14 julio, 2015

Las mil plagas de los monumentos leoneses

2O DE MAYO DE 1966. INCENDIO CATEDRAL DE LEÓN

Parece una maldición bíblica. Fuego, inundaciones, robos, restauraciones dañinas e incluso plagas de insectos. Los monumentos de León han sufrido durante siglos al ‘maltrato’ humano y climatológico. Algunos perecieron por el camino, víctimas del abandono o la piqueta, como la iglesia de San Salvador del Nido o el Instituto Politécnico. Otros, que se hundieron y ardieron, como la Catedral, siguen en pie.

El CSIC descubrió que el monasterio de San Miguel de Escalada se restauró con «escombros» en los años setenta. Según una crónica de la época, se descubrió que el edificio carecía de cimientos y que se había inclinado como la torre de Pisa. En 2009 investigadores del CSIC ponían al descubierto que algunas restauraciones fueron auténticas chapuzas, hasta el punto de poner en peligro un edificio con once siglos de antigüedad y joya del mozárabe. En 1981 el riesgo de movimiento del monasterio se combatió con el «micropilotaje» de un muro que pretendía «atar» la iglesia y evitar así desplazamientos.

Sin embargo, esta obra, según averiguaron los expertos del CSIC, lejos de solucionar el problema, rompió el equilibrio estructural del edificio, convirtiendo la fachada occidental en un paramento fijo frente al resto de la iglesia, sujeta a los movimientos naturales del terraplén sobre el que se asienta.

Por si fuera poco, esta misma fachada occidental vuelve a ser sometida a una profunda reforma de manera casi inmediata con motivo de las excavaciones del enclave. «Se desmontan los contrafuertes, considerados inútiles, se rehacen las partes altas de las naves laterales y un tramo de la nave central, situado entre el dintel de madera de la puerta original y la viga alta que marca el inicio de la obra mudéjar».

En 2006 se desplomaba una valiosa ara del templo declarado Monumento Nacional por la reina María Cristina en 1886. Trabajadores de la última rehabilitación denuncian que Geocisa «se llevó dinero» y no les pagó. Asociaciones como Promonumenta desvelaron entonces que pese a haber invertido 320.000 euros en la restauración los suelos del monasterio se hundían, los altares peligraban y entraba agua por todos los rincones.

Restauraciones aciagas

La Catedral no ha sido ajena a los estragos de restauraciones que, con el tiempo, se han demostrado nefastas. Las ‘grapas’ con las que ‘cosieron’ la fachada sur en el siglo XIX han puesto en peligro este punto del templo gótico, donde se instaló una marquesina hace años que sigue ‘plantada’ en el hastial. En 1968 provocó un auténtico escándalo la iluminación de las vidrieras «como si siempre fuera de día». En los 90 se llevó a cabo una chapucera iluminación, con focos de tipo industrial que incidían directamente sobre algunas vidrieras, así como un cableado que mutiló varias estatuas.

A finales del siglo XIX la Catedral de León estuvo a punto de desplomarse. Una intervención providencial salvó el primer monumento leonés. Aquellas obras concluyeron el 27 de mayo de 1901. Desde entonces, el Cabildo coloca velas en esa fecha para no olvidar que el edificio se salvó ‘de milagro’.

El No-Do del 6 de junio de 1966 abría con una catástrofe: el incendio registrado en la techumbre de la Pulchra Leonina a causa de un rayo. Ardió el tejado casi por completo, ante la atemorizada mirada de muchos leoneses. Por fortuna, las llamas no pasaron del tejado. En 1977 un informe desvelaba que un tratamiento químico aplicado por el arquitecto Menéndez Pidal a la fachada principal podría impedir posteriores trabajos de restauración. Un año después el Ministerio de Cultura destinaba 50 millones de pesetas para «acabar de una vez» con el mal de la piedra. Como se ha visto, la enfermedad ha seguido avanzando.

