5 julio, 2012

El último Rafael

expomes

Museo Nacional de El Prado. Madrid
12 de junio a 16 de septiembre

El Museo del Prado presenta la exposición El último Rafael, una de las exposiciones más importantes dedicadas al artista y su taller, y la primera centrada en sus años finales, etapa de su producción que le convirtió en el pintor más influyente del arte occidental. Coorganizada con el Musée du Louvre –que acogerá la exposición entre octubre y enero de 2013- y patrocinada por la Fundación AXA, la muestra fue inaugurada el 11 de junio por SM la Reina. Con setenta y cuatro obras en total, de las cuales la mayoría no se han expuesto nunca antes en España, la exposición traza un recorrido cronológico por la actividad del maestro, desde el inicio del pontificado de León X (1513) hasta su muerte en 1520, y de la de sus principales discípulos, Giulio Romano y Gianfrancesco

Esta exposición busca delimitar mejor las fronteras entre las obras ejecutadas por Rafael y las realizadas con la participación de sus principales ayudantes, Giulio 1Romano (h. 1499 – 1546) y Gianfrancesco Penni (h. 1496 – 1528).La muestra empieza en 1513, cuando Rafael ya llevaba trabajando en Roma cinco años decorando las monumentales estancias vaticanas en paralelo a otros importantes artistas italianos, como Miguel Ángel (su principal rival que trabajaba entonces en la Capilla Sixtina) y Sebastiano del Piombo, primero bajo el pontificado del Papa Julio II y después del Papa León X.

La exposición cuenta con un conjunto histórico de cuarenta y cuatro pinturas, veintiocho dibujos, una pieza arqueológica y un tapiz, procedentes de cerca de cuarenta instituciones distintas. El público puede disfrutar de un recorrido en el que se presenta de forma cronológica y en seis ámbitos temáticos el desarrollo pictórico y estético de Rafael al tiempo que se compara su evolución artística final con una selección de obras de sus dos seguidores Romano y Penni, tanto de las realizadas en vida del artista de Urbino como de las inmediatamente posteriores a su muerte. Esta inédita comparación permite identificar la participación de maestro y alumnos en las obras, así como dilucidar la contribución intelectual y estética de éstos a la obra de Rafael.

Entre las obras más sobresalientes que viajan por primera vez a España destacan el sereno retrato de uno de sus amigos, Baldassare Castiglione (1519), procedente del Musée du Louvre, o el gran cuadro de altar, Santa Cecilia (1515-1516), de la Pinacoteca Nazionale de Bolonia, en el que el espectador puede admirar la singular belleza de sus figuras y la composición armónica y perfecta de las mismas, destreza que el artista logró alcanzar durante su estancia en Roma.

2Asimismo, destacan los cuadros del maestro que el propio Museo del Prado conserva de su etapa madura, entre los que se encuentra la gran tabla transferida a lienzo El Pasmo de Sicilia (1515-1516), que se exhibe en la muestra por primera vez tras su restauración.

Pinturas de altar

Todos los cuadros de altar que Rafael pintó en Roma bajo el pontificado de León X se destinaron a la exportación a Nápoles, Palermo, Bolonia o Francia. Fueron ejecutados para mecenas del más alto nivel (como el rey Francisco I de Francia) o muy bien relacionados, y sirvieron para extender la fama del artista en Europa. Aunque la mayoría ostentan la firma raphael urbinas (Rafael de Urbino), ello no significa que en muchas de estas obras la participación del taller no fuera sustancial, y de hecho, en algún caso la ejecución íntegra corrió a cargo de un ayudante.

Sólo la Virgen del pez es una sacra conversazione tradicional, con la Virgen y el Niño flanqueados por santos. Todos los demás, a excepción de la Santa Cecilia, son composiciones narrativas en las que Rafael quiso reformular el cuadro de altar tradicional en el nuevo lenguaje dramático que simultáneamente estaba implantando en el diseño de frescos y tapices. Un claro ejemplo de cruce con otros medios es la Visión de Ezequiel, cuya versión pintada es muy pequeña, pero que al parecer se hizo mientras se proyectaba un gran tapiz narrativo para León X, recientemente adquirido por el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid que se expone junto a la pequeña tabla por primera vez.

Vírgenes y Sagradas Familias de gran formato

Aunque el repertorio de Rafael en Roma incluyó algunas pinturas grandes de la Virgen con el Niño, fueron más numerosas sus variaciones sobre el tema de la Sagrada Familia, con la adición de san José y a veces también de santa Ana y san Juanito. La distinción entre estas obras y los cuadros de altar no siempre está clara, pues si 3algunas Sagradas Familias probablemente sirvieron de altares en oratorios privados, otras probablemente se mostraran en residencias particulares.

