7 junio, 2011

España y el Mediterráneo: Introducción General

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Pedro_II_Aragon_Figura_1La relación de España con el mar Mediterráneo cumple en estos años de principios del siglo XXI nueve siglos de convivencia.

¿Cuándo se inicia esa inmersión de poderes políticos hispánicos en el mar Mediterráneo? Hemos incidido en “poder político” debido a que para los imperios cartaginés y romano, la península ibérica era una provincia, centrándose los dos sobre el propio mar y sus orillas

Desaparecido el imperio romano de occidente, el imperio bizantino, con Justiniano el Grande, absorbe el sur, levante de la península ibérica y las islas Baleares, así como una buena parte de la costa africana. Lo visigodos recuperan esos territorios perdidos y se asientan en África, sin conocerse mucho sobre esta penetración, aunque la historia y la leyenda, más la segunda que la primera, hablan de un conde Julián, gobernador visigodo de Ceuta que abrió el paso a los musulmanes para la conquista de la península ibérica.

El emirato independiente y posteriormente el califato de Córdoba, mostraron su interés por el Mediterráneo occidental y detentaron las islas Baleares y unas franjas de terreno de extensión apreciable en las que se encontraban las actuales plazas españolas de Ceuta y Melilla y el resto de las posesiones menores.

En una conferencia dictada con motivo del Día de las Fuerzas Armadas en Málaga, trataba, desde un punto de vista anecdotario, sobre las vicisitudes españolas en el Mediterráneo, indicando que en 1497, se conquista Melilla y en 1415, nuestro hermanos portugueses habían hecho lo mismo con Ceuta, ambas plazas pertenecían el reino de Fez, del que el reino de Marruecos se considera sucesor, pero ¿por qué no vamos a considerar al reino de España heredero de los distintos poderes políticos peninsulares que también fueron soberanos de territorios en el norte de África?

Almogavares_Figura_2Los reinos cristianos de la Península, conforme iban alcanzando sus fronteras, pactadas entre ellos, no tenían más remedio que buscar nuevos horizontes. Las expansiones de los reinos medievales se basaban en tres pilares: espacio vital, seguridad y economía.

Portugal fue la primera monarquía hispana que terminó su “reconquista”, la segunda fue el condado de Barcelona, ya constituido con los límites muy parecidos a la Cataluña actual, aunque con territorios al norte de los Pirineos, en lo que se llama la Cataluña francesa, hoy por supuesto pertenecientes a Francia.

¿Qué motivó la expansión catalana hacia el Mediterráneo y más concretamente la conquista de Mallorca?, evidentemente los tres pilares antes citados: las islas Baleares se encontraban en poder musulmán y desde sus radas se enviaban expediciones marítimas que asolaban las costas catalanas, por ello era fundamental para la seguridad que dichas islas pasaran a ser propias; segundo el espacio vital, en el sentido que había una superpoblación y unos excedentes de personas que era necesario buscarles nuevos asentamientos y tercero el económico, al vislumbrar que desde las islas se podría establecer lazos comerciales con el norte de África, con el sur de Francia, Córcega, Cerdeña e Italia.

Aunque en aquellos años las ocupaciones de las islas Baleares y Cerdeña, eran objetivos de la corona de Aragón, los únicos que colaboraron en ellas fueron los nobles del condado de Barcelona, siendo por ello la razón de que en las Baleares se hable catalán y que incluso en pequeñas zonas de Cerdeña, también se mantenga como idioma autóctono un catalán arcaico.

Conocemos las aventuras de los almogávares:

Aquestes gents qui han nom Almugavers son gents que no viven sino de fet de armes, ne no stan en viles ne en ciutats, sino en muntanyes e en boschs; e guerreien tots jorns ab Serrayns, e entren dins la terra dels Serrayns huna jornada o dues lladrunyant e prenent dels Serrayns molts, e de llur haver; e de aço viven; e sofferen moltes malenances que als altres homens no porien sostenir; que be passaran a vegades dos jorns sens menjar, si mester los es; e menjaran de les erbes dels camps, que sol no s’en prehen res. (Crónica del Rey en Pere e dels seus antecessors pastas per Bernat Desclot; ab un prefaci sobre’ls cronistas catalans per Joseph Coroleu. Biblioteca Virtual Joan lluis Vives. Pág. 149)

