3 febrero, 2016

La autentificación de obras de arte, una ciencia nada exacta

Por mucho que se creen comités científicos para su estudio o se celebren simposios internacionales, la autentificación de obras de arte no es una ciencia exacta: siempre acecha la sombra de errores humanos, engaños intencionados, intereses del mercado… Pese a que los investigadores cada vez cuentan con mayor documentación y una tecnología más sofisticada, resulta dificilísimo, por no decir imposible, asegurar al 100% que una obra de arte fue pintada por un artista, por su taller, por un artista y su taller, por un discípulo, por un seguidor… Incluso aunque esté firmada. Muchos de los grandes maestros antiguos no podían atender el gran número de encargos que tenían por lo que contaban con un importante taller y discípulos de una gran calidad que imitaban el estilo del maestro: así ocurría con Leonardo, Rafael, Tintoretto, Rembrandt, El Greco… Hasta la actualidad: artistas como Damien Hirst o Jeff Koons cuentan con talleres donde otros artistas ejecutan las obras ideadas por aquéllos. Algo así como ocurre en los estudios de arquitectura.

Sin embargo, la historiografía moderna parece empeñada en fijar el corpus pictórico de los artistas. En el caso del arte moderno y contemporáneo la Sucesión de los propios artistas es la encargada de decir si una obra es auténtica o una falsificación. Es lo que ocurre con la Fundación Gala-Dalí de Figueras, en el caso de Dalí, o la Administración Picasso, en el caso del artista malagueño. Se crearon comités para autentificar las obras de Hirst,Warhol, Basquiat, etc. Algunas se han disuelto por culpa de las numerosas demandas recibidas. Y es que hay muchísimos intereses, y muchísimo dinero en juego. Especialmente en el caso de que las obras estén en el mercado. La descatalogación de una pieza, e incluso sembrar la duda de su autoría, provoca que el mercado se retraiga, caigan los precios en picado y en muchos de los casos las obras queden sin vender. En el caso de los museos, a ninguno le agrada perder obras de grandes maestros en su colección.

Un apasionante debate

«Las tentaciones de San Antonio», del Museo de Kansas, ha sido atribuido al Bosco
 La actualidad vuelve a poner sobre la mesa ese antiguo y apasionante debate. Como ya delantó ABC el pasado 31 de diciembre, el Bosch Research and Conservation Project, un comité científico creado en Holanda con motivo de la celebración del IV centenario de la muerte del Bosco, que lleva seis años analizando las obras del artista, ha elaborado un polémico informe en el que deja de un plumazo los seis Boscos del Prado en tres. Mantiene la atribución de «El Jardín de las Delicias», «La Adoración de los Magos» y «El carro de heno», mientras que descataloga «La extracción de la piedra de la locura», «Las tentaciones de San Antonio Abad» y «La Mesa de los Pecados Capitales». El museo se muestra en desacuerdo con el trabajo de este comité y responderá con un estudio científico en el catálogo de la gran exposición sobre el artista que se inaugurará el 31 de mayo.

En el estudio de las autorías artísticas hay un predecente muy llamativo: elRembrandt Research Project. Tuvo su germen en 1956, cuando el Rijksmuseum de Ámsterdam, que atesora obras maestras del artista como «La Ronda de Noche», preparaba una exposición con motivo del 350 aniversario del nacimiento del pintor. Se vio entonces que había muchas lagunas para poder certificar su trabajo. Se creó en 1968 dicho comité paraponer en orden su corpus de trabajo. Pero lo que en un principio se preveía que iba a durar una década llevó a sus responsable 46 años, nada comparable a los seis años de trabajo del Bosch Research and Conservation Project.

