18 octubre, 2011

España y el Mediterráneo: El Desastre de Annual

cabeceras_Recuadro

Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

INTRODUCCIÓN
Los días 21 y 22 de julio se cumplieron noventa años de una derrota militar, una derrota de tales consecuencias que se le ha denominado “Desastre de Annual”, en donde de forma inexplicable un ejército bien constituido, relativamente bien armado, con una instrucción suficiente, unos mandos teóricamente competentes y experimentados, y un etcétera, es decir un ejército de una potencia media de principios del siglo XX, es puesta en fuga por un puñado de rifeños, el número es lo de menos, no formados en unidades regulares, con mandos improvisados, sin cañones y armados con fusiles y ametralladoras de contrabando de armas.

Esta derrota tuvo su colofón en el mes de agosto con la rendición de Monte Arruit, en donde perecieron dos mil españoles y otros tantos quedaron prisioneros. Las cifras de los muertos, desaparecidos y heridos de estos luctuosos sucesos nunca se sabrán.

Fue una derrota indignante, pereciendo en la acción miles y miles de soldados españoles, la mayoría cazados como piezas de caza, al huir de forma desordenada en dirección a Melilla.

Dentro de este conjunto de escenas sobre España y el Mediterráneo, presentamos una de las últimas, la cual la hemos dividido en dos partes, debido a su extensión, comprendiendo la primera todo el desastre de Annual y la segunda, la investigación ordenada por el Gobierno (expediente Picasso), las consecuencias políticas y militares, terminando con el pronunciamiento del general Primo de Rivera, que muchos deducen como consecuencia directa del desastre militar.

PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA DE MARRUECOS PARA ESPAÑA
De la guerra de África del primer cuarto del siglo XX se ha escrito muchísimo, tanto que los libros, artículos, reportajes fotográficos, etc., se pueden contar por miles, no digamos el propio expediente del general Picasso, uno de los más profusos y minuciosos que se han elaborado en las fuerzas armadas españolas. Por ello parece que no se puede ser original al tratar este tema, acercándose a él, como una anécdota histórica, sin añadir ningún aspecto nuevo.

No es nuestra intención, al no ser además, experto en el siglo XX, presentar unos cuadros novedosos, ni otra versión de la verdad, aunque parece conveniente, iniciar este estudio con la tradición castrense española de someter a juicio contradictorio a todo general o almirante que es derrotado por el enemigo, cerrando con ello el debate sobre si el expediente “Picasso” fue una excepción, y segundo reflexionando sobre el concepto de “desastre militar” y “pánico”, con objeto de hacer ver que tampoco fue una excepción, sino una situación más normal de los que se cree, incluso entre los ejércitos más modélicos, de tal forma que Napoleón no se vio privado de esta amargura de la huida atropellada de una de sus grandes unidades en la batalla de Wagram.

Para reflexionar sobre las consecuencias políticas y militares, es bueno conocer la situación de partida, tanto política como militar, con objeto de comprobar la evolución a causa del desastre, aunque en realidad el mismo fue exclusivamente un detonante.

LOS JUICIOS CONTRADICTORIOS E INFORMES DE CARÁCTER NO JUDICIAL
Tanto para ser premiados por una acción victoriosa o para dar cuenta de lo acaecido y aclarar si tenía responsabilidad en la derrota, era muy normal la formación de juicios e informes, en el ámbito de la historia militar.

Figura_1Cuando las Cortes de Cádiz crearon la Real y Militar Orden de San Fernando (Laureada de San Fernando), para premiar el valor heroico, era exigible para que el Gobierno la concediera, la apertura de un “juicio contradictorio” junto al dictamen del Consejo Supremo de Guerra y Marina (Figura 1).

Con respecto a los informes sobre las actuaciones tras un combate o batalla, el general que comandaba el contingente español, elaboraba un informe, adjuntando al mismo la cartografía disponible con los movimientos de las tropas propias y enemigas y los croquis que estimara convenientes. En caso de derrota o por pérdida de un barco, se presentaba ante el Consejo Supremo de Guerra y Marina, alegando y presentando documentación complementaria, así como informes y declaraciones de sus subordinados, por su parte el Consejo podía ordenar nuevas pruebas o declaraciones. Generalmente el general u oficial quedaba absuelto y restituido a su honor.

Por ello, no era de extrañar, que se nombrara a un instructor para aclarar las actuaciones tras el desastre de Annual, aunque evidentemente nunca había sido tan grande la tragedia.

CONCEPTO DE DESASTRE MILITAR
En la historia de las operaciones militares se suele definir el “desastre militar”, cuando una tropa aguerrida es puesta en fuga y acuchillada sin piedad por el enemigo, que siempre es de número muy inferior al derrotado.