Estas gentes que se llaman Almogávares no viven más que para el oficio de las armas. No viven ni las ciudades ni las villas, sino en las montañas y los bosques, y guerrean todos los días contra los Sarracenos: y penetran en tierra de Sarracenos una jornada o dos, saqueando y tomando Sarracenos cautivos; y de eso viven. Y soportan condiciones de existencia muy duras, que otros no podrían soportar. Que bien pasarán dos días sin comer si es necesario, comerán hierbas de los campos sin problema.

Con el paso del tiempo estos soldados mercenarios, procedentes al principio de las montañas catalanas y aragonesas, se amalgaman con otros contingentes de pueblos mediterráneos, incluso uno de sus más famosos capitanes Roger de Flor, no era de ascendencia catalana sino siciliana.

En aquellos años, principios del siglo XIV, las posesiones de la corona de Aragón alcanzaban el ducado de Atenas y Neopatria, manteniéndose la lucha por la preeminencia en el Mediterráneo norte hasta finales de dicho siglo y continuando en el siguiente en los reinos de Nápoles y Sicilia.

Los Reyes Católicos, tras la conmoción de la conquista de Constantinopla por los turcos, Isabel con más ardor y Fernando a remolque, pretendieron con una acción de tenaza, por el norte y por el sur del Mediterráneo liberar los Santos Lugares y restituir el reino de Jerusalén, título que hoy día ostenta el rey de España.

Pedro_III_Figura_3Apasionante pueden considerarse las acciones castellanas por el norte de África en pos de los deseos de Isabel la Católica.

Posteriormente, a partir de Carlos I y V del Sacro Imperio Romano Germánico, ya no puede hablarse de una acción individual en el Mediterráneo, sino que es la Cristiandad y los intereses occidentales, los que predominarán por encima de los particulares “de las Españas”.

En 1497, con la conquista de Melilla por el duque de Medina Sidonia, se inicia en la historiografía musulmana de los países norteafricanos una guerra, a la que se denomina de “los trescientos años”, dado que finaliza en los últimos años siglo XVIII, cuando José Moñino, conde de Floridablanca, ministro principal de Carlos III, firma un tratado de paz, amistad y comercio con el imperio otomano. Anteriormente lo había firmado con el sultán de Marruecos, que había sostenido varios sitios a Ceuta, y posteriormente lo hará con los gobernadores de Trípoli, Argel y Túnez, nominalmente dependientes de la “Sublime Puerta” (Estambul), pero de hecho independientes, en los años 1784, 1786 y 1791. Por último como colofón de toda la historia, la ciudad de Orán y el territorio circundante fue vendido por Carlos IV al bey de Argel.

Tras la pérdida tan “vergonzosa” de Orán, España deja de tener incidencia en la política y en la seguridad internacional. Es como si hubiera “tirado la toalla”, pasando todo el protagonismo a Francia e Inglaterra.

Roger_Flor_Constantinopla_Figura_4No es cuestión en un “Recuadro de la Historia” analizar la situación actual, pero desde luego nada comparable a la que aquellos trescientos años, durante los cuales lo más florido de las fuerzas armadas españolas y sus generales más prestigiosos, lucharon y ofrecieron su sangre por la permanencia de los intereses españoles en este mar, que aunque llamamos “nuestro”, ya no nos pertenece.

Es imposible en un recuadro, tratar toda esta historia, todo este noviazgo de España con el Mediterráneo, por ello parece conveniente, dividirlo en episodios unitarios, siempre enmarcados en el contexto general. Tampoco se va a pretender que semana tras semana presentemos un episodio de esta naturaleza, sino que irán publicándose mezclados con otros recuadros, con el único objeto de evitar la monotonía.

Sirva el presente Recuadro como Introducción general a lo que se pretende y al mismo tiempo sea una breve síntesis de la lucha de los españoles por el Mediterráneo.

Rafael Vidal
Málaga, 31 de mayo de 2011
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