14 julio, 2010

Invitación militar a la reflexión y a la concordia

El Museo del Ejército, trasladado desde Madrid, abre sus puertas en Toledo.

La historia militar de España cuenta ya con un escaparate singular para mostrar al público su relato. Y lo hace de una manera que invita a la reflexión y a la concordia, tras una controversia que ha durado una década. Se trata del flamante Museo del Ejército, trasladado pieza a pieza desde Madrid hasta la nueva institución estatal y de ámbito nacional, que abrirá sus puertas en el Alcázar de Toledo el próximo 20 de julio previa inauguración oficial por el Príncipe de Asturias un día antes.

Culmina así la adaptación de la fortaleza que domina la ciudad del Tajo con el estreno de 28.900 metros cuadrados distribuidos en un nuevo edificio de accesos para talleres de restauración, almacenes, administración y exposiciones temporales y después de proveerse de los ricos fondos enviados a Toledo durante un año y medio desde el añejo palacio del Buen Retiro de Madrid, donde estuvo alojado entre 1873 y 2005. Otros fondos provienen de diferentes museos.

Estas piezas se expondrán en la colección permanente, desplegada a lo largo de dos amplias plantas del edificio histórico, rehabilitado para la ocasión, con gálibos y anchuras de hasta cinco y siete metros, respectivamente. El público podrá contemplar en 20 salas, siete de ellas de discurso histórico y 13 temáticas, 6.500 piezas de alto valor histórico y artístico: armas blancas y de fuego, largas y cortas; piezas de artillería, algunas medievales, de hasta cinco toneladas de peso, en un conjunto que compone -a juicio de los expertos- la mejor colección artillera del mundo y que ha requerido diseños específicos de soportes del arquitecto Ginés Sánchez Hevia; banderas veteranas de los Tercios de Flandes en el siglo XVII -hoy frágiles como alas de mariposa pero “restauradas a conciencia”, según sus conservadoras-, hasta enseñas carlistas, pasando por las de ambos bandos, franquista y republicano, de la Guerra Civil.

En una sala especialmente adaptada se exhiben armaduras medievales y modernas de la deslumbrante colección de la casa ducal de Medinaceli, una de las más completas de Europa; maquetas, condecoraciones, uniformes, textiles suntuarios, fotografías y miniaturas, además de fondos etnográficos acopiados durante expediciones intercontinentales, configuran un enjundioso repertorio complementado con paneles interactivos y táctiles diseñados por Nacho Vicens y Manuel Estrada. De esta manera, se simulan episodios bélicos como el desembarco de Alhucemas, en 1925. Todo el conjunto mostrado, amenizado con filmaciones y música histórica e himnos, da sintética noticia de la evolución de los ejércitos en España desde el siglo XV hasta nuestros días, bajo la supervisión de la Real Academia de la Historia y de comités científicos.

El relato que el nuevo museo propone se caracteriza por una muy abundante información dispuesta para ofrecer al visitante una narración que, a juicio del director del Museo del Ejército, general de Brigada Antonio Izquierdo García, “busca la objetividad” y se caracteriza por una intencionalidad expositiva “sustancialmente histórica”. No se eluden vicisitudes problemáticas como la dictadura de Francisco Franco -cuya máscara funeraria esculpida por Santiago de Santiago en 1975 se expone en una vitrina-, ni referencias al levantamiento en armas de 10.000 españoles contra el franquismo entre 1942 y 1953 “en línea con la tradición guerrillera española”, como reza una cartela sobre el maquis.

Los arquitectos Dionisio Hernández Gil, Francisco Fernández Longoria y Javier Macua y Ramos rehabilitaron dos plantas del edificio toledano ideado en clave renacentista por Luis de Vega y Alonso de Covarrubias para Carlos V en el siglo XVI. Aunque la mole fortificada fue construida sobre cimentaciones preexistentes desde el reinado de los Trastámaras, de la etapa de la dominación árabe, la era visigoda y la romana. Estos vestigios, que afloraron durante la excavación previa al comienzo de las obras del nuevo edificio y que fueron estudiados por el arqueólogo Juan Zozaya, han quedado integrados en 2.100 metros cuadrados de superficie expositiva, que se muestra al público nada más franquear el acceso, aderezado con un ajardinamiento externo construido ex novo, así como varios planos aterrazados.

El monto del traslado de fondos, el nuevo edificio y la rehabilitación del antiguo se anunció que se elevaría a 60,1 millones de euros en 2004, cifra aportada por los ministerios de Cultura y Defensa. Once millones más se agregaron 2009. Su plantilla será de 157 personas.