3 diciembre, 2018

La restitución del arte robado por los nazis sigue pendiente 20 años después

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La falta de transparencia y los procesos legales complican la devolución de obras confiscadas a la que decenas de países se comprometieron hace dos décadas

La visita a la muestra que exhibe estos días el museo Martin-Gropius-Bau de Berlín es sin duda una experiencia artística placentera, pero que produce a la vez, cierto desasosiego. El Monet, el Munch o el Nolde son una maravilla, pero forman parte de una colección bajo sospecha. Cornelius Gurlitt heredó 1.566 cuadros y objetos de su padre, un marchante de arte a sueldo de los nazis, que presuntamente participó en la confiscación a gran escala de obras de arte a los judíos. La investigación que trata de indentificar qué obras de Gurlitt son arte confiscado por los nazis y cuáles no, avanza a ritmo lento.

Puede que el caso de Gurlitt, que salió a la luz hace cinco años, sea el más conocido, pero no es ni mucho menos el único. Cuando se cumplen 20 años de los llamados principios de Washington, los que sentaron las bases para la restitución de arte robado a los judíos, el balance indica que queda mucho hacer y poco tiempo, antes de que los testigos del Holocausto y su memoria mueran. En los museos y en los almacenes de los coleccionistas de toda Europa hay todavía miles de obras de arte robado, según los expertos en restitución, que se han dado cita esta semana en Berlín. Coinciden en que la digitalización de los fondos de los museos es una de las claves para que víctimas y herederos puedan localizar obras que fueron confiscadas.

“Esta es probablemente la última oportunidad. No podemos dar la espalda a los supervivientes del Holocausto”, clamó esta semana en Berlín el diplomático estadounidense Stuart Eizenstat, organizador de la conferencia hace dos décadas en Washington. La titular de Cultura del Gobierno alemán, Monika Grütters, ahondó en la necesidad de culminar el proceso de restitución. “Se lo debemos a las personas cuya vida fue arrebatada por el nacionalsocialismo. La memoria puede sensibilizarnos contra el totalitarismo en un momento en el que asistimos a una brutalización del lenguaje y en el que se relativizan los crímenes nazis”, estimó durante las jornadas

El problema, es que más allá de buenas intenciones, la restitución de obras expoliadas hace 80 años termina atascada a menudo en una maraña burocrática y judicial. Inauguró el evento en Berlín Ronald Lauder, presidente del congreso judío mundial y fundador de la Comisión para la recuperación del Arte, quien aseguró que apenas un 10% de las instituciones implicadas han iniciado la búsqueda.

Los principios de Washington no son jurídicamente vinculantes y los suscribieron 44 países que los aplican de manera muy desigual en sus museos y colecciones públicas. Se enunciaron para impulsar la devolución de las cerca de 600.000 obras de arte que se calcula que los nazis confiscaron u obligaron a vender a precio de saldo. Hungría, Polonia, España, Rusia Argentina y Brasil son países, que según Eizenstat arrastran los pies a la hora de dedicar esfuerzos y recursos a las restituciones.

En Alemania, el país que carga con la mayor responsabilidad histórica, las restituciones tampoco avanzan a buen ritmo. En parte, explican los expertos, porque la descentralización de sus 5.000 museos, que dependen de los Estados federados y de las ciudades complica cualquier esfuerzo conjunto. Según el centro de investigación de Magdeburgo se han devuelto en total en Alemania 5.750 obras de arte además de unos 11.670 libros y documentos. Grütters explicó que han triplicado la financiación para la investigación y que entre 2008 y 2017 destinaron 31 millones de euros a la restitución.

La idea ahora de las autoridades alemanas es crear ahora un portal único de ayuda y una base de datos que unifique y permita el acceso al público de los datos de los cuadros. Porque a menudo, los familiares de las víctimas se topan con una carrera de obstáculos burocráticos y lingüísticos cuando quieren acceder por ejemplo a los fondos de los museos.

Willi Korte, jurista y conocido investigador de obras usurpadas por los nazis. Lleva 30 años dedicado a esclarecer el pasado y tiene claro que el mayor problema es lo que en la jerga llaman “la falta de transparencia”, según explica por teléfono a este diario desde Estados Unidos. “Solo puede funcionar si los museos hacen públicas sus colecciones en Internet. No sabemos qué obras están investigando. Es muy difícil saber qué pasa dentro de los museos alemanes”, dice Korte.

Bautizado como el detective del arte por la prensa alemana, Korte es la cabeza visible del caso del conocido galerista Max Stern, obligado a liquidar su galería en Düsseldorf cuando los nazis decretaron su cierre. Una de las obras reapareció en una casa de subastas en 2007 y desde entonces, pelea por recuperar las 228 pinturas del lote denunciado a Interpol y ante el FBI. Korte utilizó la ley militar de EE UU de 1949 que establece que aquello vendido bajo coacción equivale a una confiscación.

Hace apenas unas semanas, una de las piezas salió a la luz en Italia, otra en Colonia, pero le volvió a perder la pista, porque según asegura, las leyes europeas son mucho menos favorables que las estadounidenses para los herederos. “Es difícil recuperar obras de arte. A diferencia de un inmueble, el arte viaja rápido por todo el mundo y ahí entran en juego las leyes de los distintos países”. Por eso, los expertos coinciden en que no solo los museos públicos, sino también los coleccionistas privados y las casas de subastas tienen que implicarse.

Pero si algo dejó claro la conferencia de Berlín, es que soplan nuevos aires también en el mundo del arte. Que de la misma manera que el pasado colonial del arte empieza a propiciar restituciones, puede que las víctimas del expolio nazi acaben recuperando sus obras. “Los museos, pero también los coleccionistas privados se miden hoy también por cómo tratan la historia de sus colecciones”, sentenció Grütters.

CUADROS EVAPORADOS EN EL CIRCUITO INTERNACIONAL DEL ARTE

Willi Korte, especialista en restituciones, explica que hay dos etapas. La primera, entre 1933 y 1938, en la que los judíos vendieron sus obras a precio de saldo porque necesitaban el dinero para salir de Alemania y pagar la tasa que les exigían los nazis. Y otra, a partir de 1938, cuando el régimen empieza a confiscar en los países que ocupan. “La mayoría de las obras no acabaron en los museos nazis, sino que las vendieron y se perdieron en el circuito internacional del arte”, explica Korte.

Los grandes maestros expresionistas o impresionistas reaparecen en cualquier parte del mundo porque tienen un interés global. Los de pintores alemanes del XIX y principios del XX suelen haberse quedado en el país.

Original de Ana Carbajosa para El País