14 octubre, 2013

La novia del viento

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Autor: Oskar Kokoschka
Cronología: 1914
Técnica: Óleo sobre tela
Localización: Öffentliche Kunstsammlunf Basel, Kunstmuseum, Basilea

Los inicios del XX estarán marcados por el nacimiento de las vanguardias, movimientos artísticos, simultáneos en el tiempo que transformaron el rumbo del arte. Nuevas estéticas revolucionarias que aun siendo todas diferentes tenían algo en común, el posicionarse en contra de lo establecido, las instituciones, la tradición y sobre todo de sus lenguajes y formatos.

Pero a cambio se nos mostraba una nueva identidad basada en la libertad de expresión, una amplia variedad de propuestas que fueron el inicio de una evolución del pensamiento artístico y una nueva visión del ser humano y de la realidad.

Una etapa marcada por la experimentación, en la que los artistas se proclamaron inventores y comenzaron un cambio que dejaba atrás la imitación de la naturaleza o la búsqueda del perfecto ideal de belleza, apostando por otros importantes valores como la expresividad intensa, la simplicidad de las formas o la claridad compositiva.

Aunque no nos podemos olvidar que la ruptura con los lenguajes artísticos más tradicionales estarían directamente relacionados con la paralela transformación en las formas de vida de la sociedad burguesa, Una profunda crisis de valores hacía tambalear al mundo y se acompañaba de grandes tensiones entre las potencias europeas. Desembocando todo ello en el estallido de la Primera Guerra Mundial, la sin razón del ser humano que sacudía toda Europa y evidenciaba los límites del sistema capitalista.

La sensación de amargura, impotencia, tristeza y hastío sacude violentamente a los círculos artísticos que sin dudarlo buscan nuevas fórmulas para poder mostrar sin ninguna traba un mundo que perdía su rumbo.

Si hubo un movimiento que claramente supo plasmar esta crítica situación y ánimo de desaliento que se respiraba, fue el expresionismo. Su arte repleto de sinceridad, le dio una oportunidad a la posibilidad de mostrar el lado no agradable de la vida y por primera vez la violencia, la pasión, la pobreza, en definitiva el sufrimiento humano se podía representar con naturalidad. Para ello primó la subjetividad frente a la objetividad del artista, que intentaba reflejar de forma impetuosa la tensa y trágica atmósfera que presagiaba el estallido de la Guerra y después no dudó en mostrar con la misma vehemencia sus terribles consecuencias.

Todo ello se reflejaba en el lienzo en una nueva técnica, violenta, directa donde la pasta pictórica se convierte en la protagonista acompañada de una paleta de colores enérgica y contrastada, la esquematización de las formas aporta un carácter angustioso y agresivo, puesto que la simplificación se mostrará al servicio de la expresión.

Pero en un principio el público no acogió muy bien esta opción no entendía un arte que no buscase el reflejo de la belleza y que en su lugar mostrase la crudeza de la vida. Y quizás uno de los artistas que mayor indignación causó en el público sería el austriaco Oskar Kokoschka, ya que desde los inicios de su carrera provocó una auténtica tormenta de críticas. Alejándose de cualquier convencionalismo no dudó en ningún momento en mostrar las imperfecciones del mundo que le rodeaba, la cruda época que le tocó vivir.

Y de esta manera de forma clara, sin censuras y con una técnica muy particular buscó simplemente la sinceridad.
Atormentado, directo, enigmático y complicado, su personalidad y su arte nunca fueron comprendidos pero si juzgados. Jamás se sometió a los dictados de la moda y lo único que persiguió fue representar su particular concepción del mundo. Aunque para ello supusiese ir contracorriente de los gustos y las reglas de una sociedad que probablemente aun no estaba preparada para ver en la pintura la crudeza sin adornos de la realidad.

Considerado en la actualidad como uno de los mejores retratistas del siglo XX, sus retratos misteriosos y directos eran increíbles proyecciones del alma y el carácter del ser humano. No dejaron indiferente a nadie ya que consiguió mostrar el aura de los hombres y su proyección en el espacio, por lo que en su época se decía que lograba plasmar en sus retratos el aspecto y la vida de las personas con el paso del tiempo.

Artista prolífero y de larga trayectoria Kokoscka entregó su vida a la pintura y al compromiso con los cambios de la historia del siglo XX y su reflejo en el arte. Fue el maestro que inspiró a toda una generación de artistas, el radical expresionista que se movió en la Viena de Gustav Klimt o Sigmund Freud, durante un tiempo se relacionó directamente con el grupo alemán Die Brücke, llegó a participar en la Primera Guerra Mundial donde fue herido de gravedad y posteriormente por la elección de un cambio de vida viajó por toda Europa.

Completamente roto por dos guerras mundiales y por la intolerancia de la que fue víctima, el pintor tuvo que huir de su país y refugiarse de la persecución al ser calificado por los nazis como uno de los artistas degenerados.

Obligado a abandonar su tierra, se instaló en Londrés, donde no encontró otra opción que no fuese empezar de cero y aunque consiguió renacer nunca volvió a residir en su patria natal.

Sin embargo pese a este agitado peregrinaje en el que se convirtió su vida jamás dudó en abandonar su estilo, que como no podía ser de otra forma apasionó y escandalizó a partes iguales.

Pintor, poeta y dramaturgo Oskar Kokoschka, nacía en 1886 en Pöchlarn, en un pequeño pueblo austriaco en la ribera del Danubio, en el seno de una familia humilde dedicada a la orfebrería. Que vería su futuro dañado por la arrolladora industralización, por lo que toda la familia se verá obligada a trasladarse a Viena.

