2 mayo, 2013

El Puente de Maincy

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Autor: Paul Cézanne
Cronología: 1879 – 1880
Técnica: Óleo sobre lienzo
Localización: Musée d’Orsay, París

Considerado por muchos como el padre de la pintura moderna, Paul Cézanne basó su carrera en la investigación y el trabajo. Pese a que en el largo camino de su vida artística siempre le acompañó la eterna duda de que jamás encontraría plenamente su objetivo.

Incomprendido en sus principios nunca buscó la fama, pero lo que nunca llegó a saber es que con el paso del tiempo no sólo fue el artista que cerraba el ciclo vital del arte del siglo XIX. Sino que sus investigaciones serían las bases de muchas de las corrientes vanguardistas, y hoy en día se puede afirmar que sin sus hallazgos no podríamos comprender el rumbo de la pintura del siglo XX.

Dedicó su vida a su carrera, se aisló en la soledad de la naturaleza, muy pronto desapareció en él el deseo de éxito aunque pocas veces lo había ansiado. Siempre insatisfecho y consciente de que no estaba creando obras monumentales, sabía que su trabajo mostraría sus pequeñas verdades, lo que no llegó a pensar es lo que su arte aportaría posteriormente.

Ya que sencillamente lo que buscaba el maestro francés era ampliar los horizontes del Impresionismo. Del que pensaba que le estaba llegando su fecha de caducidad, y pensó que con su investigación lograría convertirlo en un arte completo.

Apasionado, trabajador incansable y de peculiar personalidad, Paul Cézanne nacía en Aix en Provence el diecinueve de Enero de 1839, su padre era un sombrerero de éxito que amplió su negocio y terminó por comprar un banco. Logrando de tal forma asegurar la economía familiar. Y pese al disgusto paterno por la elección de su hijo hacia el mundo de las artes, sería esa holgura económica la que no sólo le permitió dedicarse al oficio de pintor sino que le dejó concentrarse en la investigación pictórica despreocupándose del éxito comercial.

Cursó estudios en el internado de Bourbon, allí recibió una formación exquisita y allí también comenzó su gran amistad con Émile Zola. En estos años de juventud y en su Provenza natal será donde el artista descubre su atracción por el paisaje, una fascinación que no olvidará y que alimentará su clara vocación de artista.

Esta pasión que sentía por las artes le llevará a explicarle a su familia su decisión de dedicarse a la pintura. Pero se encuentra con la radical oposición de su padre y el joven finalmente se matricula en Derecho. Aunque sigue acudiendo a clases de dibujo, puesto que su paso por la facultad le resultaba insoportable y pensaba que tenía la imperiosa necesidad de sólo poder expresarse a través de la línea y el color.

Tal situación es la que motiva, el volver a intentar convencer al padre de sus verdaderos deseos, y finalmente en 1861 consigue la asignación familiar para irse a estudiar a París, con la clara idea de ingresar en la Escuela de Bellas Artes. Y unirse a la aventura parisina con su amigo Zola, que ya llevaba un tiempo en la capital francesa.
Será su buen amigo el que lo introduzca de lleno en el ambiente artístico, con él se empapa de los museos y visita el Salón Oficial. Y quizá lo que más le conviene, le enseña la Academia Suisse, dónde se trabajaba con modelos del natural y se enseñaba de forma libre, por poco dinero y sin exámenes.

Pero no todo serán facilidades, su carácter cerrado no le ayuda a hacer amigos y sus intentos por pasar las pruebas de ingreso en la Escuela de Bellas Artes son fallidos, lo que pasará factura al maestro, que convencido de su poca validez le llevan a decidir regresar a Aix. Tan solo aguantó un tiempo ya que poco después regresará a París con un nuevo espíritu.

Con Zola visita el Salón de los Rechazados, donde contempla y admira la obra de Manet y Courbet, en ese momento para él significan el cambio y la libertad. Al mismo tiempo comenzaba a visitar el Café Gervois, donde se reunían los impresionistas, pero lo hace con poca asiduidad, puesto que nunca se sintió cómodo entre ellos.

Cézanne continúa siendo un hombre solitario y sólo encuentra su sitio visitando el Louvre, aprendiendo de los clásicos, de la fuerza de Rubens, del cromatismo vibrante de Tiziano o la maestría de la Escuela Española del XVII. Siendo Delacroix el que realmente le conquista por la libertad y energía de su pincel.

Sin embargo seguía sin sentirse cómodo por lo que alternaba breves escapadas a su tierra con su intensa actividad en la ciudad. En este momento el intentaba trazar su camino pero la crítica era feroz con el artista y pese a ello el seguía luchando por la validez de sus propias convicciones estéticas. Cada vez más inseguro y voluntariamente aislado sigue trabajando sin descanso.

En 1870 al estallar la guerra franco – prusiana decide trasladarse a L’Staque, cerca de Marsella, pero no lo hará solo, le acompaña Hortense, una mujer que se ganaba la vida como modelo en París y a la que había conocido un año antes, doce meses después nacía su hijo Paul.

Pese a esta efímera etapa de felicidad en su vida personal, su arte seguía siendo su propio calvario porque a su personal camino artístico no le veía resultados. Pero Cézanne encontró su vía de escape y esta fue su verdadera amistad con uno de los Impresionistas, Camille Pisarro, al que había conocido en la academia Suisse, y el que siempre había apreciado la fuerza del estilo creativo del maestro provenzal. Será el propio Pisarro el que le anime a pasar tiempo con él en su casa de la campiña francesa.