El desastre se produce tras un ataque de “pánico” a una colectividad militar, presta para combatir, de tal manera que sin que exista un motivo aparente se tambalea la estructura militar y el soldado sólo piensa en la huida como única vía de salvación.

La palabra pánico procede del ámbito militar y etimológicamente procede del dios “Pan”, que era el dios de las selvas, de los pastores, en realidad de la naturaleza entera, ya que en griego “pan” significa todo. Este dios era ducho en las artes guerreras. Se cuenta que el dios Pan fue el que tocó por primera vez un caracol marino, saliendo un estruendoso ruido, ante el cual todos los presentes huyeron despavoridos. De esta forma se llamó “pánico” “al miedo súbito y sin causa racional que dispersa a una muchedumbre o un ejército”. Este fenómeno psicológico se propaga con la velocidad del rayo y transforma a la masa en un verdadero rebaño. Puede producirse en cualquier clase de tropa, aunque las bisoñas y menos instruidas son más proclives a estos fenómenos, no teniendo terapia correctiva sino preventiva. En la historia se han planteado fenómenos de este tipo y los propios oficiales han sacado sus armas y disparado contra sus propios hombres, intentando contrarrestar el pánico con otro miedo superior, pero escasas veces ha sido efectivo. Una tropa bien mandada, con una disciplina y con una moral y unas normas que la mantengan es más difícil que entre en una situación de pánico, aunque no imposible.

Figura_2El “Desastre de Annual”, fue un desastre más de los que se han producido a lo largo de la historia bélica, existiendo varios en la de España. A “vote pronto” podemos recordar tres: el de Djerba, cuyos 501 años se conmemoraron en el mes de agosto y en donde murieron miles de soldados españoles y otros tanto fueron hechos prisioneros en los territorios de la actual Túnez (Figura 2); el de Descarga, en la primera guerra carlista, acaecido el 2 de junio de 1835, y en donde menos de una compañía de caballería carlista, puso en fuga a la división de Vizcaya del general Espartero, muriendo cientos de soldados despeñados por la montaña en la huida, otros alanceados y cayeron prisioneros más de dos mil; y la tercera el que nos ocupa, el de Annual.

Figura_3Unos años antes se había producido la derrota de la brigada del general Pintos en las proximidades de Melilla, en una zona denominada “Barranco del Lobo”, el 26 de julio de 1909 (Figura 3), pero sus consecuencias no fueron catastróficas, pereciendo 153 soldados y quedando más de 600 heridos, salvándose la situación gracias a la intervención del teniente general Marina, que estaba al mando de todas las tropas del norte de África. No acostumbrados a las “bajas” militares, la población española y los políticos se sintieron aterrados por el desastre, pero lo peor estaba por llegar. El “procedimiento” al general Pintos no llegó a instruirse, dada que murió en la acción, aunque en caso de que hubiera vivido, seguramente le habría costado la carrera, debido a que intentó controlar el barranco sin hacerlo previamente de las alturas, desde las cuales los moros dispararon a placer sobre las tropas.

La situación de las unidades, en el momento de esta derrota de 1909, no podía ser más esperpéntica, según la propia cronología de los acontecimientos: el diez de julio se movilizan las quintas de 1903 y 1904, lo que provoca los acontecimientos sangrientos denominados “la semana trágica de Barcelona”, completándose con las mismas tres brigadas mixtas de cazadores, y enviadas a África. La de cazadores de Madrid llega a Melilla el 16 de julio y entra en combate el 18. Sería interesante analizar la “capacidad de combate” de las brigadas enviadas de refuerzo al Protectorado, pero seguro que el cálculo daría una capacidad muy reducida, con imposibilidad de enfrentarse a las tropas irregulares rifeñas.

Figura_4Vegecio, un tratadista romano, clásico entre los clásicos, analiza someramente la moral del soldado antes de la batalla, pero señala acertadamente que para evitar que al soldado le entre pánico, debe poder ver al enemigo, porque se tiene miedo a lo que no se ve (Renato, Vegecio. “Instituciones Militares”. Madrid. 1978. Pág. 166). En Annual los soldados españoles veían de forma muy difusa a los rifeños, aunque sentían sus acciones, por las historias terroríficas que contaron los supervivientes de Abarrán e Igueriben.

