19 octubre, 2010

La anunciación de El Greco

cabeceras_Greco

Laura Pais Belín

Localización: Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Autor: El Greco.
Cronología: c. 1596-1600
Técnica: Óleo sobre lienzo.

Anunciacion_GrecoConsiderado una de las máximas figuras de la historia de la pintura tendría que esperar a ser reconocido a principios del siglo XX. Extrañamente olvidado durante siglos y recuperado con fuerza como uno de los grandes genios de la historia universal. El Greco, artista inclasificable rompió todas las reglas artísticas de una época. Convirtiéndose en el maestro del manierismo más genial y personal, llevando este estilo hasta los extremos más increíbles y hasta sus cotas más altas de expresión en su última etapa.

Enigmático, revolucionario o incluso extravagante, que era como lo veían sus contemporáneos, fue injustamente valorado en vida quizá porque no se ceñía al gusto estético que imperaba en su época, la segunda mitad del siglo XVI. Y quizá porque el artista siempre parecía ir a contracorriente en su trayectoria vital y artística.

Doménikos Theotokópoulos conocido como el Greco, aunque en sus cuadros siempre firmaría con su nombre completo en griego, nació en Creta en 1551. Perteneciente a una familia de comerciantes, recibió una educación esmerada, y alcanzaría fama y maestría ya en época temprana. En el inicio de su carrera practicaba un estilo mixto donde conjugaba perfectamente la influencia de la pintura de iconos de estilo postbizantino  y formas novedosas que provenían del Renacimiento Italiano. Pronto fue artista reconocido pero Creta le quedaría pequeña y decide continuar su formación en Venecia, que en aquel momento sobresalía por ser uno de los grandes centros artísticos de la época. Asimiló y reinterpretó  los secretos de la brillante y colorista pintura veneciana,  beberá de las influencias de Tiziano pero en mayor medida de Bassano, Veronés y Tintoretto por el que se sintió fascinado y  de todos ellos aprendió a manejar el color a la manera veneciana.

Después de esta experiencia se encaminó a Roma donde el gusto estético estaba dirigido por la herencia de Miguel Ángel que defendía la primacía del dibujo sobre el color. Y aunque allí se acercó al manierismo, muy pronto se daría cuenta que su pintura que se basaba en el color no tendría cabida en el ambiente intelectual romano. Su formación compleja y completa le  ayudó a crear un estilo personal, un arte que fue una síntesis perfecta de Bizancio, Venecia y Roma, del primero tomaría el origen abstracto de las formas, no copiadas de la realidad, y de Italia las técnicas venecianas en estilo y el pensamiento manierista.

El periodo italiano se considera un tiempo de preparación y formación ya que su genialidad y estilo inigualable no surgió hasta la etapa española. A España llegó atraído por los grandes conjuntos decorativos del Escorial, donde esperaba poder llegar a trabajar y gracias a la relación con algunos personajes allí afincados. Se asentó en Toledo donde permanecería hasta su muerte y donde desarrolló todas sus obras de madurez. Intentó trabajar para la corte de Felipe II incluso llegó a recibir un encargo pero su arte excesivamente novedoso no fue del agrado del monarca.

En España afianzó su estilo y aunque nunca llegó a alcanzar el triunfo que buscó al no convertirse en un gran pintor de la corte. Consiguió reputada fama gracias a un grupo de mecenas,  hombres de iglesia cuyo objetivo era propagar la doctrina de la Contrarreforma, ya que era la época de la afirmación de la doctrina católica y del Concilio de Trento. El artista cretense imprimió a sus obras un fuerte impacto espiritual alcanzando el objetivo de la pintura religiosa de la época, inspirar devoción pero también emoción. Es en este momento cuando su pintura encuentra su camino personal se hizo cada vez más sugestiva, dramática y destaca por su marcado carácter antinaturalista, ya que en los temas religiosos decidió abandonar la ambientación realista y apostó por trasmitir una visión interiorizada, profundamente espiritual y mística de gran factura personal.

Porque todo era diferente y peculiar en este artista. Dato curioso es su forma de trabajar  antes de abordar la obra, ya que el artista utilizaba como modelos referentes para sus creaciones figuras modeladas por el mismo en barro tierno. De ahí la explicación de la semejanza de muchas de las figuras de sus cuadros y su remarcado anticlasicismo.

Y en cuanto al proceso creativo prefería como material base para su obra, telas de manteles, que eran  telas de grano fino sobre las que extendía una imprimación ocre, y posteriormente aplicaba el color en capas delgadas.

Otro dato interesante es que con su forma de pintar consigue un acabado de factura rápida y descomposición de su pincelada, y esto lo logra porque aunque pinta con la técnica del óleo, coloca las capas de color como si fuera temple, dando pequeños toques y capas de pintura para dar esa sensación de pincelada fresca y separada.