Su relación será positiva y constructiva. Ya que con Pisarro aprende las verdaderas lecciones de pintar al aire libre, logra aclarar su paleta y contemplar la realidad, observándola serenamente al igual que su pincelada se sintetiza. Y es que por fin su pintura se enriquece en esa relación directa y personal con la naturaleza.
Había logrado algo esencial educar sus ojos a la observación próxima y sincera. Y lo que era aun más importante por fin se sentía cómodo.

El camino había sido largo pero había merecido la pena, decide trasladarse con su pequeña familia a un pueblecito cercano a la casa de Pisarro, y así continua reuniéndose con él para pintar. Con el tiempo su técnica se vuelve cada vez más sólida puesto que lo que intenta es estructurar la realidad.

Gracias a esta buena amistad conocerá a Tanguy un conocido comerciante de pinturas muy apreciado por los artistas, ya que si no tenías fondos te canjeaba las colores por cuadros. Con él llego a tener una buena amistad, comenzó a exponer sus cuadros en su tienda y así llegaron las primeras ventas, y con ellas algo de luz en su camino.
Mientras en París el clima artístico para los Impresionistas era cada vez más asfixiante antes las severas normas del Salón.

Debido a tal situación deciden organizar la primera exposición independiente en el estudio del fotógrafo Nadar.

Gracias al apoyo de su amigo Pisarro y Monet, Cézanne presentará tres obras, las críticas a su obra serán duras y crueles. Pero aun así consigue vender una de ellas.

A la siguiente muestra impresionista no acude, y sigue probando suerte en el Salón que sistemáticamente rechaza sus obras. Cansado de nuevo de París pasa el verano en L´Staque, donde su paleta se enriquece más que nunca por el impresionante paisaje que le rodea. Quizás con nuevas fuerzas en 1877 prueba suerte en la tercera exposición impresionista, pero esta vez las estrepitosas críticas le hacen tomar la decisión de no volver a exponer con ellos.

Y regresa definitivamente a Aix, a pintar en soledad, a partir de este momento en raras ocasiones abandonará Provenza, donde se dedica incansablemente a perfeccionar su método de la pura observación, análisis de la realidad y construcción del lienzo. Siendo el color uno de sus elementos primordiales, puesto que con él construye las formas, y atrapa y representa la luz.

En 1879 hace una escapada a Melun, ciudad al sudeste de París, donde creará una de sus obras más extraordinarias, “El puente de Maincy” en ella muestra como una obra puede ser construida con precisión y absoluto rigor compositivo, y aun así estar llena de vida.

El artista define el espacio ya en su primer término con la precisa verticalidad del tronco de un árbol para dar paso a la horizontalidad del puente perfectamente modelado.

A partir de aquí todo en el cuadro se mueve ordenada y pausadamente para mostrarnos los reflejos en el agua del río Almond o como la luz se cuela serena entre la arboleda.

Cézane como siempre había hecho, se toma su tiempo, construye poco a poco la escena a través de luminosos fragmentos de color con un meticuloso procedimiento.

Su secreto, su técnica. Su personal pincelada facetada, limpia, plana, capaz de separase lentamente en una sola gama de verdes a amarillos. Con esas serenas pinceladas que, parecen sostenerse unas a otras, construye las formas de manera precisa, buscando con ello enseñar la verdadera estructura de las cosas mientras que es el color el que capta la luz.

Austero y ordenado conquista el espacio, las formas y mantiene un equilibrio que hace que esta obra respire, que el aire limpio se cuele entre los matorrales al igual que la luz entre las ramas o la superficie del agua. Sin dudarlo muestra la poderosa belleza de la naturaleza llena de frescura, aunque cada una de las manchas de color estén pensadas, escogidas y perfectamente calculadas. Cézanne había encontrado su tándem perfecto, utilizar la sensación y la reflexión, o lo que es aún más sencillo, el corazón y el cerebro.

Con estos paisajes, el maestro comenzará a cosechar sus primeros éxitos, ganándose la admiración de algunos críticos. Pero sobre todo la de las nuevas generaciones.

Pero como en repetidas ocasiones sucedía en la historia del arte, el éxito, pese a que al artista nunca le interesó llegaba tarde.

Fue el marchante Ambroise Vollard el que claramente muestre interés por su obra, y decide proponerle una exposición en su galería, y el artista accede. Será la primera exposición sólo dedicada a él, se presentan cincuenta obras, es ahora cuando sus compañeros impresionistas realmente conocían su obra, y a ello se une el éxito comercial.
Pero Cézanne humilde, solitario, y aunque con la salud frágil sigue trabajando como el primer día en el aislamiento de Provence. Pero algo había cambiado, su obra no sólo era conocida y valorada, sino que se había ganado el respeto de una nueva generación de pintores. Ahora sus cuadros formaban parte de todas las sonadas exposiciones de París.
Mientras el prefería la soledad de Aix, los jóvenes pintores lo visitaban para verle trabajar y poder hablar con él y pedirle consejo.

Un día que estaba pintaba al aire libre no lejos de su casa, se vio atrapado por una tormenta, pero el siguió trabajando bajo la lluvia hasta que sus fuerzas se agotaron, camino a casa se desmayó. Al día siguiente pretendía seguir pintando pero su salud ya no se lo permitió, moría pocos días después de neumonía y era enterrado en el cementerio de su amada ciudad natal de Aix, donde tanto había disfrutado creando.

En 1907 al año siguiente de su muerte se celebraba en su honor una exposición retrospectiva en el Salón de Otoño que se convertiría en una gran revelación, su atrevida pintura por fin conocía el éxito que tantas veces se le había negado. Ese mismo año Picasso presentaba sus Señoritas de Avignon, desencadenando el comienzo del cubismo.
Cézanne sencillamente encontró la felicidad en su trabajo, apasionado y modesto no se dio cuenta que había transformado el lenguaje de la pintura para siempre.

Por Laura País Belin.