12 noviembre, 2013

Los maestros italianos del Prado se van al otro lado del mundo

Liz

Cuando el emperador Carlos V empezó a adquirir pinturas italianas, prácticamente nadie en Europa conocía Australia. Como mucho, se rumoreaba que existía una gran isla hacia el sur de Indonesia. De ahí que en 1770, fecha del desembarco de James Cook en Australia, considerado –tal vez erróneamente- como el descubrimiento oficial de la isla, Carlos V hubiese muerto ya hacía dos siglos. Quedaba, sin embargo, su colección de pinturas y la pasión de la corte real por los creadores italianos. Muchas de esas obras maestras cuelgan habitualmente de los pasillos del Prado. Pero ahora seguirán la estela de Cook y viajarán el próximo mayo hasta Melbourne, para la exposición Italian Masterpieces from Spain’s Royal Court, Museo del Prado (Obras maestras italianas de la corte real española, Museo del Prado).

Tras la exposición en Brisbane de algunas de las obras de la pinacoteca, y dentro de una filosofía de préstamos internacionales que culminó con la gran muestra Portrait of Spain. Masterpieces from the Prado, en Houston, el Prado vuelve ahora a apostar por Australia. Se trata, a fin de cuentas, de cumplir una doble función: diplomacia cultural y búsqueda de nuevas formas de financiación. De hecho, por el tour mundial de sus fondos el museo ingresó en 2012 unos tres millones de euros.

La exposición de Melbourne, en concreto, acogerá más de 100 piezas, entre unas 70 pinturas y 30 dibujos, “el mayor número de obras italianas que el Prado haya prestado jamás a una muestra”, como presume una nota de la Galería Nacional de Victoria. Y el ministro de Turismo de Australia, Louise Asher, defiende en el mismo documento: “Es la primera vez que el Prado envía por el mundo una muestra de su prestigiosa colección de obras maestras italianas. Estamos encantados de que Melbourne se haya asegurado esta primicia, ofreciendo a los espectadores una oportunidad sin precedentes de ver obras que, hasta ahora, solo se podían ver en el Prado”.

La exposición cubre unos 300 años de pintura italiana, del siglo XV al XVIII, y cuenta con embajadores del calibre de Rafael, Tiziano, Correggio y Tintoretto. “La muestra reflejará el gusto de la Corte Real española cuyos reyes y cortesanos recolectaban ávidamente el arte italiano”, sostiene el director de la Galería Nacional de Victoria, Tony Ellwood.

Pese a los cada vez más frecuentes préstamos internacionales, la estrategia del Prado queda lejos de la política de franquicias de museos como el Louvre (con su sucursal en Lens y su prometido desembarco en Abu Dhabi) o el Guggenheim (de Nueva York a Bilbao, Venecia, Berlín o, de nuevo, Abu Dhabi). “En la edad contemporánea occidental, la hegemonía cultural ha emigrado de las ciudades donde residía, por supuesto, el poder económico, pero también la libertad y una forma moderna de entender el futuro. Ahora parece que esa hegemonía se la subastan ciudades artificiales, nuevas Babilonias que pujan por marcas de lujo, incluidos los museos. Yo me quedo con lo que me dijo en cierta ocasión un arquitecto europeo que fue invitado a diseñar un museo en mitad del desierto: ‘No sé si el futuro es ese, pero yo no quiero participar en él’. Pensando en el Museo del Prado, no creo que ese futuro le concierna”, declaró hace una semana a este periódico el director de la pinacoteca, Miguel Zugaza.

Por El País.