29 abril, 2013

Fortuny, ‘retorno in patria’

La odalisca, de Fortuny

Marià Fortuny (1838-1874) tuvo una vida breve pero intensa. En sus cortos 36 años realizó más de 350 obras y miles de dibujos y grabados, muchos de los cuales le proporcionaron éxito comercial y reconocimiento de la crítica, dos de las metas que persiguen cualquier artista que se precie. Fortuny, además, fue el primer pintor catalán de fama internacional. Y todo se lo debe a obras de género (o pinturas de casacas, como también se le llamó) como Il contino (1861), El coleccionista de estampas (1866), La vicaria (1870) o las calificadas como orientalistas entre las que destacan la esplendida La odalisca (1861) o El vendedor de Tapices (1870). Todas ellas y muchas más, hasta un total de 45 obras, se pueden ver en Reus, ciudad natal del pintor, en la exposición Fortuny, el mito, abierta hasta el 7 de septiembre en el reformado Museo Salvador Vilaseca.

Il Contino

Hacía años que no se podían ver juntas tantas obras del pintor. En Reus desde el año 1974, coincidiendo con el centenario de su muerte, y en Barcelona desde la antológica del MNAC año 2003. Ahora, la celebracíón del 175 aniversario del nacimiento del pintor y una carambola, han posibilitado el feliz reencuentro y el ritorno in patria de las obras del pintor. El Museo Nacional de Arte de Cataluña, MNAC, con motivo de la conmemoración, ha organizado una muestra monográfica sobre La batalla de Tetuán en la que se exponen cerca de doscientas obras preparatorias, ha tenido que vaciar varias salas contiguas a la enorme obra, pero en vez de guardar las 28 obras de Fortuny en sus salas de reservas, —entre las que se encuentra él único abanico que pintó con una escena galante en un bucólico jardín—, las ha cedido para que viajen y se puedan exponer en Reus.

A estas obras emblemáticas, se han sumado otras no menos importantes procedentes de la Academia de Bellas Artes de Sant Jordi, como la obra historicista Ramon Berenguer III clavant l’ensenya a la torre del castell de Fòs, realizada en 1857, que le sirvió para obtener la beca de la Diputación de Barcelona en Roma que le cambió la vida para siempre, y tres de los excelentes dibujos de figuras masculinas que el pintor realizó ya en la ciudad eterna durante su etapa de formación y que cuesta creer que son dibujos al carbón o a tinta y no fotografías.

El vendedor de tapices

Además de las obras que conserva el Museo de Reus, como el maravilloso Niño en Portici (pintado en el último año de su vida, en 1874), la exposición permite ver, de forma excepcional, El vendedor de tapices (1870) que es propiedad del Museo de Montserrat, pero que no se expone normalmente para no dañar las acuarelas con la que está realizada la obra.

El conjunto reunido en la casa del artista se cierra con obras pertenecientes a colecciones particulares, y por lo tanto más difíciles de ver como un tenebroso Retrato de San Andrés (1870) influido, sino copiado, del pintor Ribalta.

Los comisarios, Jordi A. Carbonell, profesor de la Universidad Rovira i Virgili y Francesc Quílez, conservador jefe del Gabinete de Dibujos y Grabados del MNAC, son los mismos que han trabajado durante más de un año para la exposición de Barcelona. Para la exposición de Reus no han optado por hacer un discurso cronológico sino por áreas temáticas. “Queríamos dejar patente que el mismo año que pintaba una pintura de género como La vicaría, 1870, estaba pintando una pintura orientalizante como La odalisca”, aseguran los dos, durante la presentación de la exposición en las remozadas salas del Museo de Reus.

Niño en Portici

Los expertos han dividido la exposición en varios ámbitos en los que se repasa la imagen del pintor a través de algunas de las fotografías que se conservan de él, un autorretrato realizado en Roma en 1958 o incluso un retrato que le realizó su suegro Federico de Madrazo. “Sorprende el tratamiento tan amable que le dio el pintor de corte a su yerno”. Fortuny, vivió en Reus, Barcelona, París, Granada o Roma, pero también pasó temporadas en Marruecos, para cumplir con el encargo de la Diputación de Barcelona para plasmar los logros bélicos del ejército español de la mano de O’Donnell y Prim (otro reusense). Allí descubrió la riqueza cromática del mundo árabe y comenzó sus obras orientalizantes, que no abandonaría hasta 1870. En ese año, tras su triunfo en la sala Goupil de París, cuando vendió la vicaria por 70.000 francos, se vio envuelto en un aura de prestigio y triunfo social, comenzó a desarrollar una pintura más personal y temas más cercanos a su entorno. Esta ultima etapa queda reflejada en dos obras que cierran la exposición: Paisaje de Granada (1871) “una pintura de pincelada potente, de colores claros y luz intensa, que se adelanta a la de los impresionistas y que fue admirada por Manet”, asegura Carbonell y Niño en Portici, “un retrato de forma directa, con pincelada esbozada y gran expresividad”. Mirándolo no podemos dejar de pensar en muchas de las figuras que luego pintó Sorolla.

Pepe Serra, director del MNAC, aseguró durante la presentación de la exposición, que esta es solo el inicio de la colaboracion con diferentes museos catalanes que su museo realizará. Tras destacar que solo se vera en Reus dijo que “la exposición justifica el viaje”.

Por José Ángel Montañés.