30 septiembre, 2013

El reencuentro de dos genios del arte británico

611f820bc6394b6f16b0fb58a7177064El impacto es brutal e inmediato. Dos genios del arte británico del siglo XX, el escultor Henry Moore (1898-1986) y el pintor Francis Bacon (1909-1992), considerados polos opuestos en sus manifestaciones artísticas, desvelan una inusual sintonía en el museo Ashmolean de Arte y Arqueología, con sede en Oxford. Las figuras humanas de sus obras, moldeadas en bronce o trazadas sobre papel por el primero y furiosamente contorsionadas en el lienzo por el segundo, que se reúnen en la exposición ´Bacon/ Moore: Carne y Hueso’, gritan al unísono contra la violencia y los abusos repetidos a lo largo de la historia. “Ambos artistas representan los dos lados de una moneda”, afirma Richard Calvocoressi, co-comisario de la muestra y director de la Fundación Henry Moore.

La representación del cuerpo humano vincula a ambos creadores y les distancia de sus contemporáneos internacionales, encaminados entonces en un viaje hacia la abstracción absoluta. En Oxford, la respiración falla al entrar en la sala central de los tres espacios dedicados a Bacon y Moore en esta meticulosa exploración de la prestigiosa institución británica. Tres monumentales columnas de mármol, como tótems levantados con piezas corpóreas, proyectan su sombra contra un enorme tríptico de Bacon con tres solitarias figuras fragmentadas que escupen dolor por la boca.

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Entre ambas obras otros grupos escultóricos de Moore de mujeres y hombres con cuerpos mutilados y deformes entablan diálogo con las distorsionadas masas de carne que obsesionaron al artista anglo-irlandés. Uno de sus retratos del Papa Inocencio X vigila con dañada autoridad el bronce Guerrero Caído de su contemporáneo inglés. Una obra de Bacon prestada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Figura acostada en el espejo, de 1971, se contrasta con la escultura de Moore Figura reclinada: Festival, de 1951, estableciendo la conexión visualmente más clara de la exposición.

“Coinciden en las ideas y la temática de la figura humana. Responden a sus objetivos de forma diferente puesto que uno es escultor y el otro pintor. Pero sus respectivos lenguajes estilísticos comienzan a aproximarse en los años 50. Moore adopta una expresión más modelada y pictórica; el lenguaje de Bacon se hace más escultural, estructural, anatómico y tridimensional”, explica Calvocoressi.

Bacon/ Moore: Carne y Hueso hace hincapié en las sintonías de dos artistas que expusieron juntos en varias ocasiones en los años 60 y 70, cuando ambos estaban representados por la galería londinense Marlborough Fine Art. “Los críticos vieron entonces sus obras como complementarias, no opuestas”, advierte el director de la Fundación Moore. Además de compartir galerista, la guerra les marcó y remató su fe religiosa. Ambos admiraron el arte de Miguel Angel, Rodin, Rothko y, en particular, Picasso. Los gritos humanos que esculpieron o pintaron fueron inspirados por las figuras del Guernica sobre las que llama la atención la exposición del Ashmolean.

“Observan el cuerpo humano con resultados distintos. A Moore le preocupa la estructura, la solidez, la anatomía del hueso. reclining-figure-the-henry-moore-foundationTransmite un sentimiento de resistencia y supervivencia frente a la violencia del siglo XX. A Bacon, en cambio, le fascina la carne, la desintegración de la forma y plasma la brutalidad, el horror, las heridas y el daño infligido en el cuerpo humano”, destaca Calvocoressi.

La calidad y la fuerza de las piezas agrupadas en la sala central son abrumadoras. El recorrido adquiere una energía más calmada en los espacios enfocados en dibujos de Moore sobre los refugios londinenses en la segunda Guerra Mundial y en una serie de retratos de cabezas que Bacon pintó en mediano formato. “En el arte no hay distorsión, solo distintas formas de ver las cosas”, resalta el profesor Francis Warner cuya ponencia sobre Bacon y Moore, en Oxford en 1970, fue la chispa que ha accionado décadas después la exposición del Ashmolean. “Estos dos artistas las vieron a través de las lágrimas vertidas por la guerra”.

 

por Lourdes Gomez ,EL CONFIDENCIAL