Otro tratadista, el barón de Jomini (Figura 4), a principios del siglo XIX, analiza esta situación de pánico:

“Una tropa presa de pánico se encuentra en el mismo estado de desmoralización porque, una vez introducido el desorden, toda concertación y toda unión de las voluntades individuales se vuelven imposibles. La voz de los jefes no consigue hacerse oír. Las maniobras para restablecer el combate son inejecutables y la única salvación está en una huída vergonzosa” (JOMINI. Barón de. Compendio del Arte de la Guerra o nuevo cuadro analítico de las principales combinaciones de la Estrategia, de la Táctica sublime, y de la Política Militar. Madrid. 1840. Artículo 15. Pág. 134).

Figura_5Jomini pone varios ejemplos de este tipo de pánico que se apodera de las tropa:

“¿Quién no recuerda el inconcebible terror pánico que se apoderó de la infantería del mariscal Villars, después de haber ganado la batalla de Frieslingen (1704)? Lo mismo sucedió en Wagran, cuando el enemigo estaba en completa retirada (Figura 5). Aun sorprende más la extraordinaria derrota de la medida brigada 97 en el sitio de Génova, en que los 1.500 hombres que huyeron de un pelotón de húsares, tomaron dos días después el fuerte del Diamante por uno de los golpes de mano más vigorosos de que hace mención la historia moderna” (JOMINI. Ob. Cit. Pág. 135).

Otros ejemplos podrían ponerse, como en la guerra austro-turca, en donde cien mil turcos fueron completamente derrotados por el príncipe Eugenio en Peterwardin; lo que demuestra que estas situaciones no son ajenas a la actividad bélica, por muy disciplinados que sean los ejércitos.

SITUACIÓN DE PARTIDA
Querer abstraer el desastre militar de Annual de lo que ocurría en el resto de España es no ver la realidad. Annual era la consecuencia del fracaso político, institucional y militar de los últimos años de la vida constitucional española.

La Constitución y el sistema político nacido tras la restauración de Cánovas del Castillo, establecía un bipartidismo que en principio daba estabilidad a la política nacional, pero tropezaba con lo que el maestro Unamuno, llamaba el “fulanismo”, indicando con ello que en España no existían los liberales, conservadores, progresistas o cualquier otro partido, sino que la vida política se gestionaba por tendencias: sagastinos, canovistas, zorrillistas, castelarianos, mauristas, etc.

Entre 1902, por no remontarnos a más años, sacudida la sociedad española por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas y todas las demás posesiones en el Pacífico, parecía que un movimiento regenerador, acaudillados por los intelectuales de la “generación del 98”, iba a restituir a la política a su verdadera génesis democrática, pero fue una ilusión, de tal manera que desde el año anteriormente citado al 15 de septiembre de 1923, cuando asume el poder dictatorial el general Primo de Rivera, se suceden 32 gobiernos, a unos escasos ocho meses cada uno. Hasta 1917, hay una relativa tranquilidad, bien que rota periódicamente por huelgas, atentados, asaltos de fincas y un largo etcétera, siendo la llamada “Semana Trágica de Barcelona” uno de los más paradigmáticos acontecimientos. La Primera Guerra Mundial o Europea, atemperó la política, sustituyéndose el gobierno de la nación, según eran los intereses españoles con respecto a la contienda que se desarrollaba a su alrededor. Aquellos años fueron de un cierto auge económico, necesitados los estados de las dos coaliciones, de materias primas para abastecer su industria militar y a sus ciudadanos.

La revolución rusa de febrero de 1917 fue el detonante para que la convulsión llegara a España. Tres acontecimientos confluyeron en aquel año: la huelga general revolucionaria, la asamblea parlamentaria catalana de carácter nacionalista y las “juntas de defensa” militar. Tres movimientos con intereses encontrados, regando el primero de ellos, con sangre española las calles de las ciudades en sus enfrentamientos con las fuerzas de orden público.

Aunque se hable del catalanismo, no fue ese el único movimiento separatista que se acrecentó en aquellos débiles años del constitucionalismo español. Los regionalistas valencianos, ya había expuesto sus conclusiones en su asamblea del 28 al 30 de junio de 1907, radicalizándose las posiciones nacionalistas con la declaración valencianistas de 14 de noviembre de 1918, refiriéndose a un “Estat Valenciá” dentro de la “Federación Españyola o Ibérica” (ARTOLA, Miguel. Partidos y programa políticos 1808-1936. Tomo II. Editorial Aguilar. Madrid, 1975, pág. 237).También el partido nacionalista vasco se hace más presente en aquellos años, presentando un manifiesto en 1921, en el cual “proclama ante Dios y los hombres el derecho de nuestra Patria a regirse libremente y pide su reconocimiento por todas las naciones” (ARTOLA. Ob. Cit., pág. 242). Andalucía, de la mano del notario Blas Infante, con un sentido “regeneracionista” de la realidad español, desea el reconocimiento de la región dentro de una España federal, celebrándose una asamblea en Ronda en 1918, firmándose el 1 de enero de 1919 el manifiesto andalucista. Por su parte el nacionalismo gallego, tras un manifiesto en 1899 de la liga gallega y una intensa vida política, aunque sin resonancia nacional, publica, con el nombre de “manifiesto de a nos aterra”, su ideario regionalista el 10 de julio de 1917, radicalizándose su postura, con un giro al nacionalismo con el manifiesto de la asamblea de Lugo de 18 de noviembre de 1918.