Existe una gran incertidumbre en torno a la datación de estas pinturas y al grado de participación de los ayudantes de Rafael en su ejecución e incluso en su diseño; por otra parte algunas, como La Perla, se encuentran entre sus grandes obras maestras. Durante estos años Rafael tuvo un enorme exceso de trabajo que con frecuencia le llevó a delegar tareas en el taller, especialmente en sus dos ayudantes de más confianza, Giulio Romano y Gianfrancesco Penni. Pero en general mantuvo firmemente controlada la producción del taller, al menos en las obras que salían con su nombre, y los momentos y modos en que recurría a sus ayudantes no siempre eran previsibles.

Vírgenes y Sagradas Familias de pequeño formato

Rafael apenas pudo ocuparse personalmente de la ejecución de versiones poco importantes de la Virgen con el Niño o de las Sagradas Familias de menor tamaño. De ahí que en estos cuadros sea donde primero se pueden identificar y mejor se aprecian las contribuciones individuales de Giulio Romano y Gianfrancesco Penni. Además de hacer obras bajo el nombre de Rafael, por ejemplo la Pequeña Sagrada Familia con su cubierta, destinada al cardenal Bibbiena, uno de sus protectores más cercanos e influyentes, los jóvenes ayudantes de Rafael empezaron a pintar cuadros que, aunque frecuentemente basados en motivos rafaelescos, no parecen tener un origen directo en el maestro. Se trata de obras independientes que presagian su trabajo tras la inesperada muerte de Rafael en 1520.

Esta sección se inicia con las obras en este formato y en esta temática realizadas por Giulio de forma independiente aún en vida del maestro, y continúa en las paredes del fondo y las laterales con la producción independiente de Penni, antes y después de la muerte de Rafael. El conjunto revela el carácter individual y las limitaciones de estos jóvenes artistas, y permite apreciar mejor su contribución a las obras de mayor tamaño de Rafael presentes en la muestra.

Giulio Romano

La primera actividad independiente de Giulio se presentó en la sección anterior, y su trabajo como ayudante principal de Rafael se puede ver en cuadros diseminados por las restantes secciones de la exposición. A diferencia de Penni, cuya actividad independiente se limitó a la pintura de caballete dentro de la categoría de Vírgenes y Sagradas Familias de pequeño formato, Giulio fue un pintor más versátil y ambicioso.

4Las obras de esta sección son representativas de la evolución de Giulio sin la tutela de Rafael. La Déesis (Cristo en gloria con santos) de Parma fue probablemente encargada a Rafael, pero la realización de la pintura se debe íntegramente a Giulio, y representa mejor que ningún otro ejemplo su tratamiento de las superficies pictóricas al final de la vida de Rafael. El gran cartón de la Lapidación de san Esteban se hizo como preparación para un cuadro de altar destinado a Génova. Parece que fue también encargado a Rafael, pero fue entregado tras su muerte con numerosas modificaciones de Giulio. La Flagelación de la iglesia de Santa Prassede de Roma fue encargada a Giulio por el cardenal Bibbiena, aunque su atribución sigue siendo controvertida y algunos especialistas sostienen que se trata de una sustitución posterior de una pintura perdida de Giulio, en cuya ejecución intervino Caravaggio.

Retratos

Rafael renovó el retrato del Renacimiento, expandiendo sus posibilidades en direcciones que ningún otro artista había imaginado. Sus retratos se pueden dividir en dos grupos: retratos oficiales y retratos de amigos. Los retratos oficiales de cardenales, el papa y otros altos personajes son obras de encargo, a veces ejecutadas en plazos muy cortos. Algunos fueron confiados total o parcialmente al taller, y aunque quizá para el pintor no significaron un especial motivo de satisfacción, ejercieron una enorme influencia en la evolución del retrato áulico posterior.

El segundo grupo está constituido por retratos que Rafael pintó de sus amigos, posiblemente como obsequio. En estos retratos, que son de la más alta calidad y en los que no se detecta participación del taller, la inventiva de Rafael reside en la ejecución pictórica más que en la forma. Pintados casi siempre sobre lienzo, se cuentan entre las grandes obras maestras del artista, sobre todo por su explotación de las posibilidades propias del soporte. En su Autorretrato con Giulio Romano, que fue probablemente el último retrato que pintó y se puede considerar un testamento artístico, Rafael combinó la inventiva en la composición con una ejecución innovadora, al tiempo que celebraba su relación casi paternofilial con Giulio Romano.

