19 noviembre, 2013

La abstracción radical de Canogar inunda el IVAM

Canogar

Fue un auténtico boom. Críticos, artistas y visitantes se quedaron deslumbrados por la apuesta moderna, abstracta e innovadora de un grupo de creadores desconocidos para el mundo y procedente de la España franquista. Corría el año 1958, y el pabellón español de la Bienal de Venecia fue el gran protagonista de aquella edición, gracias a un colectivo que había plantado la semilla de la renovación del arte español de la posguerra. Era el grupo antiacademicista de El Paso, que lideraba a los informalistas españoles y asimilaba múltiples influencias, como la abstracción informalista francesa, el surrealismo, el expresionismo abstracto americano o las pinturas negras de Goya y Solana. Rafael Canogar (Toledo, 1935) fue uno de sus fundadores en 1957.

Ayer recordaba en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) ese boom comercial que significó aquella Bienal de Venecia para su carrera, aunque ni tenía el mercado entre sus objetivos ni el grupo se adscribía al régimen que los lanzó para lavar su cara. Tuvo tanto éxito que el pintor tenía serias dificultades para cumplir con sus compromisos de venta, según relató. Hasta el punto de que algunos de los cuadros de aquella cotizada época que se exhiben en la retrospectiva presentada ayer en el museo fueron adquiridos por el propio artista en subastas posteriores. “Hay artistas que guardan para ellos sus mejores cuadros pero no ha sido mi caso”, comentó.

Las 33 obras que forman parla de exposición pertenecen a su colección particular y ofrecen al propio artista “un reencuentro con el periodo informalista en el que buscaba la máxima expresividad con los mínimos elementos en juego”, señaló el creador.

Titulada La abstracción de Rafael Canogar y comisariada por el propio artista, la selección que podrá verse hasta el 2 de febrero se articula en torno a tres momentos que jalonan la trayectoria del creador: sus primeras abstracciones de los años cincuenta; su etapa de pinceladas marcadas que protagonizaron sus obras a finales de los setenta, y la obra objetual de los noventa, que evolucionaría en las primeras décadas del siglo XXI centrándose en la organización del espacio y el juego entre los diversos elementos y fuerzas concurrentes en sus composiciones.

Con obras apenas exhibidas, la retrospectiva es una mirada “atrás sin nostalgia” y una puerta abierta para entrar en su presente y su futuro a través de una retrospectiva “coherente y muy diferente” a otras que ha protagonizado, apostilló Canogar. De hecho, el recorrido expositivo arranca con sus pinturas más recientes (alguna está datada este mismo año) para ir retrocediendo hasta 1957.

No en vano, el artista destacó su interés por enseñar al público los derroteros por los que discurre su actual producción, lo que explica ese orden inverso. “Creo que soy más radical ahora de lo que fui entonces, porque tengo muchos más años y experiencias nuevas”, explicó Canogar, que definió la pintura como “un rincón en la naturaleza pero visto a través de un temperamento”.

El pintor sostuvo que “pintar no es difícil, lo difícil es pintar bien” y, además, poder vender la obra después, que es una suerte, según recoge Europa Press. En cualquier caso, resaltó que los artistas de su generación estaban “dispuestos a vivir una travesía del desierto” y, aunque “no vendieran ni un cuadro”, defendían “su obra como si fuera una religión”.

Consuelo Ciscar, la directora del IVAM, incidió en que en las pinturas de Canogar “subyace una propuesta que revela el interés por el arte sin retóricas que distraigan al espectador del verdadero reto que supone enfrentarse a las texturas, a los colores y a la iluminación del lienzo”. En el catálogo, el crítico Francisco Calvo Serraller subraya que con su última obra “Canogar paga el hermoso tributo de volver a empezar”. “Y, a nosotros, esta acción liberadora, que salta por encima del tiempo produce vértigo”, concluye.

Por Ferrán Bono en El País.