6 octubre, 2011

La acróbata de la bola

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Laura Pais Belín

Autor: Pablo Ruiz Picasso.
Cronología: 1904.
Localización: Museo Pushkin de Moscú.
Técnica: óleo sobre lienzo.
En el Museo de El Prado (Sala 60) hasta el 18 de diciembre

la_acrobata_de_la_bolaUniversal y polifacético Picasso está considerado hoy en día como una de las figuras más influyentes del arte modero. Personaje controvertido y renovador  incansable siempre buscó nuevas formas de expresión y con ellas cambió por completo el devenir del mundo artístico. Con sus descubrimientos pictóricos llegó la revolución, abriendo un camino sin retorno para la historia de la pintura.

Pintor, escultor, grabador y ceramista, Pablo Ruiz Picasso nacía en Málaga en 1881 en una familia vinculada a la pintura. Su padre se ganaba la vida como profesor de dibujo, primero en Málaga y luego en La Coruña y Barcelona. Desde que era un niño sería su padre el que fomentó su talento para el dibujo. Aunque ya en la ciudad gallega empieza sus estudios de Bellas Artes, será Barcelona el lugar en el que completa su formación y comienza su carrera de pintor.

Como artista incansable su aprendizaje fue increíblemente vertiginoso, se dice que a los catorce años dominaba el dibujo y el color como los maestros clásicos, destacaba por sus dotes excepcionales para las artes, pero muy pronto tomó la decisión firme y acertada de alejarse de la pintura académica.

De esta manera el joven artista se sumerge de lleno en la bohemia barcelonesa de principios de siglo. La capital catalana por aquel entonces era un hervidero artístico lleno de dinamismo, donde el modernismo acampaba a sus anchas por la arquitectura de la ciudad y las artes decorativas convivían con las nuevas tendencias artísticas que llegaban de Europa.

En 1900 viaja por primera vez a París, allí descubre el mundo de la vanguardia artística, pero será Toulouse Lautrec la figura que impactará en mayor medida en el joven, los temas elegidos por el pintor francés pero sobre todo su técnica, a partir de este momento su pintura se volverá mucho más libre y abocetada.

Pero el gran salto lo daría un año después cuando Picasso dentro de un arte aun figurativo consigue encontrar su sitio, logra independizarse de las influencias y busca su estilo personal.

Todo empezaría en los albores del siglo XX, para Picasso la pintura no sólo era un lenguaje con el que se expresaba sino que a través de ella intentaba entender el mundo que le rodeaba. Gran observador basó su trabajo en percibir y asimilar lo que veía a su alrededor y así poder expresarlo de forma muy particular en su obra.

Aunque su obra siempre estuvo estrechamente unida a los acontecimientos de su vida. La primera etapa de su carrera artística es conocida como la época azul que comenzó en el verano de 1901,  cuando su íntimo amigo Carlos Casagemas, con el que había visitado por primera vez París, se había suicidado en la capital francesa en enero de ese mismo año. Esos meses fue el tiempo que Picasso necesitó para asimilar lo que había sucedido, y fue en ese mismo momento cuando comenzó a pintar en azul, como el propio artista llegó a afirmar “Empecé a pintar en azul cuando me di cuenta de que Casagemas había muerto”.

El color azul fue el elegido para representar el dolor y la pena por la muerte de su amigo, y así la gama de azules será utilizada por el maestro durante cuatro años.

Se puede decir que es en este momento cuando el artista malagueño comienza a crear su propio estilo, hasta entonces se había dejado llevar por las influencias que le llegaban, pero ahora con el azul y la forma tan particular de abordar los lienzos encuentra la libertad creadora.

Aunque esta etapa no sólo se caracterizó por el color azul sino por la temática utilizada. Sus cuadros muestran el ambiente bohemio de los salones de baile y los cafés pero siempre acercándose al mundo de la pobreza, de esta forma las clases más marginales se convierten en los grandes protagonistas de sus obras, personajes escuálidos con expresión trágica y llenos de miseria humana, como trabajadores extenuados, mendigos, enfermos y prostitutas. Representados con cuerpos y formas ligeramente alargadas invaden el lienzo con una calma sobrecogedora. Al igual que la melancolía y la pena invaden no sólo la obra del artista sino también su propia vida.

