25 septiembre, 2015

El Reina Sofía rescata a la india Nasreen Mohamedi, pionera de la abstracción en Asia

NASREEN MOHAMEDI

El Museo Reina Sofía inaugura temporada con el descubrimiento, al menos para el gran público, de una artista singular: la india Nasreen Mohamedi (1937-1990), a quien dedica la mayor retrospectiva realizada hasta la fecha, organizada en colaboración con el Metropolitan y el Kiran Nadar Museum de Nueva Delhi. El museo neoyorquino está apostando fuerte por el arte contemporáneo. Prueba de ello es que abrirá el próximo año una sede en el antiguo edificio del Whitney Museum -éste se ha trasladado al sur de Mahnattan a un espacio diseñado por Renzo Piano- para sus propuestas más modernas. Y, entre las exposiciones inaugurales, estará en marzo la de Mohamedi.

Pero, ¿quién es Nasreen Mohamedi? Si echamos un vistazo a su biografía, nació en Karachi (hoy Pakistán) en el seno de una familia musulmana y, aunque vivió la mayor parte de su vida en la India, se formó en Europa: Londres, París… Sufrió la enfermedad de Huntington, que la fue degenerando poco a poco, pero nunca dejó de trabajar. Quien se acerque hasta el Reina Sofía pensando que va a encontrar pinturas exóticas, llenas de color, se llevará un buen chasco. Todo lo contrario: pionera de la abstracción en Asia, su trabajo es minimalista -aunque no es un minimalismo ortodoxo-, en blanco y negro, y apuesta por el papel en vez de por el lienzo. Siempre prefirió la tinta y el grafito al óleo, la línea a la figura, el pequeño al gran formato. Sus abstracciones geométricas se hallan a años luz del arte indio popular.

Un espíritu indomable

Explica Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, que la producción de Mohamedi se enmarca a la perfección en la línea expositiva seguida por este museo con mujeres como Lygia Pape, Elena Asins, Mira Schendel y Agnes Martin, «que trabajan en los intersticios». También con Carl Andre, a quien Mohamedi conoció y cuya obra se exhibe en otra sede del museo, el Palacio de Velázquez del Retiro. Entre las referencias que toma la artista india se halla la arquitectura islámica (celosías), la luz y la música clásica del Indostán, pero también nombres propios como Paul Klee, Malévich, Kandinsky, Mondrian, Moholy-Nagy…

No debió resultar fácil a una mujer india en su época ser una artista abstracta y minimalista. Pero, como explican los responsables de esta exposición, siempre fue «una figura enigmática, un espíritu indomable que iba a contracorriente. Mezcló varias tradiciones, pero creó una estética propia». Para Borja-Villel, Mohamedi «es una artista de culto extraordinaria y su obra es exquisita, sutil, de una gran precisión; una obra íntima y bellísima. Será un gran descubrimiento».

Para el título de la exposición se ha escogido una frase tomada de los diarios de Nasreen Mohamedi: «La espera forma parte de una vida intensa». Parece toda una declaración de intenciones. Junto a su obra sobre papel (dibujos en tinta y grafito y acuarelas) y algunos ejemplos de sus lienzos y collages, entre los más de dos centenares de obras expuestas también figuran 56 de sus fotografías, que la artista nunca quiso mostrar en público para que no creyeran que eran simplemente una fuente para realizar sus obras. Aunque en los últimos años su trabajo está teniendo reconocimiento en la India, e incluso ha estado presente en la Documenta de Kassel, a buen seguro esta retrospectiva ayudará a que deje de ser una artista secreta.

Por Natividad Pulido en ABC.