Luego modela en blanco y negro las figuras y demás detalles de sus cuadros y después a través de la técnica de las veladuras con ligeras capas de color logra ese acabado casi transparente del fondo y esa sensación cristalina y etérea que envuelve todas sus obras.

El Greco poseía la costumbre de repetir en lienzos pequeños las obras que más le gustaban o las que llegaban a conseguir mayor éxito. Así esta obra dedicada a la Anunciación, asunto muy querido por El Greco, es una versión en pequeño formato del gran lienzo que pintó para el retablo de la Iglesia de la Encarnación del Colegio de Doña María de Aragón en Madrid, encargado en 1596. Y que en la actualidad se encuentra en el Museo del Prado.

Artista curioso y abierto a novedades, siempre sobresalía por sus elecciones compositivas y plásticas, por lo que esta obra de etapa final no sólo se distingue por el brillo y la frescura del colorido, sino también por la manera de organizar la escena. 

El maestro llena de espiritualidad la composición, realmente parece que la escena de la Anunciación se traslada de la tierra al cielo, y El Greco lo consigue a través de una composición en dos mitades que se corresponden con el mundo real y con el sobrenatural, pero con una atmósfera envolvente y una luz sobrenatural que rompe todos los límites, llegando a alcanzar la sensación de un único mundo.

En lo que se refiere al mundo real pocas alusiones quedan en  el lienzo, sólo los atributos marianos, el cesto de labor y el velo del templo; y del mobiliario el pupitre. Pero ya no encontramos ninguna referencia espacial ni a la estancia en la que se desarrolla la escena sino que lo que llama la atención es el aire que envuelve a las dos figuras que se impregna de una atmósfera irreal.

El pintor elige un momento determinado el justo instante en que María acepta el mensaje del ángel. Presentando una iconografía innovadora en la que la Virgen, sorprendida ante la llegada del arcángel, de pie se gira hacia él. Destacando también la representación de la figura de la Virgen, en su rostro ha estilizado y afinado sus rasgos para poder conseguir una imagen de mayor elegancia y belleza.

En la zona superior el protagonista es un rompimiento de gloria donde un coro de ángeles músicos con instrumentos sigue las instrucciones del director que marca el compás con la mano, y con la otra sostiene la partitura. Mientras una multitud de querubines abren camino a los rayos de luz de la paloma del Espíritu Santo, señalando el momento de la Encarnación. Por todo ello en esta composición podemos apreciar un claro ejemplo manierista, que es la falta de espacio y por ello las figuras tienden a intensificar sus gestos y sus cuerpos hacia lo alto.

Característico de la última etapa del artista será no pintar los encuadres espaciales de la escena como vemos en esta obra. Las figuras siguen fieles a su canon alargado y excesivamente delgado y lánguido, desmaterializadas en sus volúmenes sólo adornadas con los paños que flotan en toda la escena, llegando a dar la sensación de ingravidez.

Así el maestro nos presenta un lugar donde se funden cielo y tierra, libre de las leyes ópticas, donde el espacio se vuelve denso y, donde las proporciones saltan de escala en cada una de las figuras, que en actitudes expresivas son recorridas por fogonazos de luz y un gran cromatismo que les dan una apariencia espectral.

La paleta de colores en esta composición se ha vuelto quizá más fría que en la década anterior, el gris, el verde, la gama de azules, una paleta fría en la que sólo sobresale el rosa calido y dulce utilizado para las vestiduras de la Virgen. Y a todo ello une una pincelada suelta y descompuesta con la que logra que los colores se liberen de la materia y ayuden a remarcar el carácter espiritual de las figuras.

Pintada con extraordinaria soltura la carga emocional de la tela se incrementa con el colorido, con sus contrastes y con el toque de pincel. Convirtiéndose en una composición rítmica que sobresale por la perfecta armonía de la línea y los colores.

Probablemente uno de los elementos más impresionante es el tratamiento de la luz, ésta no proviene de un sólo foco sino que de forma grácil y repentina retoca varios elementos de la composición, llenándola de dinamismo y brío. Con su maestría en su utilización hace sobresalir a la Virgen y el arcángel por el resplandor de sus vestiduras. Alcanzando un acabado deslumbrante, por el que las figuras parecen que tienen luz propia. Pero no sólo las figuras sino que hasta los accesorios se pintan con brillos y reflejos, como los copos de azucenas que sobresalen en la sombra como focos de luz o  con que habilidad destaca los bordes de los vestidos acentuándose en ellos la claridad.

Curiosidad del cuadro es que está firmado en el centro en la parte inferior, ya que utiliza uno de los paños que sobresalen de la cesta de la Virgen para plasmar su firma.

Debido al pequeño formato del lienzo, el cuadro es mucho más denso, convirtiendo la composición más apretada e intensa, pero por ello podemos apreciar de forma más directa y violenta todas las características de un artista inigualable en su tiempo y aun difícilmente clasificable hoy en día por lo personal de su maestría y las grandes lagunas en su biografía.

Imagen cedida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao, www.museobilbao.com