El corpus pictórico de Rembrandt: 340 obras

«El jinete polaco», obra de Rembrandt sobre la que hay muchas dudas

De las 988 obras que se consideraban de Rembrandt en 1913, Abraham Bredius las dejó, apenas diez años después, en 613. Con los años la purga era cada vez mayor y Horst Gerson, uno de los grandes especialistas en el artista holandés, fijó su catálogo razonado en 419 obras. En octubre de 2010 el Corpus de Pinturas de Rembrandt ya contaba con 5 volúmenes y más de 4.000 páginas. Se aceptaron entonces 240 pinturas. Pero había 162 rechazadas o de las que se dudaba y 80 que ni siquiera habían sido catalogadas. Presidía el proyecto desde 1993 Ernst van de Wetering, considerado el mayor especialista del mundo en la obra de Rembrandt. No faltaron los desacuerdos entre los integrantes del comité. Finalmente, en 2014 se publicó el sexto y último volumen, «Las pinturas de Rembrandt revisitadas, un estudio completo», quedando el corpus en 340 obras.

En todos estos años, el baile de atribuciones ha sido incesante: la Gemäldegalerie de Berlín perdía «El caballero del yelmo de oro», el Mauritshuis Museum de La Haya ganaba «Hombre riendo»; la Frick Collection veía cómo «El jinete polaco» se quedaba como «un Rembrandt con añadidos de taller»…

Pero la sombra del mercado siempre ha planeado sobre las catalogaciones y descatalogaciones. Un ejemplo: «Rembrandt sonriendo». que salió a subasta en Inglaterra en 2007 por 1.100 euros, alcanzó los 3,1 millones. Se atribuía a un seguidor de Rembrandt, pero se pensaba que podía ser una obra perdida. Y «Retrato de un hombre de medio cuerpo con los brazos cruzados», que Van de Wetering autentificó como un Rembrandt, se vendió por 31,7 millones de dólares.

Cotizaciones al alza en el mercado

«Tobías y su esposa», de rembrandt

«Tobías y su esposa», que durante mucho tiempo se había atribuido a un discípulo de Rembrandt, triplicó su valor en el mercado desde que se atribuyó al maestro holandés. Su cotización se alzó hasta los 11 millones de dólares. Mientras especialistas como Ernst van de Wetering defendían su atribución, conservadores del Boijmans Museum de Rotterdam como Jeroen Giltaij no se mostraban de acuerdo.

En 2014, y tras décadas de dudas, se confirmó la autenticidad de un autorretrato de Rembrandt, donado en 2010 al English National Trust y expuesto en la abadía de Buckland (Devon, Inglaterra). Realizado en 1635, se pintó a los 29 años con capa de terciopelo negro y un sombrero con plumas de avestruz. Durante 50 años se creyó que no era obra del maestro: se había atribuido a uno de sus discípulos. Según Van der Wetering, la información aparecida en los últimos 45 años permitió reatribuir el cuadro, valorado en unos 37 millones de euros. Pero las dudas de su autoría partieron del propio Proyecto Rembrandt. Concretamente, de Horst Gerson, en 1968. Van de Wetering lo cataloga en 2012.

«Saúl y David», última atribución

«Saúl y David», de Rembrandt

En 2015 el Museo Mauritshuis de La Haya, tras una investigación interna, llegó a la conclusión de que«Saúl y David», una obra de su colección, es de Rembrandt. Durante décadas no hubo dudas. Pero en su catálogo razonado, de 1969, Gerson creía que era de taller o de un discípulo de Rembrandt. Tras una minuciosa restauración se concluyó que era del maestro, pintado entre 1645 y 1652. El museo holandés organizó una exposición, «¿Rembrandt? El caso de “Saúl y David”». donde se mostró todo el proceso de estudio e investigación. La pintura había sufrido mucho a lo largo de su vida: fue cortada, repintada, remendada (en quince fragmentos cosidos entre sí) y fatalmente restaurada. Después de ocho años de trabajo, en el que colaboraron las universidades de Delft y Amberes, se certificó su autoría, aunque quedaron algunas dudas en las pinceladas del manto de Saúl.

 

Por N. Pulido en ABC