8 octubre, 2013

Las hijas de Muñoz Ramonet ocultan dos cuadros de Goya y El Greco

1380999533_051891_1380999888_noticia_normal-El Ayuntamiento emprende acciones legales contra la empresa de las hermanas
-La compañía alega que los lienzos están “en posesión de un tercero”
-Una colección de arte en ‘sfumato’
-La Generalitat se suma a la lucha por el arte de Muñoz Ramonet

La reclamación de la impresionante colección de obras de arte que Julio Muñoz Ramonet dejó en herencia al Ayuntamiento de Barcelona en 1991 comienza mal. Del legado artístico que el industrial barcelonés atesoraba a su muerte en el palacete de la calle de Muntaner —en el que se encontraban obras de Rembrandt, Sorolla, Fortuny, Murillo, Zurbarán, Monet, Berruguete, Carreño de Miranda, Corot, Delacroix, Renoir…—, y que al cabo de dos décadas de litigio entre Ayuntamiento y las cuatro herederas parece haberse esfumado, había al menos dos importantes cuadros que estaban localizados y controlados: La Anunciación, de El Greco, y La aparición de la Virgen del Pilar,de Francisco de Goya. Se trata de dos pinturas valoradas judicialmente en siete millones de euros y que ya deberían haber sido entregadas al Ayuntamiento de Barcelona. Pero no ha sido así.

Culturarte, la empresa que fue de Muñoz Ramonet y ahora pertenece a sus cuatro hijas, tenía que haber entregado las pinturas a principios de septiembre tras agotarse una prórroga solicitada para su devolución. Pero ahora la sociedad alega para no hacerlo que “las obras están en posesión de un tercero”. La Fundación Julio Muñoz Ramonet, entidad vinculada al Ayuntamiento de Barcelona que durante casi dos décadas ha peleado judicialmente por la herencia, ha reclamado por ello al juez que ponga en conocimiento de la fiscalía el incumplimiento del mandato judicial. El Consistorio también solicita que el ministerio público establezca si el caso puede acarrear responsabilidad penal para las hijas de Muñoz Ramonet.

La historia de estos dos cuadros, como todo lo relacionado con el legado del magnate, es larga. En febrero del año 2000 se presentó una denuncia en el Juzgado de Instrucción 4 de Alcobendas (Madrid). Isabel Muñoz, una de las cuatro hijas, denunció a su marido, Jesús Castelo, por el robo del domicilio conyugal de las dos pinturas, además de una importante colección de relojes, joyas y botonaduras. Una denuncia que llegó al grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil.

La denuncia acabó sobreseída ante la dificultad del juzgado de determinar la titularidad de las obras desaparecidas, según recoge la sentencia de la Audiencia de Madrid de 2007, en la que se determinaba, por segunda vez, que la colección de arte en disputa era de la ciudad de Barcelona. Pero la investigación policial continuó. A raíz de la denuncia, la Guardia Civil intentó localizar las obras. La operación policial se intensificó al tener noticia, en octubre de 2010, de que ambas obras iban a ser vendidas.

En abril de 2011, 11 años después, se recuperaron en un domicilio particular de Alicante dentro de la Operación Creta, cuando, según explicó la Guardia Civil, iban ser puestas en el mercado. Nadie fue detenido en el operativo policial.

El Ayuntamiento de Barcelona tuvo noticia de los hechos e hizo saber al juzgado de Alcobendas que las obras estaban pendientes 1380999533_051891_1381000059_sumario_normalde una sentencia definitiva que determinara quién era su propietario. El objetivo era que “no fueran entregadas a las hijas del industrial”, sino que quedaran en depósito hasta la resolución del caso.

Y así se hizo. Pero el juzgado y la Guardia Civil, teniendo en cuenta que las instalaciones del juzgado no eran las adecuadas para almacenar dos obras tan valiosas, decidieron dejarlas en calidad de depósito en casa de la propia Isabel Muñoz, según consta en el atestado. Lo sorprendente de la decisión era que Isabel Muñoz era la denunciante del robo, pero también una de las cuatro hijas de Julio Muñoz que estaba enfrascada en la disputa con el Ayuntamiento de Barcelona por la posesión de los cuadros.

La Guardia Civil asegura que este tipo de medidas entran dentro de la normalidad en estos procesos. Además, Isabel Muñoz firmó al recibir en custodia las obras un documento de responsabilidad civil que le obliga a devolverlas en el momento en el que se acordara la ejecución de la sentencia.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid asegura que la denuncia por el robo de las obras acabó, en diciembre de 2012, en “sobreseimiento libre de las actuaciones” o, lo que es lo mismo, sin delito, y que el 7 de febrero de 2013, no habiendo recurrido la apelación, se acordó “el archivo de la causa sin trámite”, por lo que el depósito de las obras también ha terminado.

La Fundación Julio Muñoz pidió la ejecución de la sentencia en el momento en que se agotaron todas las posibilidades de recursos por parte de las cuatro hijas de Muñoz Ramonet. El pasado 25 de julio, representantes del Consistorio entraron por primera vez en el palacete de la calle de Muntaner, comprobando que gran parte de las obras de arte habían desaparecido, mientras las paredes estaban vacías o colgaban de ellas otras de menor valor.

La desaparición de las obras se produjo, según avanzó EL PAÍS el pasado agosto, el mismo año 1991, tras el fallecimiento de Muñoz Ramonet. Las cuatro hijas, incumpliendo lo establecido por el industrial en su testamento, se quedaron las obras en detrimento del Ayuntamiento de Barcelona. La ciudad, que no supo que era la heredera de la colección artística hasta 1995, no logró acceder al palacete de la calle de Muntaner hasta el pasado mes de julio.

La fundación está inmersa en la elaboración del inventario completo de lo que contiene el edificio, un trabajo que está previsto acabar el próximo 10 de octubre. Luego se tendrá que contrastar con los diferentes inventarios realizados en 1968, 1998 y 2005 para saber qué permanece en la casa y qué ha desaparecido. Unas obras que luego, en cumplimiento de la ejecución de la sentencia, se tendrán que reclamar a las hijas. Será, seguro, un proceso largo, a tenor de cómo ha ido todo el asunto.

 

 

por José Ángel Montañés, EL PAIS