Allí pasará el artista su juventud y periodo de formación, un momento, el de principios de siglo, en el que en Viena se respiraba un ambiente cultural dominado por el movimiento de Secesión marcado por la claridad y la utilidad, un ambiente donde se defendía la armonía y donde el estilo radical y de fuerte expresividad de un jovencísimo Kokoschka no tuvo cabida, ni buena acogida en los círculos artísticos. Aunque se había formado a partir de 1907, en la afamada Escuela de Artes y Oficios de Viena en la que de manera simultánea comenzó a trabajar, sería tan sólo unos años después, cuando presentaba en una exposición del Kunstschau de Viena su primera colección de aguafuertes y dibujos, repleta de muchachas desnudas en su temática. En ese preciso momento su arte fue eternamente declarado como provocador, escandaloso y despreciable, convirtiéndole en el enfant terrible del escenario artístico. Fama que nunca le abandonaría.

De nada sirvió que hubiese sido definido por Klimt como la gran promesa y talento de las nuevas generaciones, su estilo no era comprendido pero el ya lo tenía definido.

Aun así logró que el arquitecto Adolf Loos, lo reconociera como un espléndido artista, convirtiéndose en su mecenas, consejero e incluso le llegó a facilitar parte de los encargos que recibirá en esta época.

Pero esto no sería suficiente para mejorar su fama, por lo que en 1910 decide trasladarse a Berlín, donde el ambiente era mucho más abierto, y también influirá que en ese momento el movimiento expresionista ya estaba extendido por Europa.

Por fin comenzaba a ser reconocido, se dedicó fundamentalmente a retratar a los personajes que estaban vinculados a la intelectualidad alemana y austríaca de la época, sus retratos inquietantes, perturbadores, eran imágenes que jamás se habían visto por lo que seguían causando gran revuelo.

Su retorno a Viena, se produce en 1912 sin la mejora apreciable de su imagen, aunque él continúa con su prolífica carrera. Fue en ese mismo año cuando comenzó su idilio amoroso con Alma Mahler, viuda del compositor Gustav Mahler, una relación íntima y tormentosa, que marcó toda su vida. Sería la propia Alma la que abandonaría al artista, al ser una relación tan intensa que le hacía nublar su voluntad y que por ocasiones llegaba a rozar la locura. A partir de ese momento se convirtió en un hombre decepcionado con el amor y lleno de un terrible sentimiento de soledad, prueba de ello fue que aunque era un declarado pacifista no dudaría en enrolarse en el ejército de forma voluntaria para así poder olvidarse de Alma. Mientras ella terminaría casándose con el arquitecto Walter Gropius.

La ruptura resultó ser muy dura para Oskar que sumido en una profunda depresión, transformó plenamente su estilo anterior y originó diversos retratos y referencias directas en muchas de sus obras en las que evidenciaba que no asumía el final de la relación. Será en la obra “La tempestad” también conocida como “La novia del viento” realizada en 1914, donde se refleje con mayor intensidad este apasionado noviazgo.

Kokoschka roto por el desamor elaboró una pintura en la que no sólo ellos dos son los protagonistas sino que en ella se ponía de manifiesto la fuerza del amor y la perduración de éste a pesar de las infinitas adversidades.

La mujer que mantiene gran similitud con Alma se muestra serenamente dormida sobre el cuerpo del hombre, que incapaz de dormir fija su profunda mirada en el vacío. Su rostro hundido, perdido forma parte de un cuerpo que parece descomponerse en un espacio indeterminado donde la pareja parece haber quedado atrapada en un ambiente envolvente a través de las formas curvilíneas y las sutiles pinceladas llenas de movimiento.

Una intensa fuerza llena toda la obra, el maestro es capaz de crear una sensación de movimiento envolvente que atrapa al espectador. Y lo acompaña de la fuerza de una pincelada, rápida, suelta, creada a través de breves notas de color puro, con las que es capaz de desintegrar a las dos figuras en pequeñas puntos de luz, movimiento y color. Creando una arrolladora intensidad que no le impide mantener la figuración y al mismo tiempo llenarla de una expresividad única.

Rompiendo conscientemente la realidad y alejándose de lo esperado, acompaña la composición de una atractiva combinación de colores, donde la gama de azules, malvas y verdes se armonizan a la perfección a través de una magistral utilización del blanco que llena de luminosidad toda la obra.

Con la pasión que le caracteriza Kokoschka no nos deja indiferentes al plasmar de forma inigualable el dolor, la incertidumbre, la soledad y la sensación de tristeza e impotencia ante el amor perdido. Una composición llena de fuerza y expresión pero en la que se respira una angustiosa calma de belleza inigualable.

Hoy en día su figura es imprescindible para comprender las vanguardias y la relación con su contexto y el movimiento expresionista, pero en su momento y al final de su carrera el maestro austriaco se sintió olvidado, incomprendido, teniendo la sensación de había sido absorbido o vapuleado por la increíble proliferación de movimientos que surgieron después de la Guerra.

En la actualidad nadie duda de su papel fundamental en la historia del arte, su trayectoria constituyen el perfecto resumen del Expresionismo, una obra llena de intensidad emocional, sentimientos mostrados de manera brutal donde la necesidad interna y la expresión se convirtieron en el tándem perfecto con el que supo traducir en el arte, con una sensibilidad incomparable, todo el dolor de aquel tiempo de locura.

Apasionado y atormentado por las derrotas de su propia vida y la fragilidad del tiempo que le tocó vivir, Kokoschka aprendió a mostrar su visión personal sin satisfacción ni deleite, un artista que sin piedad resquebraja una realidad, porque sin duda es la única forma de mostrar la desolación de un tiempo y una vida rota por la intolerancia y el dolor.

Por Laura Pais Belín.

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