Esta es una breve muestra del panorama de aquellos últimos años de la segunda década del siglo XX: unos partidos políticos desprestigiados; unas elecciones amañadas por el caciquismo; una crisis económica galopante, consecuencia del colapso de la economía mundial; una presión social cada vez más intensa y revolucionaria; una tendencia centrífuga de la nación que parecía que España se iba a romper en mil pedazos; una situación institucional difícil de sostener, con un enfrentamiento permanente entre el monarca, Alfonso XIII y el parlamento; una oficialidad dividida entre los “peninsulares” que tenían que arrostrar años y años para obtener ascensos y los “africanistas”, que superan a sus compañeros en dos o tres empleos por delante; un ataque constante social y mediático sobre las esencias de la Patria, tal como la entendían los militares, lo que les hace asaltar determinadas sedes de medios desafectos; una constante sangría de vidas humanas, siempre de los más débiles, de gente del pueblo, que sin recursos tienen que enviar a sus hijos a la muerte; estas y muchas más cuestiones, es la España previa al desastre de Annual.

Los gobiernos se suceden a ritmo vertiginoso, Manuel García Prieto, tiene que dimitir en tres ocasiones, sustituido por un gobierno débil, para de nuevo contar con la confianza del rey. El almirante Dato, después de diez meses de gobierno es asesinado en marzo de 1921, sustituyéndole Gabino Bugallal Araujo, gobierno que dura cinco días, accediendo a la presidencia el 13 de marzo de 1921 Manuel Allendesalazar, que tiene que dimitir como consecuencia del desastre de Annual, sucediéndole Antonio Maura, Sánchez Guerra y por último García Prieto, el cual entrega el poder a Primo de Rivera.

Visto lo anterior y sucediendo los mismos cambios en las carteras de Guerra y Marina ¿qué política africana se podía llevar?, ¿qué coherencia se podía tener?, siendo ninguneados los recursos y pertrechos para el conflicto bélico en los aledaños de Ceuta y Melilla.

Por ello el desastre militar de Annual, siendo atribuible directamente al general en jefe, Fernández Silvestre, tuvo muchos intermediarios causantes de la tragedia, de tal forma que cuando fue investigada y empezaron a salir a la luz las posibles responsabilidades, la nación podría entrar en un colapso de gobernabilidad.

El “problema de Marruecos” no había sido explicado a los españoles, no se les quería decir que se estaba allí por los compromisos internacionales asumidos, de tal forma que el pueblo, del que salían los soldados, veían aquella guerra como muy lejana, sintiendo que los jóvenes ofrecían sus vidas en aras de una oligarquía y de unos intereses económicos que no eran los suyos. “Los Gobiernos no pedían a las autoridades militares de la zona sino que el nombre de Marruecos no sonase mucho en la Península, para evitarles el enojo de las agitaciones públicas y de los problemas políticos y poder vivir tranquilamente en el Poder “ (ARRARÁS IRIBARREN, Joaquín. Historia de la Cruzada Española. Tomo I, Volumen I. Ediciones Españolas, S.A. Madrid, 1939, pág. 112).

Aunque la fuente citada pudiera estas sesgada en algunos acontecimientos, principalmente a raíz de 1931, parece acertar en el diagnóstico en aquellos momentos, de tal forma que en la misma página de la cita anterior, se escribía: “Más tarde se habían de investigar las causas y buscar las responsabilidades, concretándolas injustamente en unas cuantas personas, en una sola rama del estado, en una sola clase, pero lo que fracasaba en Marruecos era todo un sistema de vida nacional − decir “política” sería poco − que si, dentro de casa, se descomponía lentamente, al chocar con enemigos de fuera se derrumbaba con estrépito”.