La Transfiguración

La Transfiguración fue un encargo hecho a Rafael por el cardenal Giulio de Médicis, probablemente a finales de 1516, para la catedral de Narbona. Sebastiano del 5Piombo, queriendo rivalizar con Rafael, logró que el cardenal le encargase un segundo cuadro de altar para el mismo templo. La Transfiguración se terminó poco antes de morir Rafael, y quedó retenida en Roma a causa de su muerte inesperada. Ahora se encuentra en los Museos Vaticanos. El cuadro de Sebastiano se envió a Narbona, y ahora está en la National Gallery de Londres. El taller de Rafael recibió el encargo de hacer una réplica del original rafaelesco, que llegó a España en el siglo XVII. Esta copia de la Transfiguración se exhibe junto a trece dibujos hechos por Rafael (y Giulio Romano) en el curso de la planificación del original, y que los miembros del taller presumiblemente consultaron para la realización de la copia. Son diecisiete los dibujos conocidos, entre originales y copias, para la Transfiguración, cuya génesis, por tanto, se puede reconstruir con cierto detalle. La secuencia revela que Rafael se dio cuenta de que podía acrecentar el dramatismo de la obra combinando la Transfiguración con la presentación de un muchacho poseído a los apóstoles que han quedado atrás al subir Cristo al monte Tabor; dos episodios consecutivos en el relato evangélico, pero que ningún artista anterior había unido antes.

Rafael en Roma

La exposición arranca en 1513, cuando Rafael ya llevaba trabajando en Roma cinco años decorando las estancias vaticanas. Con el cambio del pontificado, Rafael asume un nivel mayor de encargos tanto del Papa como de sus benefactores, y empieza entonces a rodearse de ayudantes. Su taller fue, posiblemente, el mayor de los formados hasta entonces bajo el magisterio de un único gran maestro de la pintura. La muestra enfrenta al espectador con el resultado de la eficiencia de ese taller, liderado por la gran versatilidad de Rafael, quién, además de pintor de pinturas de caballete –el objeto de la muestra- fue pintor de frescos, diseñador de cartones para tapices y arquitecto.

Rafael en el Vaticano

Rafael llegó a Roma en 1508 junto con otros artistas italianos y del norte de Europa para decorar las estancias vaticanas. El Papa Julio II le encargó la decoración de la Estancia de la Signatura (1508-1511), de la que forma parte entre otras, la afamada obra la Escuela de Atenas, así como la Estancia de Heliodoro (1512-1514), utilizada como sala de audiencias del Papa. En 1514, tras la muerte de Bramante, pasa a convertirse en el arquitecto de San Pedro.

Posteriormente, ya en el papado de León X, decoraría la Estancia del Incendio del Borgo (1514-1517) y llegaría sólo a diseñar la Estancia de Constantino (1517-1525) siendo la decoración realizada por sus discípulos Giulio Romano, Gianfrancesco Penni y Raffaellino del Colle.

Además de las estancias, llevó a cabo una serie de diez cartones para tapices sobre las vidas de San Pedro y San Pablo para la Capilla Sixtina, la galería del cardenal Bibbiena y la Sala de los Palafreneros. Junto a las Estancias la obra más importante de Rafael en el Vaticano fueron las Logias (1519), una gran galería de trece tramos pintada al fresco con escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento concluidas alrededor de 1518.

Fuera del Vaticano

Agostino Chigi, tesorero del Papa y uno de los grandes patronos de Rafael fuera del Vaticano, le encargó varios frescos para decorar su la Villa Farnesina, entre los que se encuentran El triunfo de Galatea y la decoración de la Galería de Psique, que llevó a cabo junto con su taller. También trabajó para Chigi en dos capillas funerarias, decorando al fresco la de Santa María della Pace y diseñando, construyendo y decorando una nueva capilla unida a Santa María del Popolo.

Por su parte, Segismondo dei Conti, el historiador pontificio, le encargó un retablo conocido como la Virgen de Folign, para la basílica de Santa María en Aracoeli.

Como arquitecto, además de su labor en San Pedro, se dedicó a la construcción de la Villa Madama, que no llegó a concluirse. Diseñó tres palacios en Roma, entre ellos el del protonotario apostólico Giovanni Battista Branconio dell’Aquila y dejó proyectada una lujosa casa para sí mismo, en un solar de esquina de la via Giulia.