24 febrero, 2014

La Catedral aclara sus incógnitas

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-El arquitecto Alfonso Jiménez acaba con algunos equívocos sobre la construcción del templo sevillano en un estudio que resume tres décadas de investigación

Traspapelado, entre estampas recortadas de cajas de mantecados, legajos de cierto valor y un montón de documentos viejos que almacenaban las franciscanas del convento de Bidaurreta (Guipúzcoa) había un trozo de pergamino con trazos cuadriculados que las monjas tenían por el boceto de una puerta y que resultó ser un plano a escala de mediados de siglo XV de la planta de la Catedral de Sevilla, el más antiguo de cuantos se conservan en España.

El gran descubrimiento que realizaron en 2008 Begoña Alonso, investigadora de la Universidad de Cantabria, y Alfonso Jiménez, maestro mayor de la catedral hispalense, es la base del libro Anatomía de la Catedral de Sevilla, publicado por la Diputación de Sevilla a finales de 2013 y que ofrece el relato más fidedigno de la construcción, entre 1433 y 1506, del más extenso templo gótico del mundo.

La obra, fruto de los conocimientos amasados durante tres décadas por su autor, va más allá del hallazgo y acaba con algunas de las aseveraciones tenidas por ciertas hasta ahora. Resulta que la famosa frase: “Hagamos una Iglesia tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos”, que aparece en todos las referencias al templo gótico como pronunciada por el Cabildo en 1401 cuando se decidió levantar el templo, no es cierta. “La frase la publicó Ortiz de Zúñiga en el siglo XVII, al glosar un texto de Espinosa de los Monteros, que decía haber visto el auto capitular del 8 de marzo de 1401, en periodo de ‘sede vacante’, porque había fallecido el arzobispo Gonzalo de Mena, pero como el prelado murió en abril, Ortiz calculó que el acta debía de ser del 8 de julio. En menos de 50 años, el acta original se había perdido pero el erudito sevillano admitió, con un importante retoque, los datos de Espinosa que remató con la frase lapidaria”, explica el arquitecto, autor de publicaciones como Turris fortissima, sobre la Giralda.

1393015646_403951_1393016211_sumario_normalSegún el maestro mayor, responsable del buen estado del monumento que es Patrimonio Mundial de la Unesco, no existe ningún dato que pruebe que las obras comenzaron en 1401 porque eso es “un invento”. “Empezaron en 1433. Es a partir de ese año cuando aparece documentación como la sociedad que el mayordomo de la catedral, Juan Martínez de Vitoria, hace con dos cómitres, trianeros que eran capitanes de barcos de mercancías, para que recojan piedra en El Puerto de Santa María y la suban por el Guadalquivir hasta la Torre del Oro. Hemos encontrado facturas entre 1433 y 1506, además del gran hallazgo del plano de Bidaurreta que debió de elaborarse en 1488”, comenta Jiménez.

La importancia de este documento, de 46 x 55 centímetros, en los que aparecen 20 capillas y cinco naves con sus 32 pilares, radica en su rareza. En el siglo XV los arquitectos no solían hacer planos, sino que trazaban el edificio directamente sobre la planta, con cuerdas y dibujos. El especialista cree que el legajo es obra de Juan de Hoces y es una copia del realizado por el arquitecto francés Jehan Ysanbarte, el primero que está documentado en la catedral hispalense, pero cuya pista desaparece en el mismo 1433 y a quien sustituye Charles Gauter.

Entre las reflexiones que aporta Anatomía de la Catedral de Sevilla, un estudio de casi 500 páginas que fue Premio Archivo Hispalense 2012, destaca las que Jiménez dedica al tiempo de construcción: 73 años. “El edificio tiene 10.000 metros cuadrados y tardó menos en construirse que cualquier catedral española. Se hizo casi una bóveda por año. El secreto está en que es una empresa del Cabildo catedralicio, no de un arzobispo ni un de un noble en concreto. Son 40 personas que, puede que algún momento tuvieran sus desavenencias, pero alimentaron la obra sin desmayo”, expone.

Según las investigaciones de Jiménez, a partir de 1440 la financiación se realizó en parte a través de las indulgencias que autorizaba Roma y compraban los cristianos pudientes. A cuenta del perdón de los pecados la obra llegó a disponer con hasta 80 personas trabajando de balde. “En los momentos álgidos había 30 maestros canteros y unos 40 peones, que cobraban 13 maravedíes por jornada. A los que se sumaban 80 cristianos que lo hacían por las indulgencias o pagados por otros para cumplir la penitencia en su lugar. Hemos encontrado bulas que certifican que una persona ha pagado 125 maravedíes para obtener una bula”, precisa el arquitecto que ha obtenido mucha información en la contaduría de la catedral, una especie de ministerio de hacienda del reino de Sevilla actividad de la que se conservan 6.000 volúmenes de documentos. Pero, a pesar de tantas anotaciones, el Cabildo no tenían un control eficaz del gasto lo que le generó bastantes problemas a alguno de sus administradores. El segundo mayordomo, Juan Ruiz, fue acusado de robar y fundir objetos de plata y tuvo que devolver el dinero de su bolsillo pero, en opinión de Jiménez, se trató de una mala gestión.

“Para mí, el último cuerpo de la Giralda y la sala Capitular [en la catedral], ambas de Hernán Ruiz, son las dos obras cumbres de la arquitectura española del Renacimiento. En la sala Capitular se condensan los conocimientos geométricos más depurados de esa época que permitieron trazar su planta de elipse; mientras que la Giralda, con el añadido de Hernán Ruiz se convierte en una gran escultura. La factura de esta torre almohade está mucho más cuidada que la de sus hermanas africanas en Rabat y Marraquech”, precisa Jiménez, quien es maestro mayor desde 1987, pero comenzó a trabajar en el conjunto en 1979 ocupándose de la restauración de la Giralda, el alminar del siglo XII de la antigua mezquita, sobre la que la que se erigió el templo cristiano.

por MARGOT MOLINA, EL PAÍS