Figura_6El apoyo político, sin fisuras de ninguna clase; con la mayoría de los grupos parlamentarios conscientes con los que se están jugando la vida; sin escatimar recursos para la empresa pendiente; respaldados por el sentimiento unánime del pueblo, jaleado por el gobierno y los políticos; con una instrucción eficaz de las reservas humanas; con una adecuada logística y con unos mandos capaces de asumir los planeamientos bélicos del enemigo y resolver favorablemente, con todo ello era imposible ser derrotado, pero cuando todo lo anterior fallaba y solamente se avanzaba por el ansía de gloria de unos generales, alentado de forma inconsciente por la más alta magistratura de la nación, entonces la fuerza militar se encuentra inerme y sujeta a la más implacable derrota.

Hasta la guerra civil española, las condecoraciones y los ascensos, se debían al valor, pero con él no se vence al enemigo, tal vez se gane un combate, a lo sumo una batalla, pero a la larga se perderá la guerra, porque la guerra las ganan los estrategas y tácticos, los que saben preservar los recursos, principalmente humanas, desplegar los medios convenientemente y acertar en los puntos débiles del contrario, introduciendo por ello las unidades hasta conseguir la victoria y la derrota total del adversario.

Pero la España de principios del siglo XX está llena de mandos, ascendidos por méritos de guerra, siendo en la inmensa mayoría de ellos, debidos al mantenimiento de su posición o la conquista del contrario, tras haber perdido más de la mitad de sus efectivos, es decir lo que debería haber sido causa de un consejo de guerra, lo es de ascenso en la escala, de tal forma que conforme más graduación se tiene, mayor capacidad se dispone de tener bajas propias para alcanzar el objetivo. Aberración histórica de las guerras del siglo XIX y principios del XX.

Figura_7A lo largo del siglo XIX y principios del XX, los ascensos al generalato español se produce por dos vías: la militar y la política, pero la primera no por sus méritos tácticos o estratégicos, sino de valor, de esta forma vemos en la batalla de los Castillejos al general Prim (Figura 7) ponerse al frente de los batallones del regimiento de Córdoba y atacar de forma desesperado al enemigo. No sabía hacer otra cosa, era un teniente general que había llegado a tal empleo sin haber estudiado en ninguna academia militar. Así describe la acción el mejor cronista de la guerra de África, el escritor y periodista Pedro Antonio de Alarcón:

“El conde de Reus ve ondear ante sus ojos la bandera de España, que conduce el abanderado de Córdoba… El semblante del general se ilumina con el fuego de una súbita inspiración… Lánzase sobre la bandera: cógela en sus manos; tremólala en torno suyo, como si quisiese identificarse con ella, y rigiendo su caballo hacia los marroquíes y volviendo la cabeza hacia los batallones que deja detrás, exclama con tremebundo acento:
-¡Soldados! Vosotros podéis abandonar esas mochilas, que son vuestras; pero no podéis abandonar esta bandera, que es de la patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas… ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general! ¡Soldados!… ¡Viva la Reina !
Dice, y da espuelas a su caballo. Y sin reparar en si va solo o le sigue su infantería, cierra contra las huestes contrarias, con la bandera amarilla y roja desplegada al viento, suspendiendo por un instante la furia de los marroquíes, que asombrados contemplan tan impertérrita figura…
Los batallones de Córdoba no han sido sordos a aquella voz irresistible. ¡Viva nuestro general!, gritan vigorosamente, y se abalanzan en pos suyo sobre los moros, y arrostran una muerte segura, y caen cadáveres sobre cadáveres, y siguen arremetiendo, y las bayonetas se cruzan con las gumías, y mézclase la sangre infiel con la cristiana, y la victoria ciérnase indecisa sobre los revueltos combatientes.
Las cornetas siguen tocando ataque; los marroquíes asordan el espacio con sus gritos; el arma blanca y la de fuego juegan indistintamente; el humo se hace tan denso, que no permite distinguir al amigo del adversario; ¡pero la bandera española reluce siempre sobre la tormenta, y siempre en manos de nuestro afortunado caudillo! ¡Afortunado, sí! ¡Las balas, que silban y cruzan a su alrededor, que siembran la muerte por todos lados, que hieren a sus ayudantes, que alcanzan a su caballo, respetan la vida de aquel soldado vestido de general, de aquel que es el alma de la lucha, de aquel que sobresale entre todos y ostenta en su mano nuestra adorada y venerable enseña! Diríase que está dotado de la virtud de Aquiles”
(ALARCÓN, Pedro Antonio de. Diario de un testigo de la guerra de África).

Fernández Silvestre podría considerarse el prototipo del oficial valiente, poco inteligente aunque culto, y que por su valor se encuentra con menos de cincuenta años, como comandante general de Melilla, cuando algunos de sus compañeros de promoción no han sobrepasado el empleo de teniente coronel.

