19 marzo, 2013

Las lecciones paisajísticas de Rubens, Lorena y Brueghel

Cuando Rubens, el gran pintor de Historia del Barroco, se retiró de la vida pública y abandonó sus tareas diplomáticas para instalarse en un castillo en las afueras de Amberes, pudo recuperar su afición por la representación de la naturaleza. Sin que mediaran encargos, en total libertad, el artista flamenco plasmó paisajes poéticos y temperamentales para él y sus amigos, a menudo sobre trozos de tablas. Son pocos los que pintó sobre lienzo, como el impresionante Atalanta y Melegrao cazando el jabalí de Calidonia, un óleo inspirado por las Metamorfosis de Ovidio que es una de las joyas del Museo del Prado y ahora puede visitarse en la primera muestra compuesta íntegramente por fondos de la primera pinacoteca española en el Bellas Artes de Sevilla.Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado es el título de la fascinante colección de 36 obras que ilustra la irrupción del paisaje como género autónomo, liberado de contenidos religiosos o alegóricos. El término “nórdico”, recuerda la comisaria y conservadora de pintura flamenca del Prado Teresa Posada -que hoy a las 19:00 imparte una conferencia sobre el tema en el museo-, “se emplea aquí en el sentido en que lo usaban los italianos del XVII para referirse a la gente del otro lado de los Alpes, Alemania y lo que hoy llamamos Países Bajos”. Las obras muestran cómo los artistas del Norte enseñaron a sus colegas italianos, que lo concebían como un mero fondo sin relación con las escenas, a apreciar el paisaje, a representar la atmósfera y la luz.

La cita, bellamente integrada con las colecciones del Bellas Artes, donde la pintura flamenca es prácticamente una excepción entre apoteosis barrocas y románticas, plantea con piezas de enorme calidad -el 80% proceden de las salas del Prado- un recorrido por las tipologías del paisaje que se cultivó a lo largo del siglo XVII en Flandes y Holanda. Los dos registros por antonomasia fueron el paisaje de invierno y las marinas, de los que aquí hay ejemplos tan delicados como El puerto de Ámsterdam en invierno de Hendrick Jacobsz, Paisaje de patinadores de Joos de Momper el Joven yPlaya con pescadores de Adam Willaerts. Pero además, explicó Posada, estos pintores representaron con fidelidad la vida en el campo y en el bosque -como Brueghel el Viejo en La AbundanciaLos cuatro elementos, La vida campesina y Boda Campestre-; la sorpresa que para los habitantes de unas tierras tan llanas supuso la visión de los Alpes, que debían cruzar para llegar a Italia; las exóticas tierras que acercaban las nuevas rutas comerciales, asunto al que alude Jan Peeters en Desembarco de holandeses en Brasil; o los jardines y arquitecturas reales, de los que pueden verse las únicas representaciones iconográficas de palacios de Bruselas destruidos por incendios.

También es importante la presencia de paisajes italianizantes pintados por unos juveniles Poussin o Lorena con destino al Palacio del Buen Retiro por encargo del rey Felipe IV, cuya pasión coleccionista y la de los Archiduques de los Países Bajos es el origen de estos fondos, como recordó el director del Prado, Miguel Zugaza. Fue el monarca quien compró en almoneda, tras su muerte, los paisajes que Rubens atesoraba y de los que nunca quiso desprenderse.

El paisaje nórdico en el Prado, que recibió 120.000 visitas en sus paradas en Santiago de Compostela, Valencia y Zaragoza, es el resultado de la colaboración de La Caixa con la pinacoteca madrileña para la difusión de sus fondos, como destacaron Luis Reverter (secretario general de la Fundación) y Juan Reguera (director territorial de la entidad en Andalucía occidental) en la presentación del proyecto, que contó también con el consejero de Cultura, Luciano Alonso, y la directora del Bellas Artes, Valme Muñoz. Ella, que llevaba más de dos años fraguando esta decisiva muestra temporal, asentía cuando Zugaza afirmó que “se ha escrito mucho sobre la falta de una tradición moderna del paisaje en la pintura española prácticamente hasta la llegada del gusto realista importado de Francia en el XIX pero creo que antes de esa irrupción hay un eco de esta tradición flamenca e italiana en los fondos de los grandes maestros españoles, incluido alguno tan aparentemente lejano como Murillo”.

Por Charo Ramos Sevilla de Diario de Cádiz.