20 enero, 2015

Los satélites buscan desde el espacio la tumba perdida de Gengis Kan

gengis-kan

Cuando murió el emperador mongol Gengis Kan, uno de los grandes conquistadores de la historia, el 18 de agosto de 1227, dejó instrucciones claras de que no quería ser hallado, el encargo de que nadie encontrase su tumba. Y sólo eso ya desató una matanza, nada nuevo para un guerrero que había sometido a sangre y fuego a cuantos señores e imperios se le pusieron por delante.

Por ello, los más fieles de sus soldados emprendieron un viaje sin retorno, que también fue una carnicería. Primero asesinaron a cuantos hombres y mujeres se cruzaron con ellos en el camino hacia el sepulcro. Después terminaron con los constructores del mausoleo, uno a uno. Finalmente, se suicidaron. Así se borró toda memoria, una vez que la tierra secó la sangre y ocultó el rastro de cadáveres. Se supone que la tumba del más temido emperador mongol se llenó con tesoros procedentes de todos los rincones de sus dominios, que abarcaban un tercio de la población muncial en el siglo XIII.

Si fuera cierta esa abundancia de objetos, el hallazgo de su tumba no solo sería un importante logro arqueológico, sino también una página que permitiría reescribir algunas líneas importantes de la historia. Y, por supuesto, algo que contravendría sus estrictas órdenes, aunque no se ha hablado de una maldición asociada a quien lo encuentre. De hecho ha habido muchos intentos, desde los arqueólogos que excavaron su palacio hasta ricachones obsesionados con el tema que viajan repetidamente a Mongolia pidiendo permisos para abrir viejas tumbas perdidas.

Desde hace años, tal y como informaba «The Washington Post» National Geographic lidera un proyecto en el que se está volcando la tecnología del siglo XXI, como se ve en el documental. El protagonista es Albert Lin, que trata de desvelar este gran misterio, solo comparable al de la tumba de Alejandro Magno, y que ahora ha dado un nuevo salto adelante gracias a una idea venida… del espacio. Porque se van a emplear satélites para mejorar la búsqueda.

Las imágenes de alta resolución tomadas por los satélites permiten un nuevo paradigma en la exploración global. Pero el territorio que debe cubrirse en este caso concreto es tan vasto que los arqueólogos liderados por Albert Lin, de la Universidad de California en San Diego, han decidido invocar al público general en la búsqueda. Lin ya es conocido como un moderno «Indiana Jones» porque ha sido fotografiado cabalgando por la estepa mongola.

«Reclutamos a un montón de voluntarios para estar a la altura del desafío, el hallazgo de la tumba de Gengis Kan, un enigma que se ha ocultado pero puede saltar a la luz gracias a la potente imaginería de los satélites», afirma Lin. El problema es el territorio, desde Mongolia y China hasta las puertas de la Europa Occidental. Aunque las sospechas se centran en las cercanías de su palacio, a algo más de 200 kilómetros de la actual capital mongola, Ulán-Bator.

Así funciona el proyecto de Lin: dividió los 6.000 kilómetros cuadrados en 84.000 cuadrantes, y les ha pedido a los participantes que rastreen en las fotos de satélite cualquier estructura que pueda hacer pensar en un objeto arqueológico, restos de construcciones o elementos de subsuelo que saltan a la vista desde el satélite. Pronto tuvieron un ejército de 10.000 voluntarios.

Más de tres años de trabajo que han producido 30.000 horas y generado dos millones de posibles objetivos a excavar. Ahora ese trabajo ha concluido y peinando todo ese material, el equipo de Lin ha reducido a 100 los posibles lugares que los satélites muestran y esa cifra se ha convertido ya en 55 anomalías arqueológicas.

Pero esta reducción que podría hacer pensar que ya están cerca del objetivo es falaz. Nada odian más los mongoles que los arqueólogos que acuden a excavar en su suelo lugares que se consideran sagrados. Ahora Lin, que ha podido ya estudiar lugares calificados como prohibidos por esa razón, está tratando de volver a comprobar algunas de las anomalías seleccionadas como posibles emplazamientos de la tumba que le ha obsesionado toda la vida.

Si los mongoles no permiten abrir tumbas ni si quiera realizar expediciones en las cercanías, las imágenes de satélite se han convertido en una nueva forma de saltarse la prohibición de Gengis Kan. Desde el espacio.

Por ABC.