15 abril, 2013

El Rijksmuseum vuelve a sus orígenes

Rijksmuseum

Aunque la casa grande Rembrandt rara vez ha estado totalmente cerrada durante los diez años que han tardado las obras de renovación, ahora, por fin, no sólo podemos volver a disfrutar en todo su esplendor de una de las colecciones pictóricas más importantes del mundo, sino también de un excepcional espacio museístico reinventado por Antonio Cruz y Antonio Ortiz (Estación de Santa Justa de Sevilla y Estadio de la Peineta de Madrid) con el toque mágico del francés Jean-Michel Wilmotte (decorador del Louvre de Paris).

Pero que nadie se asuste, apenas nada ha cambiado del emblemático edificio que alberga al Rijksmuseum, diseñado en 1885 por Pierre Cuypers, también responsable de la Estación Central de Amsterdam. Y eso ha sido quizás lo que más ha alargado las obras. Había que renovar el museo, modernizarlo técnicamente pero modificando lo menos posible uno de los grandes iconos arquitectónicos de Amsterdam y de alguna forma la Puerta Sur de la ciudad. El gran triunfo de estos dos arquitectos andaluces ha sido precisamente rescatar el carácter original del edificio mediante una intervención aparentemente sencilla, pero ejecutada con maestría.

Han creado una nueva entrada majestuosa, recuperando los dos patios del museo que ahora forman una sola plaza central al quedar unidos y transformados en un atrio público lleno de luz que da la bienvenida al visitante y al que cualquiera puede acceder sin tener que pasar por taquilla.

Una vez pasado el control de entradas, se suben las escaleras originales que llevan a un Vestíbulo totalmente renovado, a la Galería de Honor donde Frans Hals, Jan Steen, Johannes Vermeer y Rembrandt van Rijn, ocupan los lugares más destacados, y desde allí al resto de las salas del museo que también han recuperado sus techos y bóvedas, tal como las ideó Cuypers.

Sala Rijksmuseum

Hasta donde ha sido posible, se ha sacado a la luz la decoración original escondida durante años, bajo numerosas capas de cal. Sobre todo se puede ver en las escaleras y las grandes galerías, dejando que en el resto del museo Wilmotte pusiera su toque maestro minimalista, convirtiendo tanto a las pinturas como a los objetos en los grandes protagonistas. No se ha ganado espacio expositivo pero la experiencia es mucho más gratificante.

Gran novedad para el visitante

Para el visitante la gran novedad, a parte de la luminosidad de los espacios, es la forma de presentar la colección. Salvo la carismática Ronda de Noche de Rembrandt que vuelve a su sala original, todas las demás siguen un orden cronológico, mezclándose pinturas con otro tipo de obras. En total, unas 80 salas (30 de ellas dedicadas a la Edad de Oro de los Países Bajos) para presentar 8.000 obras de arte y objetos que narran 800 años de la historia de los Países Bajos, desde la Edad Media hasta la actualidad. El recorrido termina con varias salas dedicadas al siglo XX, incluyendo un avión de fabricación holandesa.

El museo cuenta ahora además con varios edificios anexos de nueva planta diseñados por los Antonio, destacando el que alberga la colección asiática con 365 objetos en total, uno por cada día del año. También se han remodelado los jardines siguiendo los diseños originales de Cuypers, para transformarlos en un Museo al Aire Libre donde a partir de junio se podrá ver una retrospectiva del escultor británico Henry Moore.

Como nota curiosa, el Rijksmuseum es el único de los grandes museos nacionales en el mundo que abrirá sus puertas al público los 365 días del año. La entrada cuesta 15 euros pero hasta los 18 años el acceso es gratuita. Un consejo… si se compra la entrada por internet en www.rijksmuseum.nl se evitará la cola.

Por Javier Mazorra en OchoLeguas