26 marzo, 2015

El Thyssen revaloriza cuatro cuadros de Tita con una exposición dedicada a “un olvidado”

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El director artístico del Museo Thyssen Bornemisza, Guillermo Solana, reconocía esta mañana que el fauvista Raoul Dufy (1877-1953), el protagonista de su primera exposición de 2015, es “un semiolvidado”. El texto del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte incide en que “a pesar de haber gozado de cierta popularidad a mediados del siglo pasado y de su papel central en el origen de las vanguardias, fue olvidado y aún hoy es un artista poco conocido en España”. El comisario de la muestra, Juan Ángel López-Manzanares, aclaró el motivo del rescate del pintor que escapó del estereotipo impresionista: “El germen y la razón de esta exposición son las cuatro obras de Carmen Cervera”.

Solana también señaló este hecho: “Al museo le interesa la rehabilitación de Dufy porque en la colección de la baronesa hay cuatro obras de él. Nuestras exposiciones son un modo de poner en valor nuestras colecciones. Por eso agradecemos a la baronesa este préstamo extraordinario”. En la colección del museo, la que pasó a manos del Estado en 1993, la que se compró al barón Thyssen, no hay ninguna pintura de Dufy. A la colección a la que se refiere Solana es la particular de Cervera, que está en préstamo en el museo.

Las cuatro obras de las que hablamos son El mercado de pescado (1903), La pequeña palmera (1907), Bodegón de plátanos (1909) y En las carreras (1930). Tal y como asegura el responsable científico de la muestra, la madurez de Dufy, su parte más interesante, empieza en la década de los años veinte. Es decir, que tres de los cuatro cuadros de Cervera son de la etapa menos valorada del artista. Quizá ese sea el motivo para revalorizar las pinturas.

De hecho, la inauguración coincide con la renovación anual de la cesión en depósito de las pinturas de Tita. Al respecto, Carmen Cervera reconoce muy escuetamente que “todavía estamos hablando de lo que va a pasar”. Ella quiere dinero y el Estado no tiene. Es el escollo que cada febrero trae por la calle de la amargura a los distintos ministros de Cultura, aunque este año Cervera no ha aireado su supuesta falta de liquidez para presionar con la compra de la colección.

Desde hace años defiende que su colección no cuesta nada al Estado y que da a ganar muchos millones al turismo. Sin embargo, el Estado compró dos edificios adyacentes al Palacio de Villahermosa por más de 3.000 millones de pesetas, sin contar con su reconversión en centro de arte. A los 16.000 metros cuadrados del museo se ampliaron 8.300 metros cuadrados más. La conservación, el mantenimiento, vigilancia y seguros de las obras prestadas también corre a cargo del erario público. Es la colección privada mejor conservada con fondos públicos.

Además, cada año recorta la cantidad de la obra prestada: las 655 pinturas originarias (para las que se compró y rehabilitó el museo) han descendido alarmantemente a menos de 485 obras. Además, ha logrado negociar la venta de alguna de las piezas más significativas, como La esclusa, de John Constable, que vendió por 28 millones de euros en subasta. De esta manera, la capitalización de la colección cae en picado: de la tasación original de 540.900.806 euros, la última fija el valor en 395.934.734 euros.

Conflicto de intereses

Es importante recordar que Carmen Cervera es la vicepresidenta de la Fundación a la que cede su colección personal. Al parecer, no hay conflicto de intereses en que la responsable de la Fundación que gestiona el museo público trate de revalorizar las obras personales de la vicepresidenta con dinero público.

La presencia de Dufy en las colecciones de los museos estatales es inexistente. No ha interesado nunca. Sólo Carmen Cervera compró lienzos del pintor considerado como fácil, conformista y sencillamente hedonista. Ella misma aclara el porqué: “Tengo cuatro cuadros en la exposición. Siempre me han gustado por su colorido. Me gusta mucho el color”, dijo.

Solana explica que en la recuperación de Dufy no han tenido que competir con nadie, porque no es uno de los nombres más demandados
Juan Ángel López-Manzanares explica que la última vez que se mostró al pintor francés fue hace 25 años y apunta la oportunidad de recuperar su figura “al hilo de la revalorización de su obra en el mercado, después de la exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ville de París, en 2003. Solana en vez de “revalorización” prefiere utilizar los verbos “retorno” y “recuperación”. Es más, para el director artístico esta recuperación es “tranquila, porque no se trata de recuperar a Monet” o a “cualquiera de los nombres más demandados”. “No hemos tenido que competir con nadie”, señala para confirmar que el interés internacional en este pintor es menor.

Para esta exposición, cuyo germen son los cuadros de Cervera, la Comunidad de Madrid invertirá 150.000 euros, además de la promoción de la exposición, tal y como ha reconocido Isabel Rosell, subdirectora de bellas arte, del libro y de archivos. Anuncia es la primera colaboración con el museo, pero habrá más.

Hay que recordar que las cuentas del museo en 2013 desvelaron pérdidas de cinco millones de euros. El modelo artístico del Thyssen pasa por horas bajas con un desplome de un 35% de los ingresos propios, aunque es la tónica desde 2005 (salvo el año 2011, gracias a la anomalía de Antonio López). Es el único museo público que dispone de una cantidad “a fondo perdido” anualmente, que gestiona la Fundación de Carmen Cervera.

No parece que el pintor “olvidado” Dufy vaya a conseguir cambiar la pérdida de popularidad y de ingresos propios del museo, aunque quizá logre alterar el valor de las cuatro pinturas ensalzadas en la muestra. La propuesta del comisario es una revisión de la trayectoria que dibuja a Dufy como un pintor inquieto, que no se conformó con seguir el estallido impresionista del color y el motivo retratado.

El viaje de Dufy es hacia el experimento, apuntando al cubismo. “Seguir la luz solar es perder el tiempo. La luz de la pintura es otra cosa muy distinta: es una luz de distribución, de composición, una luz-color”, escribió el pintor. La muestra hace ese recorrido didáctico y cronológico cuya mayor aspiración es alumbrar uno de los artistas recónditos de las vanguardias.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.