11 enero, 2016

La corrección política entra en el museo

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El Rijksmuseum de Ámsterdam modificará en 2016 hasta 300 títulos de obras para evitar palabras consideradas conflictivas como ‘negro’, ‘enano’, ‘moro’ o ‘mahometano’

“Imagínese un cuadro titulado así: Franchute vestido de gala. O si no, Gabacho montando a caballo. Sonaría ofensivo, ¿verdad? Pues lo que intentamos es evitar términos de este tipo que ya no encajan en nuestra sociedad. En especial si las obras se derivan de la época colonial”, asegura Martine Gosselink, responsable del departamento de Historia del Rijksmuseum, de Ámsterdam. Ella impulsa un ambicioso proyecto que aspira a evitar vocablos (hasta 23) tales que negro, cafre, indio, enano, esquimal, moro o mahometano, considerados despectivos. Admite que su plan no es fácil, porque la búsqueda de alternativas supone dar con apelativos precisos para los miembros de amplias poblaciones aborígenes que han pasado a la historia del Arte solo como indios, sin distinción de la tribu original. O bien como negros, despojados de cualquier atisbo de identidad más allá de su grupo étnico. Pero el museo nacional holandés, que cuenta con un millón de obras de las cuales 250.000 están ya digitalizadas, espera haber cambiado para mediados de 2016 los rótulos de cerca de 300 dibujos, grabados o lienzos conflictivos.

Hay títulos como Jovencita negra (1895-1922), un óleo del pintor holandés Simon Maris (1873-1935) fáciles de adaptar al lenguaje actual. En la página de web del Rijksmuseum figura ya como Mujer joven con un abanico. Otros suponen un auténtico reto para los expertos consultados, desde lingüistas a grupos étnicos y miembros del público en general. En otro lienzo, Retrato de Margaretha van Raephorst (1668), pintado por el holandés Johannes Mijtens (1614-1670) aparece la dama en cuestión con un joven sirviente de raza negra. El rótulo original describía al chico como un neger (negro). Dado que en holandés y en inglés esa voz se estima despectiva, ahora es presentado de forma alternativa como un sirviente zwart o black, respectivamente. Las versiones aceptables de la palabra en ambos idiomas.

“Las piezas sobre las que trabajamos reflejan personajes o situaciones en Brasil, Surinam (antigua colonia holandesa en el Caribe) e Indonesia. En un caso concreto, la situación es singular. Los descendientes de un grupo de esclavos no quieren que cambiemos nada. Sus antepasados eran originarios de Angola y Ghana, pero fueron llevados a Surinam. En un momento determinado de la era colonial escaparon a la selva y desean que se les siga recordando con el apelativo tradicional. En holandés es bosneger, y podría traducirse como negro de la jungla. Aunque se ve ofensivo desde los años sesenta, están orgullosos de conservarlo porque recuerda la gesta de escapar a la esclavitud y establecerse por su cuenta”, explica Gosselink.

Otros casos son más sencillos. Esquimal, por ejemplo, es el nombre común para los distintos pueblos indígenas de zonas árticas y de Siberia. En cuanto se identifique el grupo étnico al que pertenecen, se puede cambiar por inuit, yupik, kalaallit, inuvialuit, inupiat, aluutiq, chaplinos, naucanos o sireniki, sus distintas comunidades. “Primero hay que encontrar la rama concreta del poblador. No nos podemos equivocar. Pero es preciso recordar que ninguno de estas modificaciones supondrá borrar la Historia de nuestra base de datos cuando esté lista. Muy pocos artistas titularon sus obras, y las inscripciones se deben, en general, a los conservadores que las han trabajado. Ocurre en este y en otros museos. Nuestros nuevos títulos aparecen ya en exposiciones y catálogos, y acompañarán a los antiguos en el archivo. De otro modo falsearíamos la Historia, y no se trata de eso”, subraya Eveline Sint Nicolaas, conservadora del Rijksmuseum, encargada asimismo de adaptar al lenguaje actual los fondos.

En otros centros famosos la respuesta es variada. El Museo Británico afirma por correo electrónico que, “en estos momentos, no planea modificar los títulos de ninguna de sus piezas”. La National Gallery londinense, por el contrario, asegura “revisar constantemente los rótulos y descripciones” de sus obras. También señala que hará “los cambios que considere necesarios atendiendo a distintas razones”. La National Portrait Gallery, en la propia Londres, califica de “muy interesante lo que hace el Rijksmuseum, pero no se puede aplicar a nuestros retratos, que suelen llevar el nombre del modelo”. Aunque el ejemplo holandés no haya cundido en el Reino Unido, hay títulos modificados a lo largo del tiempo por razones similares. Cabeza de Negro (1827), un retrato de John Simpson (1782-1847) ha sido expuesto sucesivamente como Cabeza de Black, Estudio de Cabeza masculina (El Esclavo Cautivo). Ahora se llama Cabeza de Hombre y está expuesto en la Tate Britain.

Salas como el Real Museo para África Central, en las afueras de Bruselas, ven esenciales estos cambios. Cerrada por reformas hasta mediados de 2016, es la ultima institución colonial de su clase en el mundo y su trabajo consiste ahora en colaborar con África. “Hay expresiones que ya no se usan. Además, en nuestro vocabulario diario también evitamos ciertas palabras hirientes. La lengua está viva y evoluciona y nosotros ya hemos adaptado la terminología. Hay que pensar en el presente, pero sobre todo en el futuro. Por eso dialogamos con representantes de la diáspora africana”, asegura Guido Gryseels, su director.


Por Isabel Ferrer para El País