2 diciembre, 2013

La protección del patrimonio, una misión imposible

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El patrimonio arquitectónico de España es arrollador, actualmente figura como uno de los países con más número de bienes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por detrás de Italia. Pero esto “es una suerte y un problema”, asegura Tomás Martín, Jefe del Servicio de Normativa y Coordinación del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC). “Si tuviéramos que proteger todo el patrimonio cultural y eclesiástico, nos faltarían guardias y policías, no estaría justificado el esfuerzo ya que el riesgo no es tan elevado”, afirma. En España, explica Martín, no hay ningún monumento considerado “crítico” y que, por tanto, “reciba una protección especial”. Solo hay un país en el mundo que sí lo hace: Estados Unidos después del atentado a las Torres Gemelas.

Hay una serie de edificios y monumentos en Estados Unidos que han sido declarados iconos del país, como la Estatua de la Libertad, cuyo daño afectaría “a la moral de la nación o a la confianza de los ciudadanos”, explica Martín, y por ello, cuenta con una protección especial. Si el incidente en El Pilar hubiera provocado daños materiales importantes o humanos, “hubiera sido un atentado contra la moral de la nación”, apunta el jefe de servicio del CNPIC que, por otro lado también dice que “es muy difícil evitar estos actos”. Y, de momento, “no hay intención de proteger los iconos de España”. Además, a este experto le parece “más importante asegurar el servicio a la comunidad, como evitar que alguien que vive en el Pirineo se quede sin electricidad en invierno, que que un icono como el Pilar reciba un atentado. Antes son las personas”, argumenta.

Para este responsable del CNPIC se suma otro problema: “¿Quién haría la lista de los bienes patrimoniales a proteger? Por ejemplo, ¿incluiríamos el Valle de los Caídos? Tendríamos media España contra la otra media”, asegura.

El problema de la seguridad en estos monumentos considerados críticos es algo que también preocupa al mundo policial por la dificultad que conlleva (a pesar de que en España es una tarea encomendada al ámbito privado cuando se trata de un monumento privado, las fuerzas de seguridad pueden vigilar los alrededores si son zonas de gran aglomeración). Así, el secretario de acción sindical de la federación de servicios privados de CCOO, Jesús Martínez, señala que “el patrimonio público puede estar vigilado pero no siempre protegido”. En un sentido similar se expresan desde el monasterio de Montserrat, que pudo haber sido escenario de un atentado recientemente. Las imágenes de los anarquistas que atentaron en El Pilar frente a la Moreneta inspeccionando el interior de la basílica ponen de manifiesto que “hay cosas inevitables y que quien quiere hacer daño, lo puede hacer en cualquier lugar”, afirman.

La vigilancia de Montserrat

El Monasterio ha reaccionado al intento de atentado “sin pánico” y manteniendo el mismo sistema de seguridad que funciona hace unos cinco años, con un departamento propio dado de alta por el Ministerio del Interior y en comunicación diaria con los Mossos, que realizan tareas de seguridad ciudadana alrededor del recinto pero que no controlan el acceso a Montserrat.

El sistema de seguridad del monasterio cuenta con unos 20 vigilantes de una empresa externa y cámaras de seguridad “que graban todo el día y cuyas imágenes visionamos constantemente”, explican desde el monasterio. “La seguridad máxima no existe”, reconocen, pero “si estás bien defendido, será más difícil que pase algo. Intentamos reducir al máximo las opciones”. “¿Estamos expuestos?” reflexionan. “Sí, siempre”.

Seguridad para infraestructuras con “valor estratégico”
Los Mossos d’Esquadra explican que dentro del cuerpo existe un Área Técnica de Planificación que se encarga de asesorar en materia de seguridad de edificios, tecnología y también formar al personal de seguridad privada. Esta área también confeccionan el Plan de Seguridad en aquellas infraestructuras que tienen un “valor estratégico, institucional o simbólico”. Por ejemplo, elaboran informes técnicos de seguridad para edificios como la Sagrada Familia, que ha sido blanco de diferentes asaltos. El último, la acción de Greenpeace para revindicar la libertad de los detenidos en Rusia. Y hace unos años, el incendio provocado en la cripta.

Daño inevitable

“Los símbolos artísticos y religiosos imponen un respeto, pero si se quiere dañarlos, siempre habrá alguna manera para lograrlo”, afirma Salvador Tarragó, arquitecto, urbanista y miembro destacado de SOS Monumentos. “Siempre que hay un atentado se deja al descubierto la insuficiencia de la vigilancia y cuando se produce un robo en un monumento nacional es porque no está suficientemente protegido”, señala. A pesar de ello, Tarragó no se muestra partidario de la implementación de grandes medidas de seguridad porque “si se aumentara la vigilancia en la Sagrada Familia, supondría más colas de espera en los accesos”. Para este arquitecto, medidas como el cobro de entradas” ya suponen una restricción y un freno a quien quiera atentar” y por eso se muestra partidario del uso del “sentido común en los accesos a los monumentos para garantizar la visita y su conservación”.

Por Silvia Colomé y Lorena Ferro en La Vanguardia.