7 febrero, 2011

Femme au miroir de Julio González

Cabecera_Joya_mujer_espejo

Laura Pais Belín

Autor: Julio González.
Cronología: 1936-1937
Técnica: Escultura en hierro.
Localización: IVAM Institut Valencia d`Art Modern.

img_mujer_espejoDesde principios del siglo XX el mundo de las artes figurativas  vivía una profunda transformación. El arte muestra una nueva forma de afrontar la realidad, claramente influido no sólo por un contexto intelectual sino también social y político e incluso científico. Y será quizá el arte escultórico el que experimente una revolución más radical. Hacia 1930 un nuevo material se instalaba en el ámbito de la escultura moderna revolucionando por completo el panorama artístico del momento, el hierro durante siglos ignorado como material noble, será el protagonista de las audacias técnicas de grandes artistas que abrían con sus innovaciones nuevos caminos y pronto este metal se transformó en el elemento preferido por la vanguardia artística. Grandes figuras como Pablo Picasso, Julio González y más tarde David Smith o Eduardo Chillida coronaron este material, ya que para ellos era el vehículo perfecto para llevar a cabo la gran renovación de la escultura en sus diferentes corrientes artísticas en el siglo XX.

Pero tal vez a la hora de hablar de la revolución de la escultura moderna debemos detenernos en la gran figura de Julio González, puesto que está considerado uno de los padres de la escultura en hierro. En su momento destacó por romper con el pasado y por apreciar una nueva forma de ver las posibilidades de los diferentes materiales en la escultura, que terminaba por completo con la decadencia decimonónica. Con su trabajo y con su arte nos regaló nuevos logros técnicos que desde luego fueron el inicio de un largo viaje en el ámbito de la escultura contemporánea.

Dibujante, pintor, orfebre y escultor, Julio González Pellicer nace en Barcelona en 1876 en el seno de una familia de forjadores, su trayectoria siempre estará marcado por sus inicios en el taller familiar  a donde acudía con su hermano Joan desde muy pequeño, completando posteriormente esta formación con los estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona.

Asiduo a las tertulias de Els Quatre Gats, vivió el ambiente del modernismo artístico de la década de 1890, hasta que los avatares de la historia de su familia, sus inquietudes artísticas y su vocación de pintor le llevaron a París, puesto que en 1900, poco después de morir su padre, los dos hermanos cerraron el taller familiar y de este modo se trasladaron con toda su familia a la capital de la vanguardia.

En muy poco tiempo Joan y Julio se introdujeron en los círculos artísticos, en un principio los dos hermanos se dedicarán al dibujo y la pintura. Hasta que la prematura muerte de Joan sumirá a Julio en una profunda depresión, el maestro catalán se aislaría por completo del ambiente cultural, produciendo en esta época sólo obras sobre papel. Durante la primera Guerra Mundial apoyaría a la causa francesa trabajando en la fábrica Renault, donde aprendió la técnica de la soldadura autógena, hecho que será muy determinante para su futura carrera como escultor.

Poco a poco se va introduciendo otra vez en la vida cultural, en la primera parte de su carrera después de haberse dedicado a la pintura y la orfebrería, hacia la década de los años veinte, su interés se centraría entre las máscaras de metal y las figuras modeladas, concentrándose principalmente en pequeños relieves de cobre y hierro de carácter experimental. Aunque será hacia 1926 cuando dio un paso decisivo y avanzó en sus ambiciones técnicas al decidirse a recortar la plancha de metal.

Con esta técnica crearía toda una  serie de máscaras en las que el escultor, partiendo de de los principios del escultor Gargallo, del cubismo y de la influencia del primitivismo africano, llegó a crear un lenguaje propio. No obstante, fue el contacto con Picasso, con quien colaboró, lo que le permitió reparar en las posibilidades que tenía el hierro para la escultura, el artista malagueño recurrió a la ayuda de González para hacer sus esculturas de metal y en aquellas fechas su obra estaba en un período decisivo por la variedad y riqueza de sus soluciones plásticas. De este encuentro  podemos decir que el beneficio fue doble González enseño el oficio a Picasso, pero al mismo tiempo también se sintió atraído por lo que hacía Picasso esculturas abiertas y lineales, más abstractas.

