20 septiembre, 2010

La “Niña” perdida de Corot

Protecturi/ Septiembre 2010. La historia no recuerda su nombre, pero esta niña de mirada triste y lejana, vestida al gusto francés de 1857, fecha en que la retrató Camille Corot, ha vivido algo más de siglo y medio después la mayor aventura de su existencia. Un marchante de arte escasamente formal y dado al lingotazo perdió su retrato en pleno Manhattan y fue el portero de un lujoso edificio de la Quinta Avenida, en el Upper East Side de un Nueva York que la niña ni llegó a soñar, quien la recuperó entre unos arbustos.

La historia comienza cuando, posiblemente por última vez en su vida, Kristyn Trudgeon confió en el marchante de arte James Carl Haggerty para venderla. Este, en lo que seré sin duda su última entrevista profesional en el campo del arte, llevó la pintura al lujoso Hotel Mark de Madison Avenue, para mostrarlo a unos posibles compradores. La reunión no debió ir bien, porque el aguerrido marchante se dio a consolarse en la modalidad de barra fija. Hasta dos veces –según demuestran las imágenes de las cámaras de seguridad, benditas sean, del hotel- abandonó el cuadro a la responsabilidad del conserje, para confortarse adecuadamente en el bar de The Mark.

Saciado Haggerty y ahogadas, casi literalmente, sus penas en alcohol, el propio conserje le recomienda coger un taxi; cosa que el marchante, crecido por las copas, rechaza alegando que tiene el coche aparcado cerca. Las imágenes le muestran abandonando el hotel, tambaleándose y, sí, con la Niña de Corot debajo del brazo.

Nada se sabe de lo que ocurrió entre ese momento y el que otras cámaras de seguridad, las de su propia casa, recogen algún tiempo después, y que muestran al ínclito Haggerty entrando, pero sin rastro alguno del cuadro.

Hallada entre los arbustos
imagen_1Debió ser un mal despertar el del marchante, al día siguiente; porque se vio forzado a telefonear a Kristyn Trudgeon, una de las propietarias de la pieza, para comunicarle que no sabía lo que le había pasado al cuadro debido a que “había bebido demasiado la noche anterior”. Haggerty era incapaz de recordar qué le ocurrió a la obra. La propietaria resumía gráficamente su opinión, entonces, a The New York Post: “creo que es un completo idiota”, al tiempo que anunciaba una demanda contra el marchante por un millón de euros.

Pero la niña de Corot no había viajado mucho. Franklin Puentes,  portero de un lujoso edificio de la Quinta Avenida, paralela a Madison hacia Central Park, la encontraba al día siguiente, el 29 de julio,  entre unos arbustos.

Todo indica que el conserje creyó que podía ser de alguno de los inquilinos del edificio en el que trabaja, por lo que lo guardó hasta que encontrase a su propietario.  Pero las fechas mandaban y, unos días después, él se marchó tres semanas de vacaciones.

Al regresar, Puentes ha sabido a través de los medios de la desaparición del famoso cuadro. Este domingo, decidió llevar a la policía el retrato, fechado en el siglo XIX y con un valor de entre 500.000 y 700.000 dólares (entre 381.650 y 534.310 euros), aunque inicialmente se había dicho que podía valer más de un millón.

Después de siete horas de interrogatorio en la comisaría y de que la policía haya realizado algunas pesquisas, varios oficiales creen que el conserje está diciendo la verdad y que se confirma así la versión del marchante del cuadro, James Carl Haggerty. Una historia con final feliz para la Niña de Corot y su propietaria. Quizás no tanto para el marchante, cuya credibilidad profesional debe haber caído bastantes enteros por una mala noche.

Camille Corot, el pintor de la serenidad
Jean-Baptiste Camille Corot (París,1796-1875) fue un pintor francés de paisajes, uno de los más ilustres de dicho género y cuya influencia llegó al impresionismo .

La naturaleza en la que se inspiró para pintar sus paisajes, las emociones que supo transmitir en sus composiciones y los recuerdos que esos paisajes le evocan son las tres claves de la exposición dedicada a uno de los pintores más importantes del XIX, cuya obra supera la herencia neoclásica, el realismo y el romanticismo imperante en su época, para convertirse en auténtico precursor del impresionismo.

Sus idas y venidas, en las que toma apuntes del natural, y que le devuelven siempre al taller, en el que reinterpreta los paisajes que ha visto y en los que en ocasiones incorporaba nuevos elementos.

A pesar de este trabajo de taller, sus obras poseen el encanto de la naturalidad y están tratadas con un toque muy personal, no exento de cierto lirismo, convirtiéndose en fuente de inspiración de posteriores generaciones de pintores.

Maestro del paisaje

imagen_2Con una enorme fama en el siglo XIX y pintor favorito tanto del gran público como de las minorías y de los artistas más innovadores, su renombre sufrió mucho en el siglo XX con el surgimiento del arte moderno. Artistas como Picasso, Miró ó Juan Gris fueron grandes admiradores de Corot, que era una precursor de la modernidad, dando al paisaje una visión puramente visual, empírica. El paisaje, género fundamental en el siglo XX, es muy complejo. En él no solo intervienen los ojos sino otros factores del alma, como la memoria o la emoción. Corot es uno de los pintores que mejor ilustran esta afirmación”. Hombre bondadoso, apacible y sincero consideraba que “en arte lo bello es la verdad bañada en la impresión que recibimos de la naturaleza”.