9 diciembre, 2014

La mayor mina de oro de Roma estaba en León

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“Con galerías llevadas a largas distancias, en el hueco de la montaña, estas minas se agrietan de repente, y el deslizamiento de las tierras entierra a los trabajadores. Si bien puede parecer menos imprudente recoger perlas y coral en las profundidades del mar, ¡hemos sido capaces de hacer la tierra más mortal que el agua!”. Así explicaba Plinio el Viejo el peligroso trabajo de los mineros hispanos que buscaban oro en la zona que hoy es León allá por el siglo I. La famosa explotación de Las Médulas, en El Bierzo, llegó a ser la mayor mina de oro de todo el Imperio Romano.

Pero el geólogo Javier Fernández Lozano, que nació no muy lejos de allí, quería “ver si había algo más en la zona de lo que ya se sabía” usando las nuevas herramientas de visualización remota. Se trata de una región muy boscosa y los métodos tradicionales como el uso de fotos aéreas no sirven para encontrar lo que oculta el verde de las copas. “Para dar con zonas no identificadas contamos con la tecnología LiDAR, perfecta en estas situaciones”, explica Fernández sobre esta tecnología, que se sirve de haces láser para detectar objetos remotos.

Allí se realizaron trabajos para extraer oro a una escala espectacular que no se conocía

Incorporando este detector láser a un avión tripulado, se puede peinar una zona muy amplia para fotografiar con detalle el suelo, lo que no se ve y está por debajo de los árboles. Por primera vez se ha usado con este propósito en España. Al cartografiar la región escogida, en el suroeste de León, dieron con “un valle entero lleno de explotaciones mineras y embalses” del que no se tenía noticia hasta el momento. “Allí se realizaron trabajos para extraer oro a una escala espectacular que no se conocía”, señala este geólogo.

El trabajo completo, que requiere muchas matemáticas para afinar los resultados, ofrece un modelo digital texturizado, “como un guante sobre la mano” con el verdadero relieve oculto. Así es como vieron que algo inesperado se escondía en el valle de Eria y otros puntos de la región, en los que incluso hubo un río y un arroyo capturados y desviados de su curso para usarlos en los trabajos de extracción de oro. Los datos y el LiDAR, proporcionados por el Instituto Geográfico Nacional, ofrecían una instantánea prometedora. Pero no libró a los investigadores de calzarse las botas de montaña para palpar el terreno para confirmar los descubrimientos.

La investigación sigue sobre el terreno

Junto a Gabriel Gutiérrez Alonso y Miguel Ángel Fernández Morán, encontraron toda una infraestructura minera en la zona, lo que muestra la importancia que León y su oro tuvieron para el Imperio Romano. Según estos investigadores, que publicaron sus resultados en el Journal of Archaeological Science y que pasaron dos años pateando el terreno, los romanos importaron a Hispania los sistemas mineros basados en el uso del agua tal y como los habían visto en el norte de África gracias a la pericia de los egipcios.
A diferencia de los procesos naturales, en los que el curso de un río puede ser ‘capturado’ por otro, la presencia de una compleja red hidráulica de canales y embalses para el acopio de agua que conecta con los ríos permite asociarlos con la labor minera

“A diferencia de los procesos naturales, en los que el curso de un río puede ser capturado por otro, la presencia de una compleja red hidráulica de canales y embalses para el acopio de agua que conecta con los ríos permite asociarlos con la labor minera”, explican. En algunos puntos pudieron constatar que la intensa labor minera llevó hasta el agotamiento de los recursos el oro, “de manera que tras la explotación de los sedimentos la explotación continuó por debajo hasta alcanzar la roca que contenía los filones de cuarzo aurífero”.

Para entender lo que veían, los investigadores tuvieron que estudiar la metodología utilizada por los romanos a través de textos antiguos como los de Plinio el Viejo, que entonces era el procurador romano encargado de realizar el seguimiento de las labores mineras en Hispania.

Por Javier Salas en El Confidencial.