16 abril, 2013

Goya, Godoy y el retrato perdido

El óleo 'Godoy. Protector de la Instrucción', de Esteve

“¡Muera el choricero!”. El grito de la muchedumbre prologó el asalto al palacete de Aranjuez. Dentro, escondido, el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy. El Príncipe de la Paz y favorito del monarca (al parecer también de la reina) estaba a punto de ser arrollado por una turbamulta y con él todo lo que había en aquella casa: tapices, vasos de china, lienzos… Así contó la insurrección de la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 Benito Pérez Galdós en los Episodios Nacionales. Godoy fue apresado y sus casas y pertenencias arrasadas varios días por un gentío instigado por los partidarios del nuevo rey, Fernando VII.

Entre esas obras destrozadas había un retrato del político pintado por Francisco de Goya en 1806, Godoy. Protector de la instrucción, en el que el Generalísimo extremeño (1767-1851) sostenía en la mano izquierda el tratado de Educación pública del pedagogo suizo Heinrich Pestalozzi (1746-1827), que había inspirado su reforma educativa. También se aprecia detrás un edificio en cuyo dintel se lee A la educación de los españoles. Esa construcción era el Real Instituto Militar Pestalozziano, escuela erigida en noviembre de 1806 en Madrid para formar a futuros oficiales del Ejército. El cuadro de Goya colgó de las paredes de ese lugar.

Sin embargo, la oposición de la Iglesia y reaccionarios había obligado a cerrar en enero de 1808 aquel instituto revolucionario. Del cuadro de Goya despedazado no se supo más pero quedaron dos copias, de 1807, del valenciano Agustín Esteve y Marqués (1753-1820?), “pintor de cámara, retratista de los duques de Osuna y copista de Goya”, enumera el delegado del museo de la Academia de Bellas Artes, José María Luzón.

Detalle del retrato de Godoy en una imagen realizada con lámpara ultravioleta

Una de esas copias lució en una casa de Godoy pero como otras obras de arte del derrocado, los franceses las reunieron al comienzo de su invasión en el madrileño palacio de Buenavista. “Después, en 1816, esos cuadros se trasladaron a la academia de Bellas Artes, única institución que había para almacenarlos”, señala Luzón. Uno de los dos óleos de Esteve (de 2,50 por 1,76 metros), doblado, arrumbado después en un bastidor y con sucesivas y pésimas intervenciones permaneció almacenado hasta diciembre pasado, cuando se acometió su restauración. Ese Godoy idealizado, en traje de gala, está a punto de ver la luz otra vez gracias a tres restauradoras. “Queremos recuperarlo no solo por su gran calidad artística, sino también por su mensaje, la defensa de la enseñanza pública”, afirma Luzón, exdirector del Museo del Prado.

“Como Goya no tenía tiempo de hacer sus copias, se las encargaba a Esteve. Ambos tenían buena sintonía”, dice Arturo Ansón, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza y estudioso del valenciano. De este artista, “el que más retrató a Godoy”, asegura que “llegó tarde a pintor de cámara porque no encontró hueco con sus obras religiosas, por lo que se especializó en el retrato”. La grandiosidad de Goya le eclipsó, además del sambenito de retratista de Godoy. Con la guerra de Independencia se refugió en Valencia y cuando regresó a Madrid “ya eran otros tiempos y el suyo había pasado”. El profesor Ansón niega que la fecha del fallecimiento de Esteve sea 1820, como se ha establecido siempre. “Murió entre 1830 y 1835. Lo que sucedió fue que a partir de 1820 se quedó ciego, fue a Valencia y apenas se sabía nada de él. Pero hay testimonios en 1825 que dan fe que seguía vivo”.

Luzón explica que la segunda copia del goya no tiene la calidad de la que ellos están restaurando. “Además, presenta diferencias con la nuestra, como las piernas de Godoy”. Lo que no se sabe es cuál de los reproducciones se asemeja más al original. “El esteve de la academia tiene detalles extraordinarios, como la cabeza del personaje”, asegura Silvia Viana, una de las restauradoras (junto a Ángeles Solís y Judith Gasca, un equipo premio Nacional de Restauración).

El segundo esteve viajó a Suiza porque Godoy quería regalárselo al mismo Pestalozzi. Sin embargo, cuando la obra llegó a su destino, el primer ministro había caído. Desde entonces comenzó una historia de ventas que acabó en 1989 con la compra por parte de la Generalitat Valenciana, que lo ubicó en el museo de Bellas Artes. José Gómez, conservador de esta pinacoteca, no quiere “entrar en comparaciones” sobre cual de los dos esteves es mejor. “Era normal que este pintor hiciera varias réplicas y no fueran todas iguales”.

Del tercer protagonista de la historia, el lienzo de Goya, solo queda un pequeño trozo, el que muestra al grupo de niños de la zona inferior izquierda del cuadro y que se conserva en el Meadows Museum de Dallas. Sin embargo, el equipo de restauración de la Academia de Bellas Artes duda que sea auténtico: “Los rostros de esos críos son demasiado melosos para ser de Goya y además están vestidos como príncipes en vez de como alumnos”, dice Silvia Viana.

La rehabilitación del esteve en poder de la academia se prevé que acabe a fines de mayo, cuando estará listo para exponerlo. Del proceso de recuperación, Viana detalla que “el cuadro se encontraba en muy mal estado por haber estado doblado, incluso tenía la marca de los pliegues”. Eran visibles en el rostro de Godoy las huellas de una mala restauración. “La pintura saltó en algunas zonas”, explica mientras pasa la mano por el óleo. La restauración ha llegado al estucado, en el que se aplica una masa que nivela las áreas donde se perdió pintura y que se repintarán. “Al final quedará muy bien, aunque lo hemos tenido en cuidados intensivos”.

Por Manuel Morales en El País.