En este escenario trágico adquiere verdadero protagonismo Mohamed Abd-el-Krim el Jattabi, “moro amigo de España”, el cual se consideraba en la Península como si estuviera en su casa. Funcionario colonial, llevó a un hermano suyo a Madrid a estudiar ingenieros de minas.

De este párrafo, seleccionado de una revista americana, algo nos debe quedar, que es la visión de la guerra y del desastre en la América española.

“Hacia 1920 Abd-el-Krim figuraba como intérprete en la comandancia general de la zona occidental del protectorado español en Marruecos, cuya jefatura la ejercía el general Fernández Silvestre, fanfarrón, arrogante, insolente y amigo del rey. El Alto Comisario de España en Marruecos lo era el general Berenguer quien, naturalmente, no se llevaba bien con el comandante general, La guerra de África, la <guerra de Melilla>, como la llamaban los españoles, está llena de rivalidades entre los militares, de acciones mineras y de fanfarronadas de Alfonso XIII. Por estas fechas se había pensado comenzar una campaña cuyo objetivo era la pacificación total del Marruecos español. Silvestre quería ser el jefe supremo, Berenguer aspiraba a lo mismo. El resultado fue que la operación se organizó malísimamente y que antes de iniciarla se produjo la catástrofe que costó la vida a 21.000 soldados españoles e hizo famoso el nombre de el Jattaby.
Todavía no se sabe por qué, un día el general Silvestre abofeteó en público a Abd-el-Krim y luego lo encarceló en Rostrogorgo. El moro no perdonó jamás el agravio”
(REVISTA DE AMÉRICA. Conózcalos en pocas palabras. Número 28, volumen X. Colombia, Bogotá, 1947, pág, 86).

Figura_8Las relaciones de Abd-el-Krim (Figura 8) con España y su Gobierno han sido investigadas minuciosamente en una tesis doctoral, editada como libro por la Ciudad Autónoma de Melilla, siendo su autora María Rosa de Madariaga, con el título “España y el Rif. Crónica de una historia casi olvidada”.

Algunas fuentes hablan que Abd-el-Krim alistó en su “ejército” a numerosos oficiales del derrotado ejército alemán, que instruyeron a sus rifeños y adiestraron a sus unidades (REVISTA DE AMÉRICA. Ob. Cit. pág, 85). Puede que sea verdad en parte, la realidad es que el ataque y persecución a las tropas de la comandancia general de Melilla, no fue un hecho inesperado, sino que fue una maniobra perfectamente concebida y con el objetivo de destruir totalmente al ejército enemigo que operaba en la zona, es decir el español.

Figura_9Abd-el-Krim (Figura 9) se endiosó con sus victorias y su sueño de la república rifeña lo consideró alcanzable, atacando a los franceses que ocupaban parte del territorio que consideraba propio, ahí estuvo su perdición, sin poder atender a dos frentes ni contra fuerzas muy superiores, dado que los españoles habían aprendido de los franceses, en una breve campaña fue completamente derrotado y el país pacificado, siendo trasladado, junto con un centenar de parientes y amigos a la isla de Reunión en el océano Índico, permaneciendo prisionero hasta 1947, año en el cual los franceses le autorizaron a regresar y residir en una ciudad del norte de África, a pesar de las protestas diplomáticas del gobierno del general Franco.

Vista la situación de caos político existente, veamos ahora la cuestión militar.

Por supuesto no se va a realizar un recuento de efectivos, porque ello debe ser objeto de la narración de la propia batalla de Annual, aunque parece conveniente detenerse, someramente, en los procedimientos bélicos.

Las enseñanzas de la guerra Europea o primera Mundial, no había llegado a los mandos españoles, los cuales empleaban las viejas tácticas de principios de siglo, las que se emplearon en Cuba, con notorio éxito por el general Weyler, pero que en el árido terreno rifeño, se iban a convertir en fosas para los soldados españoles.

El sistema de “trochas”, empleado en Cuba, era sencillo, dividiéndose el territorio en circunscripciones, cercándose cada una de ellas con una serie de fuertes, puntos fortificados y blocaos; a continuación se concentraba la población en determinados lugares, comunicándose que todo aquel individuo que no estuviera en ellas, tendría que ser considerado enemigo. Efectuado esto, se realizaban operaciones de limpieza del terreno interior, impidiendo que el enemigo pudiera salir del cerco y recibir los abastecimientos necesarios para sus unidades.

Fernández Silvestre pretende emplear un sistema similar en los aledaños de Melilla: adelantar las posiciones españolas desde la capital de la comandancia, en dirección a Alhucemas, considerada la “capital” de los rifeños enemigos.

