7 mayo, 2018

La piel del MNAC, en reparación

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Los miles de turistas que suben cada día a Montjuïc hasta las puertas del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), la mayoría para hacer una foto panorámica con la ciudad a sus pies y unos pocos para visitar la excelente colección de obras de arte que atesora este museo, habrán podido observar cómo se cuelan en sus fotografías unas molestas redes azules que cubren en parte o totalmente las seis torres que identifican la silueta de este edificio casi centenario. También la linterna que corona la enorme la cúpula central. Las redes obedecen a los trabajos llevados a cabo por Blue Barcelona, una empresa especializada que cuenta con paletas escaladores que realizan desde comienzos de año un mapping para detectar las patologías que afectan a la piedra, originaria, como muchos de los edificios de la ciudad de Barcelona de la misma montaña de Montjuïc.

“La piedra con la que está hecho el edificio, por su naturaleza, es muy porosa. Eso hace que el agua y las bajas temperaturas acaben agrietándola porque oxida el hierro que une a cada una de las piedras y las hace estallar”, explica una fuente cercana a la dirección del principal museo barcelonés. Se trata del mismo problema que afecta a la fachada de La Pedrera, la última obra civil de Gaudí, que obliga a sus gestores a intervenir cada diez años de forma integral.

Las mismas fuentes del MNAC explican que tras la última intervención de 1992 que concluyó con la reapertura del edificio como museo “se han ido realizando inspecciones de forma periódica, cada dos años. Además, en 2005 se le aplicó una capa impermeabilizadora a la fachada para impedir que la acción del agua le afectara”. Una acción, que a todas luces hay que volver a aplicar visto la poca efectividad ahora.

El año pasado, de forma excepcional, para tener un plan detallado, se encargó a una empresa de ingeniería que hiciera una inspección que terminará con un plan de actuación global “la primera que se realizará de estas características”.

Entonces quedaron las zonas difíciles: las torres y pináculos donde pueden verse colgados durante estos días a tres o cuatro escaladores. “En esta última revisión se está viendo que hay zonas que no estaban en perfecto estado y, por precaución, se han colocado las poco discretas redes azules”; sobre todo alrededor de los pináculos y elementos decorativos escultóricos situados en la estructura arquitectónica de las seis torres.

La lluvia ha ralentizado estos trabajos. En breve terminarán y se conocerán todas las patologías que afectan al conjunto y se comenzará a actuar en unos trabajos que se prevé duren varios meses. “No se tratará de un lifting, una operación de maquillaje, sino de una intervención de rehabilitación para consolidar los elementos deteriorados”, insisten desde el MNAC.

Como no han acabado los trabajos de detección de todos los males que afectan a la piedra es difícil saber el coste de la operación. Pero desde el MNAC se asegura que “será millonaria, de más de seis ceros”. Para conseguir la financiación de estos trabajos habrá que aprobar un presupuesto extra que tendrá que pasar por la reunión del Patronato (en la que figuran el Ministerio de Cultura, la Generalitat y el Ayuntamiento). Pero el máximo órgano de gobierno no se reúne desde el pasado mes de julio ya que la aplicación del 155 impidió la celebración del habitual de Navidad. Y tampoco está previsto que se reúna hasta que la situación política cambie.

CONSTRUIDO PARA DERRIBARSE TRAS LOS FASTOS DE 1929

El Palau Nacional, sede del MNAC, fue construido en estilo de “clasicismo académico”, como edificio principal de la Exposición Internacional celebrada en Barcelona en 1929. En su Salón Oval, que tiene fama de ser el espacio civil más grande del mundo cubierto por una cúpula, acogió la ceremonia de inauguración presidida por el rey Alfonso XIII y su mujer Victoria Eugenia.

Pero como edificio temporal que era, hizo que se levantara con gran rapidez (entre 1926 y 1929) y modestia de materiales. Esto hizo que ya en 1934 tuviera que ser modificado cuando se inauguró como sede del Museo de Arte de Cataluña y ha llevado a que tuviera que someterse a continuas intervenciones.

Noticia original por José Ángel Montañés para El País