of Art de Washington hizo una importante oferta y un año después un grupo de católicos estadounidenses quiso comprarla para regalarla a Pío XII con motivo del Jubileo.

Italia evitó su venta al exterior y, tras varias vicisitudes, fue comprada por el Ayuntamiento de Milán en 1952 mediante suscripción, en la que participaron, en una ejemplar muestra de civismo, muchos milaneses, incluso partidos de izquierda y obreros de las fábricas. Durante más de medio siglo la «Piedad Rondanini» estuvo colocada en la Sala de los Scarlioni en el Museo del Castillo Sforzesco. Ahora, coincidiendo con la Exposición Universal de Milán, inaugurada ayer, la «Piedad Rondanini» se expone de forma definitiva en el antiguo Hospital Español, dentro del Castillo Sforzesco, en un lugar sobrio y esencial, acorde con la austeridad del grupo escultórico. Se ha pretendido así respetar la sacralidad de la escultura y al mismo tiempo inducir al visitante a la admiración de las figuras de Cristo y de la Virgen, casi fundidas en un solo abrazo. La estatua se ha colocado sobre un pedestal antisísmico. En este fascinante espacio, la «Piedad Rondanini» del maestro toscano seguirá, como siempre, mostrando su conmovedora intensidad.

Por Ángel Gómez Fuentes en El País.