Figura_10Silvestre en su avance llega a completar un cuadrilátero de alrededor de unos pocos miles kilómetros cuadrados, comprendiendo por el oeste las posiciones de Sidi Dris, en la costa a Zoco el Tzelatza, continuando por el sur en Dar Drius hasta alcanzar Melilla. Como posición central, aunque muy avanzada hacia el oeste se encontraba la base principal del ejército: Annual (Figura 10).

A diferencia de Weyler, no concentra a la población, porque no puede, está muy dispersa y las harcas son muy independientes y hasta enemigas entre sí, por lo que presiona a sus caids para que tras la ocupación española, se hagan “amigos de España”, garantizándoles la seguridad, principalmente contra la harca más peligrosa, la de los beni Urriaguel, de la que ya se tiene noticia que se encuentra comandada por Abd-el Krim.

Más de setenta posiciones organiza el general Silvestre, todas ellas situados en lo alto de las lomas que conforman la intrincada orografía del Rif, en donde las sierras, de forma similar a las de la Penibética, no siguen una alineación regular.

Su pensamiento era que no pasara una “mosca” entre ellas, pero la disposición fallaba por múltiples razones, muchas de ellas de carácter logístico.

Tan gran cantidad de posiciones hipotecaba gran parte del ejército, además la guarnición de cada una de ellas era insuficiente para defenderse sola ante una ataque, teniendo en cuenta que no podía ser apoyada por las colindantes, pero al mismo tiempo era demasiado numerosa logísticamente, con comida para tres o cuatro día y agua, para uno a lo sumo dos. En la actualidad, con los medios disponibles, presenta una gran complejidad, abastecer a tal número de posiciones, sin caminos de acceso, teniéndose que emplear para ello el único medio con la flexibilidad suficiente: el helicóptero, pero en aquella época no existía, por lo que el soldado que se le destinaba a un blocao, con su cantimplora como único líquido y el silencio de la noche mediterránea, roto por aullidos de perro o gritos moro, estaba deseando salir de allí y ser relevado, porque sabía que en caso de ataque, su muerte era segura.

Figura_11La aviación, que había iniciado sus acciones bélicas hacía menos de diez años, adolecía en aquellos momentos de escasez de aparatos, debido a su masivo empleo en la reciente guerra finiquitada, por lo que el esfuerzo que podía empeñarse en apoyo de las posiciones, era muy limitado y por supuesto cero en el campo de la logística.

La armada, con algunas unidades ligeras, solamente podía apoyar a las posiciones que se encontraban al alcance de sus cañones, es decir muy próximas a la costa.

El objetivo final es la ocupación de Alhucemas y la reducción de la kabila de los beni Urriaguel, para ello había que atravesar el río Amekrán y situarse en una posición central, dado que la posición de Sidi Dris ya se encontraba en la margen izquierda del río.

Se organiza una fuerza considerable, de mil quinientos hombres y cerca de quinientas acémilas y caballos, todo ello al mando del comandante Villar, el cual no cuenta con una plana mayor de la entidad suficiente para coordinar unidades de las cuatro armas combatientes, incluyendo varias indígenas.

Villar llegó a Abarrán, un montículo árido, que dominaba el territorio circundante, pero indefendible, como así le hizo ver el caid Hach Haddur Boaxa que le acompañaba, junto con su harca, aconsejándole la retirada ordenada, ante la presencia en el horizonte de numerosos moros.

Villar fortifica la posición, cuenta para ello con dos compañías de zapadores, tras ello y pedir autorización a través del telégrafo óptico a Annual, deja en la posición a doscientos cincuenta hombres de los cuales cerca de doscientos son indígenas y con el resto organiza la retirada en dirección a Annual, saliendo a las 11 de la mañana del 1 de junio de 1921, según dicen las crónicas, con un apresuramiento, que más que retirada era huida.

La guarnición que se ha dejado dispone de agua en sus cantimploras y comida y municiones para dos o tres días. Cuando la columna española se encontraba lejos, la harca de Abd-el-Krim ordenó el ataque. Tres horas duró el combate, rompiendo el cerco unos cuantos españoles y moros amigos, pasándose el resto al enemigo. Todos los oficiales españoles murieron en la acción, excepto el teniente de artillería Flomesta, que mal herido cayó prisionero, falleciendo días después al negarse ser curado y comer, queriendo el caudillo bereber que les enseñara a manejar los cañones.

A Abarrán sigue Sidi Dris que resiste y logra rechazar el ataque después de veinticuatro horas de intenso fuego (3 de junio), apoyado por los cañones de la armada y por la aviación.