En agosto de 1994 el restaurador Manuel García alertaba de que «los insectos se alimentan de la Catedral». Más de 70 especies de insectos, como termitas, carcomas y polillas ‘habitan’ en el templo gótico.

San Marcos, que era también pasto de las llamas en el XIX, fue reconvertido en los sesenta en Parador, tras haber sido, entre otras cosas, depósito de sementales y uno de los mayores campos de concentración del franquismo. En los años noventa, el desplome de un ángel de la portada principal, revelaba el avanzado grado de deterioro que sufría el edificio renacentista, especialmente en el rosetón central. En 1993 se destinaron 200 millones de pesetas de entonces a restaurar la fachada, que actualmente está también a la espera de una nueva rehabilitación. Sin embargo, el hostal estuvo cubierto de andamios durante tres años sin que se llevara a cabo ningún trabajo.

Compra fortuita

En 1882 el Palacio de los Guzmanes se salvó de la ruina gracias a que fue adquirido por 100.000 pesetas como sede de la Diputación Provincial.

Un edificio diseñado por el gran maestro Rodrigo Gil de Hontañón —autor también de la catedral de Segovia—, en el que se hospedaron Felipe II y la reina Margarita de Austria en 1606 y Alfonso XIII en 1902.

En los años sesenta la piqueta acabó con la iglesia de San Salvador del Nido, donde oyó misa el destronado rey de Cerdeña y duque de Saboya Carlos Alberto en julio de 1849 camino del destierro a Portugal.

En 1981, tras años de restauraciones, se abría al público la iglesia de Palat del Rey, supuestamente restaurada. Ya entonces los cuidadores de esta señera iglesia denunciaban que Bellas Artes había hecho una auténtica «chapuza». Los expertos creían que había una capilla anterior en el subsuelo y llevaron a cabo amplias excavaciones. «Sacaron camiones y camiones de tierra. Todo el suelo del ala izquierda lo levantaron pero no encontraron nada», decían los guardeses, tras denunciar el lamentable estado en el que habían dejado la iglesia.

En el 82 saltaba a las páginas de este periódico la nefasta rehabilitación del monasterio de Sandoval, donde se utilizó piedra artificial en su arreglo. En esa misma época se descubría el lamentable estado de conservación de la mayoría de los edificios nobles de Villafranca del Bierzo, ciudad declarada Conjunto Histórico Artístico desde 1965. El derrumbamiento del tejado de la iglesia de San Francisco, las goteras en la cúpula de San Nicolás, el plan de desencalado en la Colegiata y el estado de ruina de la iglesia románica de San Juan, ponían de manifiesto el ‘maltrato’ del Patrimonio en esta localidad berciana.

En 1995 los vecinos de Lois ponían el grito en el cielo tras la restauración de su emblemática iglesia, considerada la catedral de la montaña. Tras dos años de restauración y 27 millones de pesetas invertidos por la Diputación, la supuesta rehabilitación no podía ocultar humedades, el cemento aplicado sobre la piedra, una torre torcida y la rotura de un vitral que estaba intacto antes de las obras.

La muralla tardorromana y las cercas medievales también han sufrido los estragos de intervenciones más que dudosas.

En 1962 este periódico denunciaba el malísimo estado en que se hallaba la iglesia del Mercado y reclamaba una «decorosa restauración».

En 1978 el palacio del Conde Luna sufría un hundimiento parcial del tejado de la torre del siglo XVI. Un hundimiento que arrastró en su caída los sucesivos pisos interiores.

Pocos monumentos leoneses se han visto libres de restauraciones que han resultado dañinas, así como de otras ‘plagas’. Edificios que sobrevivieron siglos, se vieron abocados a la ruina inminente en cuestión de décadas. A ello habría que sumar el expolio inmisericorde de muchos edificios históricos. Una rapiña que aniquiló decenas de iglesias, ermitas o castillos.

Por Verónica Viñas en Diario de León.