11 octubre, 2013

El trazo modernista de Klimt disecciona la Viena de 1900 en la National Gallery

Richard Gerslt

«Estoy convencido de que no soy una persona especialmente interesante. No hay nada especial en mí. Soy pintor, alguien que pinta todos los días de la mañana a la noche. Si alguien quiere descubrir algo en mí puede contemplar atentamente mis pinturas y tratar de descubrir a través de ellas lo que soy y lo que quiero». La sobriedad, la mesura y la humildad del discurso de Gustav Klimt (1862-1918), en uno de los escasos textos autógrafos que se conservan, no hacen justicia a la magnificencia de un artista que a través de su original lenguaje pictórico sintetizó la vorágine de inquietudes, tendencias y lenguajes de la transición de Europa del siglo XIX al XX.

Un año después de la celebración del 150 aniversario del nacimiento Klimt, la National Gallery de Londres exhibe cómo el trazo de los pintores modernistas descifran la situación que atraviesa la capital del imperio austro-húngaro antes de la Primera Guerra Mundial a través de la exposición «Frente a la modernidad: El retrato en la Viena de 1900», que podrá visitarse hasta el próximo 12 de enero de 2014.

El retrato y Viena

La singularidad del estilo de Klimt, con una gran carga alegórica, encabeza una deliciosa colección de cincuenta cuadros de arte moderno en la que también se podrán encontrar obras de otros artistas coetáneos, como Egon Schiele, Richard Gerstl, Oskar Kokoschka y Arnold Schönberg.

Estos artífices se centraron en la ejecución de magníficos retratos de la imagen individual para saciar la demanda egocéntrica de patronos y famosos vieneses de la época, obsesionados con adquirir dibujos de ellos mismos como una manera de reafirmar su estatus.

«El retrato fue el género de la innovación en Viena, donde las clases medias invertían por tener un retrato suyo pintado en óleo aunque tuvieran intereses económicos distintos», reflexiona Gemma Blackshaw, una de las comisarias de la exposición, en declaraciones a Efe.

Durante los próximos tres meses, la emblemática galería pictórica reunirá desnudos como «La Familia» de Egon Schiele, en la que aparece un hombre posando con su mujer y con su hijo, en una clara referencia al ideal de familia cristiana, o «Autorretrato desnudo», un hombre de cuerpo entero, de Richard Gerstl.

Intensa energía sensual

Klimt encontró en la silueta femenina su mayor fuente de inspiración, transmitiendo una intensa energía sensual, con las expresiones de descaro, los dorados y sus vestimentas, plasmada en obras como el «Retrato de una dama de negro» (1894), «Ria Munk en su lecho de muerte» (1912), «Retrato póstumo de Ria Munk» (1917-18), «Retrato de Hermine Gallia» (1904) o «Retrato de Amalie Zuckerkandl» (1917-1918).

Junto a estas emblemáticas obras, se exponen otras de artistas menos conocidos como Anton Romako, que representan a sus sobrinas o Broncia Koller que dibuja a una niña con una jaula con pájaros.

El «Beso» ausente

El cuadro que sin duda echarán en falta los visitantes será «El Beso» (1907-1908), la obra más icónica de Klimt, perteneciente a la Edad de Oro, por la utilización del pan de oro, que fue exhibida por primera vez en la Exposición de Arte de 1908 junto a «Las Tres Edades de la Mujer».

Las diferentes obras que ahora se exponen en Londres proceden de colecciones artísticas como la Belvedere de Viena y el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, y también hay cuadros de la Fundación Privada Leopoldo de Viena, el Archivo Auchentaller de Italia o El Instituto de Artes de Minneapolis de Minnessota.

La reagrupación de estos retratos ofrece al visitante una ocasión excepcional de recorrer la historia de un imperio caracterizado por su fragmentada sociedad, sus intrincados conflictos políticos y un emperador que convirtió a Viena en la capital del mundo.

Por Ana Mellado en ABC.

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