Así en la década de 1930, cuando tenía más de cincuenta años, se incorporó a la vanguardia con nuevas y llamativas formas escultóricas y un lenguaje propio, calificado de abstracto, que tuvo como objetivo esencial la mezcla perfecta entre formas y espacio. Llegando a afirmar “Un pintor o un escultor pueden dar forma a cosas que no tienen una forma concreta: como la luz, el color, una idea”.

En este momento la evolución de su obra estaría marcada por un  solo deseo, el de poder lograr en sus esculturas el independizarse del plano para conquistar el espacio. Lo comenzó a explorar en sus máscaras y poco a poco sus piezas se fueron complicando en sus estructuras pero al mismo tiempo se fueron simplificando en el espacio.

González transformó este metal, y más concretamente la varilla de hierro de distinto grosor, en nuevas y originales formas que se alejaban por completo de los planteamientos tradicionales de simetría,  con esto logró crear un lenguaje muy personal e innovador, pero no todo se debía a su dominio de la técnica sino  que a ello debemos unir que demostraba tener una gran libertad imaginativa acompañada de una particular sensibilidad artística.

En pocos años el escultor había sido capaz de crear unas formas totalmente innovadoras y personales que consolidaron su papel como el gran maestro y defensor de la escultura en hierro.

Para Julio González la escultura es dibujo en el espacio, porque para él era en este medio donde se realiza la escultura, y con este concepto consiguió que sus obras que nunca llegaron a abandonar por completo el carácter figurativo se alzasen libremente en el espacio.

Hacia 1937, las dos grandes corrientes del desarrollo de la escultura del maestro catalán, el dibujo en el espacio y la investigación del volumen, convergen en unas obras maestras de carácter sintético y monumental como “Mujer ante el espejo”, donde se combinan perfectamente sus juegos entre espacio y materia. Con esta obra había alcanzado su madurez artística y también la culminación de su lenguaje.

Considerada como una de obras capitales de la escultura moderna, llama la atención sus dimensiones pero también por su gran complejidad conceptual y formal. Nos encontramos ante una propuesta muy ambiciosa ya que González transformó la imagen clásica de una mujer reflejándose ante el espejo y reordena las diversas partes de la anatomía femenina simplificándolas y al mismo tiempo las llenas de fuerza y dinamismo. Pero como siempre esta interpretación tan personal de una imagen tradicional lo logra gracias a un trabajo técnico extraordinario y tremendamente laborioso. Demuestra su maestría al utilizar planteamientos elaborados y complejos para lograr múltiples puntos de vista y, en definitiva, una nueva percepción del volumen.

Con gran pasión estiliza el hierro, hasta darnos la sensación de que con aparente facilidad es capaz de tratarlo como si fuese un material blando, como si trabajase con arcilla o incluso con arena. De esta manera maneja a su antojo el metal, lo retuerce, lo suelda, lo moldea, creando un diálogo entre el espacio, la materia, el espectador hasta el momento desconocidos para el mundo artístico.

Uno vibra ante sus obras, las descubre en su conjunto, y las saborea en cada uno de sus detalles, muchas veces en esos pequeños detalles uno descubre la libertad, la luz, la energía o el movimiento de una gran escultura. Con el material que adoró durante toda su carrera consigue que las formas se expandan en el espacio manteniendo un diálogo directo con el espacio que lo rodea y que en este momento se convierte en parte de la obra. Con piezas como ésta logró llevar a la categoría de lo sublime el material del hierro y con él los métodos de trabajo tradicionales propio de este material como la forja y la soldadura.

Se puede afirmar que lo que Julio González buscó a lo largo de toda su carrera en el ámbito de la escultura sería conquistar el espacio, y con toda su pasión por conseguirlo asentó uno de los grandes postulados de la escultura contemporánea el valorar de igual manera la importancia de la materia como la del espacio.

Figura clave de la historia del arte del siglo XX, es reconocido por todos los expertos como uno de los grandes maestros de la escultura de este siglo, esta considerado como el gran inspirador de la escultura moderna en hierro, ya que todas sus innovaciones y conquistas técnicas siguen siendo un claro referente hoy en día.