En 1904 se instala definitivamente en Montmartre, y entre Paris y Barcelona discurre su trayectoria y empieza otro cambio. En otoño de ese mismo año conoció a Fernande Olivier, una joven que trabajaba como modelo para muchos artistas y con la que compartirá su vida hasta 1911. Ella fue uno de los motivos por los que fue desapareciendo la melancolía del pintor y poco a poco se estabilizó su vida. Será en este momento cuando la gama de azules deja paso a la gama de rosas, ocres y suaves grises, de ahí que a este periodo se le denominé la etapa rosa. Pero éste no será el único cambio ya que la temática también varía, acercándose esta vez al mundo del circo, ahora los arlequines, acróbatas y bailarinas, serán los protagonistas de sus cuadros, pero hay algo que no varía y esto será la inquietante tranquilidad y melancolía que desprenden todas sus obras.

Desde 1904, Picasso visitaba a menudo el Circo Medrano, instalado cerca del estudio que el artista tenía en el Bateau-Lavoir, en Montmartre. La afición al circo había sido un tema recurrente en los pintores impresionistas pero mientras que este grupo se acercaba a él atraídos por su luz y su movimiento, se puede decir que en Picasso esa aproximación tiene un carácter más profundo. Ya que  lo utilizará como una reflexión sobre su propia vida y la relaciona con su investigación sobre los problemas fundamentales de la pintura.  Tras la intensa expresividad de su época anterior, el carácter de su pintura se vuelve más poético y armonioso. Y quizá en este momento  indagó de manera más exhaustiva en los aspectos más plásticos de la pintura, como el  preciso y firme dibujo, la forma perfectamente cerrada o el volumen muy marcado. Separándose por completo de lo que estaban haciendo los jóvenes artistas franceses, fascinados por el colorido violento del fauvismo.

Una de las obras más famosas de este periodo será “La acróbata de la bola” una pieza que destaca por el virtuosismo de su dibujo y por sus clasicismo sereno.

En la época de creación del lienzo el genio malagueño no pasaba su mejor momento económico y necesitado por entonces de materiales, se sabe que para poder llevar a cabo la obra reutilizó uno de sus lienzos grandes. En el que había pintado un retrato del pintor Francisco Iturrino, y que se había expuesto en 1901 en la galería Ambroise Vollard, en París, durante la primera muestra de Picasso, que compartió con el propio Iturrino.

La composición, que fue estudiada en varios dibujos preparatorios, muestra un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. La esfera y el cubo en los que, respectivamente, se apoyan, hacen realzar las cualidades pero también el contraste entre ambas figuras, la muchacha ligera y etérea parece flotar en el aire, mientras que el tratamiento del corpulento hombre, situado en primer plano y de espaldas al espectador, destaca por su fuerte peso volumétrico conseguido a través de gradaciones de luz y sombra. Las dos figuras principales de esta composición, la mujer sobre una esfera y el hombre sobre un cubo, figuras geométricas que desde la antigüedad están asociadas a la estabilidad y perfección, pueden llegar a desvelar los dos extremos dentro del arte de Picasso, de un lado la creatividad y la fantasía y por otro la seriedad y el rigor.

Utilizando una gama de color muy restringida, dominada por rosas y ocres, que no sólo se lleva al tratamiento de las figuras sino al fondo del lienzo, resuelto con un paisaje sencillo y puro, logra remarcar esa sensación de quietud o calma sosegada que atrapa y estremece al mismo tiempo. En cuadros como éste Picasso no relata sino que describe una situación, que al final el espectador la llega a apreciar como cercana.

Considerada una de las obras más sobresalientes del periodo rosa, sería adquirida por la escritora y coleccionista norteamericana Gertrude Stein, aunque poco tiempo después pasaría a la galería Daniel-Henry Kahnweiler, quién en 1913 la vendió al coleccionista ruso Ivan Morozov. Pero tras la revolución rusa la colección Morozov pasaría a formar parte de los museos estatales, de ahí que definitivamente se encuentre hoy en día en el Museo Pushkin de Moscú.

Una obra que es la primera vez que visita España y que no ha salido de Moscu desde hace cuarenta años, podrá ser  admirada en el Museo del Prado hasta el 18 de Diciembre como parte del programa “La obra invitada”.