La pérdida de Abarrán debería haber sido un aviso al comandante en jefe de que la situación podría llegar a ser insostenible, aconsejándose el repliegue, cuando aún podía hacerse, pero Silvestre, jaleado desde Madrid, algunas fuentes citan expresamente a Alfonso XIII, permanece en sus trece, y como único remedio ordena la ocupación de nuevas posiciones, que protegen a Annual de una ataque directo.

El 16 de junio tiene lugar el combate de la Loma de los Árboles, desde donde se permite que la posición de Igueriben sea abastecida y que a partir de ese momento quedará en situación precaria.

Un mes tenso de espera, que para que lo único que sirve es reducir la moral de las tropas drásticamente, por las condiciones infrahumanas en las que se encontraban, dentro del infierno del verano mediterráneo.

El 17 de julio Abd-el-Krim, ataca Igueriben que cae cuatro días más tarde, muriendo todos sus oficiales, salvándose escasos soldados que lograron romper el cerco. Su llegada Annual, contando las desgarradoras escenas con las que atacaban los moros, llenaron de espanto las tropas del campamento y las prepararon para el desastre.

El 22 de julio se ordena la evacuación de Annual y con ello comienza la verdadera tragedia. Las fuentes sobre los muertos que costó Annual a España es objeto de controversia, debido a que unos solamente cuentan las tropas del campamento y otros, las de las decenas de posiciones, que cayeron en poder del enemigo y cuyos soldados fueron masacrados.

La ineptitud de los mandos, comenzando por el general en jefe, Fernández Silvestre, y el alto comisario, Berenguer, fueron manifiestas, por ejemplo entre los principios del estacionamiento militar se preconizaba que “jamás debe dejarse el gum (auxiliares indígenas) en el interior de los campamentos” (CASTRO GUTIERREZ, Juan de, y HERNÁNDEZ DE HERRERA, Carlos. Apuntes de Arte Militar con arreglo a las enseñanzas de la Gran Guerra. Imprenta de la Academia de Artillería, Segovia, 1922, pág. 231), y los blocaos estaban llenos de ellos, compartiendo el peligro con los soldados españoles.

La “retirada”, también es objeto de especial atención en el texto citado, indicándose: “Para evitar que ésta (se refiere a la retirada) se convierta en desastre y limitarla, por el contrario a una adversidad reparable, es necesario que tal hipótesis haya, sido prevista y reguladas cuidadosamente las medidas de ejecución” (CASTRO GUTIERREZ, Juan de. Ob. Cit. pág. 305). Otras más máximas, procedimientos y métodos fueron quebrantados, de tal forma que todo ellos costó la vida de miles y miles de buenos españoles.

CONCLUSIÓN
Mejor que relacionar cien conclusiones que rondan por la cabeza tras reflexionar sobre lo leído, extraeremos una, como idea fuerza.

Clausewitz decía, con una frase que se ha popularizado, que la guerra es la continuación de la política, por otros medios. La máxima no tiene desperdicio y el Gobierno de una nación, debe de tenerla muy presente, desde el momento que decide proyectar una fuerza militar para alcanzar un objetivo político.

Sin embargo los gobernantes se movía y se mueven a impulsos de las elecciones que se celebran cada cuatro años, espacio de tiempo muy reducido para llevar acabo una estrategia política-militar que tenga una determinada coherencia.

Fernández Silvestre, obsesionado por la “gloria” no meditó sobre sus decisiones tácticas, pero tampoco el Gobierno español, le proporcionó los medios necesarios, “obsesionado” para el “problema de Marruecos” no trascendiera tanto a la opinión pública.

Hoy en día, España tiene desplegados efectivos militares en distintas partes del globo. Desgraciadamente la historia vuelve a repetirse, no existiendo paridad entre la Fuerza militar con la que se puede cumplir la misión encomendada, con la que se asigna por motivos políticos, causando hilaridad entre cualquier experto en defensa, cuando el Presidente del Gobierno o el Ministro del ramo, declara que la nación aportará “x” soldados al contingente internacional, de tal forma que al incluir en el número las planas mayores y los servicios, pueden reducirse las unidades de maniobra a ochenta o noventa soldados por compañía, cuando tendría que ser cerca de doscientos con todo su armamento.

El sistema de despliegue en el terreno, poco ha cambiado con el paso del tiempo. Silvestre ocupó el terreno a base de posiciones indefendibles, en la actualidad se hace con menos posiciones, pero en dos o tres bases, lo que divide por ese número los ya reducidos efectivos asignados para las operaciones militares.

Quedémonos pues con la máxima de Clausewitz, debiendo ser la guía del político que toma una decisión de carácter castrense.

Dr. Rafael Vidal
12 de octubre de 2011

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